Ignacio Santillán Luna
24 Febrero 2026
Un conflicto abierto entre Estados Unidos y Israel contra Irán no sería un episodio regional más en la larga historia de tensiones en Medio Oriente. Sería, ante todo, un choque sistémico para la economía global. No solo por el petróleo, sino por la arquitectura financiera, las cadenas logísticas, la estabilidad del dólar y la seguridad del comercio marítimo.
A diferencia de conflictos localizados, una guerra de esta naturaleza implicaría la participación directa o indirecta de actores con capacidad de alterar el equilibrio energético mundial y de activar mecanismos de represalia económica: cierre del Estrecho de Ormuz, ataques a infraestructura crítica, sanciones ampliadas, bloqueos financieros y ciberataques a sistemas bancarios.
Mi tesis es clara: el impacto económico global sería profundo, inmediato y asimétrico. No todos perderían igual, pero el sistema en su conjunto saldría más frágil. Y, lo más preocupante, consolidaría una tendencia que ya observamos: la fragmentación geoeconómica del mundo.
1. El petróleo como detonante: el Estrecho de Ormuz y el efecto dominó energético
El primer impacto sería energético. El Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado globalmente, es el punto neurálgico. Irán ha insinuado en distintas ocasiones que podría bloquear o amenazar esa ruta si su seguridad se ve comprometida.
Medios como BBC News Mundo han subrayado reiteradamente que cualquier interrupción en Ormuz dispararía los precios del crudo de forma inmediata. Desde una perspectiva más estructural, The Economist ha advertido que el mercado energético actual es más resiliente que en los años 70, pero sigue siendo vulnerable a shocks geopolíticos severos.
RT y CGTN Español tienden a enfatizar el carácter “desestabilizador” de la política exterior estadounidense en la región, sugiriendo que la volatilidad sería consecuencia directa de la estrategia de contención hacia Irán. En contraste, análisis europeos como los de Deutsche Welle suelen centrar el foco en la imprevisibilidad iraní y en el riesgo que implican sus alianzas regionales.
Más allá del sesgo editorial, el dato económico es contundente: un incremento sostenido del petróleo por encima de los 120-150 dólares por barril tendría efectos inflacionarios globales. Economías importadoras netas —como Japón, India o la Unión Europea— enfrentarían un deterioro en su balanza comercial y presión sobre sus monedas. Los bancos centrales, que aún lidian con ciclos inflacionarios recientes, se verían obligados a mantener tasas altas por más tiempo, frenando la inversión y el consumo.
El conflicto, por tanto, no solo encarecería la energía; reactivaría el fantasma de la estanflación.
2. Finanzas globales: refugio en el dólar, volatilidad y reconfiguración monetaria
En un escenario de guerra, el primer reflejo de los mercados sería la huida hacia activos refugio: bonos del Tesoro estadounidense, oro y dólar. Paradójicamente, aunque Estados Unidos sería parte beligerante, su moneda se fortalecería en el corto plazo por su condición de activo seguro.
Sin embargo, este efecto tendría límites. Si el conflicto se prolonga y los costos fiscales aumentan —gasto militar, apoyo a aliados, reconstrucción— la sostenibilidad de la deuda pública estadounidense podría entrar en debate. The Economist ha advertido en diversos análisis sobre la creciente carga fiscal estructural en EE.UU., lo que haría más delicada una guerra prolongada.
Desde la óptica de medios como RT o CGTN, el conflicto podría acelerar la desdolarización, reforzando acuerdos energéticos en monedas alternativas entre países como China, Rusia o incluso bloques ampliados tipo BRICS. Aunque esta narrativa suele sobreestimar la velocidad de cambio del sistema monetario internacional, no debe descartarse un fortalecimiento de mecanismos de compensación financiera fuera del circuito SWIFT.
En mercados emergentes, la combinación de dólar fuerte, petróleo caro y fuga de capitales sería explosiva. América Latina, África y partes del sudeste asiático enfrentarían depreciaciones cambiarias, presiones inflacionarias y riesgo de crisis de deuda.
El impacto no sería homogéneo: exportadores de energía como Arabia Saudita o incluso Rusia podrían beneficiarse de precios elevados, mientras importadores netos sufrirían un deterioro macroeconómico significativo.
3. Comercio internacional y cadenas de suministro: el riesgo de una nueva fractura
El comercio marítimo en el Golfo Pérsico no solo transporta petróleo. También circulan productos petroquímicos, fertilizantes y bienes intermedios clave. Un conflicto ampliado elevaría las primas de seguro marítimo, desviaría rutas comerciales y aumentaría tiempos de tránsito.
La experiencia reciente de disrupciones —pandemia, guerra en Ucrania, crisis del Mar Rojo— demuestra que las cadenas globales aún no han recuperado plena estabilidad. Una guerra entre Israel y Irán con participación directa de Estados Unidos podría generar un nuevo ciclo de “re-shoring” o “friend-shoring”.
Desde la perspectiva europea, medios como DW han enfatizado que la autonomía estratégica energética sigue siendo incompleta. La Unión Europea diversificó fuentes tras la crisis con Rusia, pero sigue expuesta a tensiones externas.
En cambio, análisis provenientes de CGTN suelen destacar que Asia podría reconfigurar rápidamente sus flujos comerciales hacia acuerdos intrarregionales, minimizando el impacto occidental. Esta lectura, aunque optimista para Asia, subestima la interdependencia real del sistema global.
La consecuencia estructural sería una mayor fragmentación del comercio internacional: bloques más cerrados, cadenas más cortas y menos eficiencia global. El costo: menor crecimiento potencial a largo plazo.
4. Industria militar, tecnología y ciberseguridad: ganadores y perdedores
No todo sería pérdida. Las industrias de defensa en Estados Unidos e Israel experimentarían un repunte inmediato en contratos y cotizaciones bursátiles. El complejo militar-industrial estadounidense tiene capacidad de absorber y capitalizar conflictos prolongados.
Sin embargo, este “beneficio” sectorial no compensa el daño sistémico. Además, un frente clave sería el cibernético. Irán ha desarrollado capacidades significativas en guerra digital. Ataques a infraestructura financiera, energética o logística podrían amplificar el impacto económico más allá del teatro militar.
The Economist y BBC suelen advertir que la guerra moderna es híbrida. RT y otros medios tienden a resaltar la vulnerabilidad occidental a ataques asimétricos, mientras minimizan el impacto en aliados de Irán.
Desde el punto de vista de negocios, la incertidumbre sería el principal enemigo. Las empresas posponen inversión cuando el horizonte geopolítico es incierto. Una guerra prolongada afectaría decisiones de capital, fusiones y expansión internacional.
5. Geopolítica ampliada: China, Rusia y el rediseño del orden global
Un conflicto de esta magnitud no quedaría aislado. China y Rusia observarían estratégicamente. Beijing depende energéticamente del Golfo; cualquier interrupción afectaría su crecimiento. Moscú, en cambio, podría beneficiarse de precios altos del crudo, aunque enfrentaría mayor presión diplomática.
CGTN suele proyectar a China como mediador responsable, mientras medios occidentales cuestionan su neutralidad estratégica. RT, por su parte, tiende a enmarcar el conflicto como evidencia del declive del liderazgo estadounidense.
La realidad probablemente estaría en un punto intermedio: el conflicto aceleraría la transición hacia un orden multipolar más competitivo, pero también más inestable. La globalización no desaparecería, pero sería menos integrada y más politizada.
Contraargumentos: ¿mercados resilientes y guerra limitada?
Algunos analistas sostienen que los mercados ya descuentan parcialmente el riesgo geopolítico y que cualquier conflicto sería limitado y de corta duración. Además, Estados Unidos ha incrementado su producción energética en la última década, reduciendo su vulnerabilidad directa.
Es cierto: el sistema energético es más diversificado que en 1973. Pero la interdependencia financiera y logística actual es mucho mayor. Un shock simultáneo en energía, transporte y confianza tendría efectos multiplicadores que no pueden subestimarse.
La historia reciente demuestra que los mercados suelen reaccionar con excesivo optimismo inicial y luego corrigen abruptamente cuando la realidad supera las expectativas.
Conclusión: el verdadero costo es la fragmentación
Una guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán no solo encarecería el petróleo o generaría volatilidad bursátil. Profundizaría la fragmentación del comercio internacional, tensionaría el sistema financiero global y aceleraría la competencia geoeconómica entre potencias.
El mayor riesgo no es un colapso inmediato, sino una erosión progresiva de la cooperación internacional. En un mundo ya polarizado, el conflicto consolidaría bloques, elevaría barreras invisibles y reduciría la eficiencia global.
Desde una perspectiva de Comercio Internacional, la lección es clara: la estabilidad geopolítica es un insumo económico esencial. Sin ella, los mercados no desaparecen, pero se encarecen. Y el costo, como casi siempre, lo pagan con mayor dureza las economías más vulnerables.
La pregunta no es si el mundo sobreviviría a un conflicto así. Probablemente sí. La pregunta es en qué condiciones quedaría el sistema global después. Y esa respuesta, hoy por hoy, debería preocuparnos más que cualquier titular alarmista.
Ignacio Santillán Luna
17 Febrero 2026
Durante décadas, China fue descrita —con cierto desdén— como el taller del mundo: una economía basada en mano de obra barata, ensamblaje industrial y transferencia tecnológica externa. Esa narrativa ya no explica la realidad. Hoy, el desarrollo tecnológico chino se ha convertido en uno de los factores más disruptivos del sistema económico internacional, con implicaciones profundas para el comercio, las finanzas, la geopolítica y la seguridad global.
Mi tesis es clara: China ya no compite solo en volumen o costos, sino en capacidades tecnológicas estratégicas, y lo hace con una combinación singular de planificación estatal, mercado interno masivo, inversión sostenida en I+D y una visión geopolítica de largo plazo. Negar este hecho —o reducirlo a propaganda— es uno de los errores analíticos más costosos que hoy cometen gobiernos y empresas fuera de Asia.
1. Inversión en I+D: la base material del salto tecnológico
El primer dato clave es cuantitativo y estructural. Según estimaciones ampliamente citadas por The Economist y organismos internacionales, China destina más del 2.5 % de su PIB a investigación y desarrollo, lo que en términos absolutos la coloca como el segundo país que más invierte en I+D a nivel mundial, solo detrás de Estados Unidos.
Medios como BBC News Mundo y DW subrayan que esta inversión no es coyuntural, sino parte de una estrategia de Estado que se mantiene estable desde hace más de una década. A diferencia de economías donde el gasto en innovación depende del ciclo político, en China existe una continuidad institucional que reduce la incertidumbre para universidades, empresas y centros tecnológicos.
Desde una perspectiva crítica, El Confidencial apunta que esta fuerte inversión está altamente dirigida: no busca innovar “en todo”, sino concentrarse en tecnologías consideradas estratégicas, como semiconductores, inteligencia artificial, energías limpias, telecomunicaciones 5G/6G, biotecnología y vehículos eléctricos. Esta selectividad, lejos de ser una debilidad, ha resultado una ventaja competitiva.
2. China como potencia científica: patentes, publicaciones y talento
Un segundo indicador contundente es la producción de conocimiento. China se ha convertido en:
El país con más solicitudes de patentes del mundo, superando ampliamente a Estados Unidos, Japón y la Unión Europea.
Uno de los principales productores de artículos científicos indexados, especialmente en ingeniería, ciencias de materiales, inteligencia artificial y física aplicada.
Mientras CGTN Español enfatiza estos datos como prueba del “liderazgo innovador chino”, medios europeos como DW introducen un matiz relevante: no todas las patentes tienen el mismo valor económico. Sin embargo, incluso análisis críticos reconocen que la calidad promedio de las patentes chinas ha mejorado de forma sostenida, particularmente en sectores industriales avanzados.
Desde mi análisis, el punto clave no es solo la cantidad de patentes, sino su integración rápida al aparato productivo. China ha logrado acortar la brecha entre laboratorio y mercado, algo que muchas economías occidentales —paradójicamente más avanzadas en ciencia básica— no siempre consiguen.
3. Empresas tecnológicas chinas: de imitadores a líderes globales
El ascenso tecnológico chino no puede entenderse sin sus grandes corporaciones. Empresas como Huawei, Tencent, Alibaba, BYD o SMIC ilustran la transformación del ecosistema empresarial.
RT suele destacar cómo estas compañías han resistido sanciones, vetos tecnológicos y restricciones comerciales impuestas por Occidente, presentándolas como símbolos de resiliencia soberana.
The Economist, en contraste, advierte que muchas de estas firmas operan bajo una estrecha relación con el Estado, lo que genera tensiones regulatorias y suspicacias geopolíticas.
Mi lectura es más estructural: el modelo chino ha creado “campeones nacionales” capaces de competir globalmente, incluso en entornos hostiles. El caso de Huawei es ilustrativo: pese a perder acceso a ciertos chips avanzados, la empresa ha logrado avances propios en diseño y sistemas, mostrando que las sanciones no siempre detienen la innovación, sino que pueden acelerar procesos de sustitución tecnológica.
4. Tecnología, comercio y poder geopolítico
El desarrollo tecnológico chino no es neutro: está profundamente vinculado al comercio internacional y a la geopolítica. Iniciativas como la Franja y la Ruta Digital buscan exportar infraestructura tecnológica, estándares técnicos y plataformas digitales a Asia, África y América Latina.
Aquí las narrativas mediáticas divergen con claridad:
CGTN Español presenta esta expansión como cooperación Sur–Sur y transferencia tecnológica inclusiva.
BBC News Mundo y The Economist advierten sobre riesgos de dependencia tecnológica, endeudamiento y alineamientos políticos implícitos.
Desde una óptica de comercio internacional, el punto central es que China no solo exporta bienes, sino ecosistemas tecnológicos completos: redes 5G, sistemas de pago digital, plataformas logísticas y soluciones energéticas. Esto le permite capturar valor a lo largo de la cadena y consolidar influencia estructural en mercados emergentes.
5. El papel del Estado: ¿ventaja o límite?
Un argumento recurrente contra el modelo chino es que su fuerte intervención estatal podría frenar la innovación a largo plazo. Este punto aparece con frecuencia en análisis de The Economist y en canales de YouTube de corte liberal-occidental, donde se sostiene que la creatividad florece mejor en entornos completamente abiertos.
Sin embargo, los datos actuales obligan a matizar esa crítica. El Estado chino actúa menos como un gestor directo y más como arquitecto del sistema, fijando prioridades, financiando sectores estratégicos y permitiendo competencia intensa dentro de marcos definidos. El resultado ha sido una innovación dirigida, no caótica, pero tampoco estancada.
Mi evaluación es que este modelo tiene límites —especialmente en creatividad disruptiva y gobernanza de datos—, pero en el corto y mediano plazo ha demostrado ser extraordinariamente eficaz para cerrar brechas tecnológicas.
Contrargumentos y refutación
Una objeción frecuente es que China sigue dependiendo de tecnología extranjera crítica, especialmente en semiconductores avanzados. Esto es parcialmente cierto. No obstante, también lo es que:
La dependencia es menor que hace cinco años.
La presión externa ha incentivado una aceleración inédita del desarrollo interno.
La autosuficiencia total no es necesaria para ejercer poder tecnológico relevante.
En economía política internacional, la interdependencia —no la autosuficiencia absoluta— es la norma. China parece haber entendido esto mejor que muchos de sus críticos.
Conclusión: China y el nuevo mapa del poder tecnológico
El desarrollo tecnológico de China, respaldado por datos duros y tendencias verificables, no es una anomalía pasajera ni un simple producto de propaganda estatal. Es el resultado de una estrategia coherente de largo plazo, con profundas implicaciones para el comercio global, la competencia empresarial y el equilibrio geopolítico.
Para Europa, América Latina y economías intermedias, la lección es clara: ignorar o subestimar la capacidad tecnológica china es un error estratégico. La pregunta relevante ya no es si China innovará, sino cómo el resto del mundo se adaptará a un sistema internacional donde el liderazgo tecnológico es multipolar.
En este nuevo escenario, comprender a China sin prejuicios —ni idealización ni demonización— es una condición indispensable para diseñar políticas comerciales, industriales y educativas que no queden ancladas en el pasado.
Ignacio Santillán Luna
16 Febrero 2026
En un momento de profundas transformaciones globales —marcado por tensiones geopolíticas, fragmentación comercial y reconfiguraciones de alianzas— la relación entre Estados Unidos y Europa ha entrado en una fase de fricción estructural que va más allá de transacciones puntuales: estamos ante un cambio de paradigma que redefine el comercio transatlántico y fuerza a la Unión Europea a replantear su papel en el tablero global. Lejos de titulares simplistas sobre “dominación” o “rendición”, los datos muestran una dinámica compleja en la que Washington ha logrado inclinar las reglas del juego a su favor, y Bruselas enfrenta una encrucijada de soberanía económica y estratégica.
Una Nueva Arquitectura Comercial: ¿Proteccionismo o Estrategia?
Desde 2025, bajo la administración estadounidense, se han intensificado medidas que reflejan una política comercial más proteccionista y orientada a recalibrar desequilibrios percibidos por Washington. El acuerdo marco conocido como Agreement on Reciprocal, Fair and Balanced Trade establece aranceles del 15 % para la mayoría de exportaciones europeas hacia Estados Unidos, mientras elimina tarifas sobre ciertos bienes norteamericanos. Esta estructura no solo altera el flujo comercial, sino que favorece competitivamente a exportadores estadounidenses en territorio europeo, poniendo presión sobre sectores clave europeos como farmacéuticos, químicos y agroindustriales.
En discusiones recientes —tanto en foros oficiales como en el Parlamento Europeo— ha surgido resistencia política clara: la Eurocámara ha considerado incluso suspender la aprobación del acuerdo, evidenciando que no existe consenso pleno en Bruselas ni en los estados miembro sobre los términos pactados
Así, más que un simple “victoria” comercial, lo que se observa es la consolidación de un marco en el que EU–U.S. relaciones se redefinen bajo condiciones claramente favorables a Washington, ya sea en comercio, inversión o estándares regulatorios.
Datos Comerciales: Ventajas Estratégicas y Costos Reales
Los vínculos económicos entre la UE y Estados Unidos son inmensos: en 2023 el comercio bilateral alcanzó aproximadamente 1,6 billones de euros en bienes y servicios, con la UE teniendo un superávit significativo en bienes (cerca de €157 mil millones).
Sin embargo, los aranceles introducidos han empezado a modificar esta ecuación:
Las tarifas estadounidenses del 15 % sobre la mayoría de bienes europeos —y del 50 % en metales como acero y aluminio— han impactado negativamente en exportaciones europeas hacia EEUU, reduciendo el volumen de ventas en sectores estratégicos.
Paralelamente, el endurecimiento de aranceles a China y otros países provoca fenómenos de desvío comercial (el llamado trade diversion), donde bienes asiáticos que antes se vendían a EEUU se dirigen a Europa, intensificando la competencia interna y presionando a industrias locales europeas.
Datos recientes confirman que el superávit comercial de la UE se ha reducido, con exportaciones europeas cayendo un 12,6 % hacia Estados Unidos, mientras el déficit con China se amplía.
Este cóctel de medidas explica por qué muchos economistas europeos advierten que los efectos no son solo coyunturales, sino estructurales: certidumbre baja, inversiones postergadas y costos de producción al alza. El impacto en sectores automotriz, químico y maquinaria podría ser significativo si la tendencia se prolonga.
Interpretaciones y Narrativas: Diferentes Espejos, Diferentes Realidades
Medios Tradicionales
BBC News Mundo y publicaciones como The Economist destacan cómo estas políticas responden a una combinación de objetivos políticos y económicos internos en EE. UU., no necesariamente diseñados para perjudicar a Europa, pero con efectos que lo hacen.
DW ha cubierto repetidamente la protesta europea ante medidas que consideran desproporcionadas o basadas en interpretaciones arbitrarias (como la consideración del IVA europeo como distorsión comercial).
Fuentes más críticas, como RT o CGTN, enfatizan la “ruptura del orden liberal” y cómo el enfoque de Washington presiona a Europa a alinearse o sacrificarse en términos económicos para preservar alianzas.
Aunque cada medio tiene sesgos distintos, coinciden en que la situación no es una mera disputa técnica sobre aranceles: es un síntoma de tensiones geoeconómicas más profundas.
Análisis de Plataformas y Opiniones Públicas
Discursos en foros económicos y redes reflejan la percepción de que estas medidas podrían:
Catalizar un repliegue europeo hacia acuerdos alternativos con Asia y Latinoamérica.
Fomentar una “competencia desleal” si Estados Unidos sigue impulsando políticas proteccionistas sin reciprocidad real.
Impulsar debates internos en la UE sobre la necesidad de fortalecer el mercado interno y diversificar nexos comerciales.
Estas narrativas, aunque menos formalizadas que las de los medios oficiales, ayudan a comprender cómo empresarios, inversores y ciudadanos perciben la dinámica transatlántica actual.
Geopolítica y Fragmentación Comercial: Más Allá de Europa
Lo que hoy definimos como “jaque mate” no se limita a la relación bilateral: encaja dentro de una tendencia global de fragmentación de cadenas de suministro y alianzas regionales. Países alineados con Estados Unidos tienden a intercambiar más entre sí, mientras que los bloques opuestos reducen sus vínculos comerciales tradicionales.
Esto tiene implicaciones amplias:
Reducción de eficiencia global: La fragmentación de comercio aumenta costos y reduce beneficios de especialización.
Alineamientos geoeconómicos, donde elecciones de política comercial se combinan con consideraciones de seguridad, energía y tecnología.
Mayor volatilidad financiera global, que bancos centrales (incluida el Banco Central Europeo) han señalado como un riesgo para estabilidad económica
Europa, en este contexto, ya no puede sostener un enfoque pasivo: necesita estrategias que integren dimensiones económicas, políticas y de seguridad simultáneamente.
Contrargumentos y Matices
Un punto recurrente en algunos análisis es que:
El impacto económico directo podría ser moderado en cifras agregadas, dado que el comercio con Estados Unidos representa una fracción del PIB europeo, y muchos sectores europeos han comenzado a buscar mercados alternativos o reforzar su competitividad interna.
Además, la resiliencia del mercado europeo, su inversión en tecnologías emergentes y acuerdos con terceros mercados podrían amortiguar efectos negativos en el largo plazo.
Estas posiciones merecen consideración, pues subrayan que una economía diversificada y flexible puede absorber shocks comerciales si hay políticas públicas adecuadas para fomentar innovación, inversión y competitividad interna.
Conclusión: Entre la Dependencia y la Autonomía Estratégica
Decir que Estados Unidos ha dado un “jaque mate” a Europa no es exagerado si entendemos que las reglas del comercio transatlántico están cambiando de manera estructural, con Washington imponiendo condiciones que obligan a Bruselas a adaptarse o perder relevancia.
La clave para Europa no está en resistirse pasivamente, sino en transformar esta presión externa en una oportunidad para redefinir su estrategia global, fortaleciendo el mercado interno, diversificando nexos comerciales, y construyendo una política económica que no dependa únicamente del vínculo transatlántico.
En estas nuevas coordenadas, la pregunta que Europa debe responder no es si saldrá “victoriosa” o “derrotada”, sino cómo transformará los desafíos en capacidades estratégicas que la posicionen como un actor soberano y competitivo en la economía mundial del siglo XXI.
Ignacio Santillán Luna
15 Febrero 2026
Durante más de seis décadas, la relación entre Estados Unidos y Cuba ha estado marcada por tensiones políticas que se han traducido, de manera persistente, en un conjunto de sanciones económicas, comerciales y financieras conocidas globalmente como el “bloqueo” o embargo estadounidense. Desde una perspectiva de comercio internacional y economía global, este régimen de restricciones constituye uno de los casos más duraderos de sanciones unilaterales en la historia moderna. Aunque sus efectos están matizados por múltiples factores internos y externos, los datos duros disponibles —oficiales y de fuentes periodísticas— permiten establecer conclusiones claras sobre cómo estas políticas han influido en la estructura económica de Cuba, sus indicadores macroeconómicos, su comercio exterior y condiciones sociales. Este análisis tiene como objetivo explorar esas dimensiones, contrastar diferentes visiones informativas y ofrecer una reflexión crítica sobre las implicaciones económicas y geopolíticas del bloqueo, sin caer en sensacionalismos.
El peso del bloqueo en cifras: cuantificación reciente de impactos
Una fuente clave para entender el impacto económico inmediato es el informe anual presentado por el gobierno cubano ante las Naciones Unidas, que estima que, entre marzo de 2024 y febrero de 2025, las sanciones económicas, comerciales y financieras de Estados Unidos causaron pérdidas a la economía cubana por 7 556 millones de dólares, un incremento del 49 % respecto al periodo anterior; esta cifra comprende ingresos por exportaciones y servicios dejados de percibir, reubicación del comercio, y otros daños estructurales asociados al cerco económico.
Estos montos son consistentes con cifras históricas que sitúan los daños acumulados —calculados por La Habana— en más de 170 000 millones de dólares a precios corrientes, lo que incluso supera los 2 billones de dólares si se valora en términos de oro para eliminar la distorsión cambiaria.
Sin embargo, expertos internacionales también han alertado que las estimaciones locales deben leerse con cautela, ya que las metodologías incluyen efectos indirectos y supuestos sobre crecimiento potencial que no siempre son verificables con datos independientes. Aun así, organizaciones como la ONU y académicos especializados en sanciones coinciden en que las restricciones han impedido un crecimiento más dinámico del PIB, han limitado el acceso a divisas y han aumentado los costos de transacción para la economía cubana.
Efectos sectoriales: energía, turismo y comercio exterior
La configuración del bloqueo ha tenido impactos diferenciales según sectores económicos. En el plano energético, recientes restricciones sobre el suministro de petróleo hacia Cuba —en particular tras medidas estadounidenses que han presionado para cortar exportaciones desde Venezuela— han provocado una severa crisis de combustible que se traduce en apagones generalizados, cancelación de vuelos y cuellos de botella en transporte y producción.
El turismo, que históricamente representaba una fuente vital de divisas para la isla, también ha sufrido un retroceso notable: después de la pandemia de COVID-19 y en medio de las restricciones energéticas, las llegadas de visitantes internacionales se redujeron drásticamente, con estimaciones de caída de turistas de casi 70 % desde 2018 en algunos reportes.
En el ámbito del comercio exterior, si bien Cuba puede comerciar con múltiples socios —como Canadá, China, España o México—, la modalidad extraterritorial de las sanciones, que penaliza a empresas y bancos que hacen transacciones con La Habana, ha encarecido el comercio, restringido líneas de crédito y aumentado los costos logísticos.
Perspectivas contrastadas en medios y análisis globales
Las perspectivas sobre el impacto del embargo varían según la fuente: medios como Time o Reuters destacan los efectos tangibles recientes del bloqueo petrolero y las sanciones reforzadas, subrayando su correlación con crisis energéticas y humanitarias.
En contraste, análisis críticos —tanto desde posiciones pro-bloqueo como desde críticas al propio gobierno cubano— señalan que atribuir exclusivamente al embargo los problemas económicos de Cuba es simplista. Se argumenta que decisiones internas, rigideces institucionales, falta de reformas estructurales y un modelo de economía altamente centralizada también han jugado un papel significativo en la caída de productividad, baja inversión extranjera y deterioro de sectores productivos. Estas posiciones sugieren que incluso sin el embargo, sería necesario un conjunto profundo de reformas internas para desencadenar un crecimiento sostenido.
Es importante mencionar este contraste: si bien el bloqueo ha impuesto costos reales y cuantificables —especialmente para una economía pequeña y dependiente de importaciones de insumos y energía—, atribuir todos los problemas de Cuba al embargo descuida los factores internos de política económica y de gobernanza que también condicionan los resultados macroeconómicos.
Contrargumentos y matices: comprensión integral del fenómeno
Una objeción recurrente a la idea de que el embargo es el principal responsable de la crisis cubana es que Cuba sigue comerciando con otros países y ha recibido inversiones exteriores significativas, aunque limitadas, incluso en zonas habilitadas para ello como la Zona Especial de Desarrollo del Mariel.
Desde una óptica técnica de economía global, las sanciones de Estados Unidos —si bien han elevado costos y restringido opciones— no operan en un vacío: su impacto depende del grado de apertura de Cuba al comercio global, su diversificación de mercados y su capacidad para atraer inversión extranjera directa. El bloqueo crea fricciones adicionales, pero no explica por sí solo la baja productividad, la caída de sectores como la agricultura o la escasa innovación tecnológica reproducida en los índices de investigación científica y producción industrial.
No obstante, es igualmente válido considerar que las sanciones extraterritoriales —que penalizan a terceros países o empresas por negociar con Cuba— han tenido un efecto disuasivo más allá de lo que implicaría un simple arancel. Este efecto de “enfriamiento” del comercio tiende a ser difícil de separar empíricamente de otros factores, pero su existencia está documentada en análisis internacionales sobre el costo de sanciones unilaterales en economías pequeñas.
Conclusión: retos comunes y perspectivas de futuro
El bloqueo estadounidense contra Cuba sigue siendo un tema central en el debate sobre política económica y relaciones internacionales en el Hemisferio Occidental. Los datos disponibles —aun reconociendo límites metodológicos en su medición— indican que las sanciones han impuesto costos significativos a la economía cubana, afectando exportaciones, sectores clave como energía y turismo, y las posibilidades de acceso a financiamiento global.
Sin embargo, el análisis contemporáneo debe contemplar dos dimensiones: por un lado, el impacto directo e indirecto del embargo como un instrumento de coerción económica; por otro, los factores internos de política económica que modulan cómo Cuba puede responder a estos desafíos. La reflexión crítica sugiere que una política sostenible de desarrollo para Cuba requerirá no sólo negociaciones multilaterales para aliviar las sanciones, sino también una agenda de reformas que promueva mayor apertura al comercio, eficiencia productiva y marco institucional que incentive inversión y diversificación económica.
En un mundo cada vez más interconectado, gravar unilateralmente el acceso al comercio y los sistemas financieros no solo condiciona fuertemente a un socio menor; también plantea preguntas sobre la eficacia y legitimidad de tales herramientas en un orden basado en reglas multilaterales. Para Cuba, y para quienes observan desde fuera, el desafío será articular estrategias que reduzcan la vulnerabilidad externa sin diluir la capacidad soberana de definir un modelo de desarrollo viable.
Ignacio Santillán Luna
11 Febrero 2026
La Copa Mundial de Fútbol 2026 —la primera edición con 48 selecciones y organizada conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá— ha trascendido su dimensión deportiva para convertirse en un hito de relevancia global en términos económicos, geopolíticos y sociales. En un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, políticas migratorias restrictivas y discusiones sobre la sostenibilidad de los grandes eventos, el Mundial no solo representa una fiesta del deporte masivo, sino también un ensayo de las interacciones complejas entre mercados globales, diplomacia y equilibrio de poder. Este análisis, desde una perspectiva experta en Comercio Internacional y Geopolítica, explora implicaciones estructurales del evento, ponderando beneficios, riesgos y posibles escenarios futuros —sin sensacionalismo, pero con una postura crítica bien fundamentada.
1. El Mundial como motor económico y su impacto desigual
El argumento más repetido por organizadores y gobiernos es el potencial económico del Mundial. Según estimaciones de FIFA y la Organización Mundial del Comercio, el torneo podría generar alrededor de 80.100 millones de dólares en output económico global, casi 41.000 millones en GDP y más de 800.000 empleos asociados directa o indirectamente al evento (InsideFifa, 22/01/26).
Sin embargo, el beneficio tangible se distribuye de forma asimétrica. En México, diversas proyecciones estiman un crecimiento del PIB nacional de 0.1 % a 0.2 % durante el torneo, con una derrama significativa en consumo, servicios y turismo, aunque temporal y concentrada en sectores específicos (swissinfo, 4/01/26). En contraste, instituciones financieras señalan que el impacto agregado en el crecimiento económico general será menor, circunscrito a un entorno ya debilitado por factores estructurales como la baja productividad y la inflación persistente.
Análisis crítico: Esta disparidad evidencia un fenómeno clásico de megaeventos: los beneficios macroeconómicos declarados en titulares suelen enmascarar efectos microeconómicos locales (turismo, comercio, servicios) que, aunque relevantes en el corto plazo, no necesariamente transforman la estructura productiva de las economías anfitrionas. La diferenciación entre crecimiento temporal y legado de largo plazo es clave para evaluar si tales eventos contribuyen a objetivos de desarrollo sostenido.
2. Geopolítica y diplomacia deportiva: un campo de poder blando
La elección de América del Norte como sede refleja dinámicas geopolíticas actuales. El Mundial funciona como herramienta de soft power: la visibilidad global —con miles de millones de espectadores— permite a las naciones anfitrionas proyectar una imagen de apertura, capacidad organizativa y modernidad.
No obstante, esta narrativa coexiste con tensiones políticas internas y externas. La política migratoria de Estados Unidos, por ejemplo, ha generado críticas internacionales y advertencias de grupos de derechos civiles sobre la seguridad para visitantes extranjeros. Además, el papel de agencias como ICE en operaciones de inmigración durante el torneo ha sido objeto de controversia, con implicaciones para la percepción internacional de EE. UU. como destino global.
Comparación de perspectivas: Mientras voceros oficiales promueven el torneo como símbolo de hospitalidad global, analistas críticos señalan que la convivencia de políticas restrictivas con la apertura simulada del Mundial podría vulnerar la legitimidad del evento como foro inclusivo de interacción internacional.
3. Comercio internacional, mercados y flujos financieros
Desde la perspectiva del comercio global, el Mundial cataliza flujos significativos de capital —tanto en bienes como servicios— pero también plantea desafíos.
Por un lado, sectores como hotelería, transporte y retail experimentan incrementos notables en demanda de corto plazo, generando empleo y consumo. Por otro lado, el evento también intensifica dinámicas especulativas —como mercados secundarios de boletos con precios disparados— que reflejan riesgos de exclusión económica y desigualdad en el acceso a oportunidades de consumo.
Además, la coexistencia de tres monedas (USD, CAD y MXN) y las tasas de cambio complican transacciones transfronterizas, impactando tanto a vendedores como a visitantes. En términos comerciales más amplios, aunque el Mundial puede reforzar consumo y servicios, su impacto en comercio de bienes industriales o exportaciones es indirecto y limitado, por lo que no sustituye la necesidad de políticas comerciales estructurales basadas en productividad e integración productiva.
4. Riesgos políticos y la narrativa de unidad frente al conflicto
El Mundial actúa como un espejo de las tensiones políticas globales. El análisis del evento por medios como The Guardian pone de manifiesto que Estados Unidos, como principal anfitrión, podría usar el torneo para reforzar narrativas de cohesión interna pese a un contexto global fragmentado.
Este fenómeno encierra una paradoja: un evento global diseñado para reunir culturas sirve también para enfatizar diferencias políticas cuando, por ejemplo, restricciones migratorias o debates sobre seguridad eclipsan la universalidad del deporte. La respuesta de FIFA, muchas veces percibida como neutral o complaciente, plantea dudas sobre la capacidad de organizaciones supranacionales para manejar tensiones políticas reales sin sacrificar valores éticos.
5. Sostenibilidad y responsabilidad global
Aunque la expansión del Mundial a 48 equipos y 104 partidos en tres países amplifica su alcance, también genera preocupaciones sobre su huella ambiental y la eficacia de las promesas de sostenibilidad. Críticos han señalado la falta de transparencia y eficacia en las estrategias de mitigación de emisiones de carbono, lo que pone en tensión las aspiraciones de responsabilidad global del deporte.
Análisis crítico: En un mundo donde los compromisos climáticos y sociales están en la agenda geopolítica, la incapacidad de integrar criterios robustos de sostenibilidad puede socavar la credibilidad de la FIFA y de los gobiernos anfitriones como actores comprometidos con el desarrollo sostenible.
Contrargumentos y refutación
Algunos defensores del evento argumentan que los megaeventos deportivos generan cohesión social, fortalecen la identidad nacional y catalizan inversiones en infraestructura. Si bien hay verdad en estos puntos, es importante matizar: la cohesión social no garantiza beneficios económicos estructurales sostenibles, y la infraestructura desarrollada para eventos de alto perfil puede convertirse en activos subutilizados sin una estrategia de aprovechamiento posterior. La experiencia comparada con otros eventos —como los Juegos Olímpicos, que han evidenciado riesgos de sobrecostos e infraestructura ociosa— debería ofrecer lecciones valiosas.
Conclusión
El Mundial de Fútbol 2026 representa un fenómeno multifacético con profundas implicaciones económicas y geopolíticas. Como herramienta de soft power, escenario de interacción comercial global y motor de consumo temporal, el evento tiene el potencial de influir en mercados y relaciones internacionales. Sin embargo, los beneficios deben sopesarse con los riesgos: impactos económicos desiguales, tensiones políticas internas y externas, desafíos de sostenibilidad y la posibilidad de que la narrativa de unidad se utilice para encubrir desigualdades estructurales.
La reflexión final que proponemos es doble: por un lado, reconocer que eventos como el Mundial pueden ser catalizadores de oportunidades si se integran dentro de estrategias de desarrollo económico y diplomático más amplias y coherentes; por otro, insistir en que la comunidad global, los gobiernos y las organizaciones deportivas transnacionales asuman una responsabilidad clara ante las tensiones sociopolíticas y ambientales que emergen cuando el deporte y la geopolítica se entrelazan.
En tiempos de internacionalización fragmentada, el Mundial 2026 es, en última instancia, un barómetro de nuestras prioridades globales —desde la apertura de mercados hasta la inclusión social y la sostenibilidad planetaria— y su legado dependerá de la manera en que estos desafíos sean abordados más allá del último silbatazo.
Ignacio Santillán Luna
28 Enero 2026
En la última edición del Global Risks Report 2026, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) ofrece un diagnóstico que no puede soslayarse: estamos inmersos en una era de intensas presiones geoeconómicas, sociales y tecnológicas que redefinen las fronteras del riesgo global, redefiniendo prioridades tanto de los gobiernos como del sector privado.
Como analista con especialidad en comercio internacional y mercados globales, es imperativo destacar que estos riesgos no son simples escenarios hipotéticos, sino factores estructurales que condicionan decisiones de política económica, orientación de inversiones y el rumbo de la cooperación internacional. El reto para México, América Latina y las economías emergentes es mayor cuando las cadenas globales de valor, las dinámicas de empleo y las relaciones comerciales están bajo presión. Este artículo busca desentrañar los datos más relevantes del informe, evaluar sus implicaciones económicas y geopolíticas, contrastar diferentes enfoques mediáticos y proponer una lectura crítica que vaya más allá de titulares alarmistas.
Mi tesis central es que el mundo no enfrenta una crisis única aislada, sino un conjunto de riesgos interconectados que demandan respuestas estratégicas coordinadas —no reactivas— por parte de gobiernos, empresas y sociedad civil.
1. Geoeconomía en el centro del tablero: una nueva lógica del conflicto económico
El hallazgo más categórico del Global Risks Report 2026 es la primacía de la “confrontación geoeconómica” como principal riesgo global a corto plazo. Este concepto engloba la creciente utilización de herramientas económicas —sanciones, aranceles, restricciones de inversión, controles tecnológicos y otras medidas de política comercial o industrial— como instrumentos explícitos de competencia estratégica entre bloques de poder.
Según la percepción de los encuestados del Foro, este tipo de confrontación ha escalado ocho posiciones en el ranking de riesgos, situándose como el factor más probable de desencadenar una crisis global en 2026. La fragmentación de las cadenas de suministro y el uso instrumental de herramientas económicas erosionan el marco tradicional de cooperación multilateral que sustentó la globalización desde los años noventa.
¿Cambio de paradigma o ajuste cíclico?
Mientras algunos medios enfatizan esta evolución como un cambio de paradigma hacia economías defensivas y proteccionistas, es crucial matizar: no necesariamente se trata de un retorno al aislacionismo clásico, sino de una reconfiguración estratégica donde los Estados buscan equilibrios entre autonomía económica y dependencia internacional. El resultado es un campo más competitivo y menos cooperativo, con implicaciones directas en flujos comerciales, inversión extranjera y decisiones corporativas de deslocalización.
En mercados emergentes como los de América Latina, esto se traduce en un mayor costo de incertidumbre para exportadores y fabricantes integrados en cadenas globales, y en una presión adicional sobre políticas públicas para diversificar socios comerciales sin sacrificar competitividad.
2. Riesgos económicos revitalizados: desde el ciclo macro hasta los activos financieros
El informe indica que los riesgos económicos tradicionales —como recesión, inflación y estallido de burbujas de activos— han ganado posiciones significativas en la percepción de expertos para el período 2026–2028.
Por ejemplo:
El riesgo de contracción económica sube al puesto 11 en el horizonte a dos años.
La amenaza de burbuja de activos financieros escala al puesto 18.
La inflación, persistente en varias regiones, ocupa un lugar destacado entre los riesgos económicos relevantes.
Economía frágil en un entorno geopolítico tenso
Este repunte no es meramente coyuntural: es el reflejo de deuda global elevada, tensiones comerciales persistentes y política monetaria aún ajustada en varios países desarrollados y emergentes. El cruce entre geoeconomía y economía real es particularmente delicado. Por un lado, restricciones comerciales y sanciones encarecen insumos y alimentan presiones inflacionarias. Por otro, la fragmentación de mercados reduce oportunidades para exportadores tradicionales.
Esto se traduce en una dinámica de crecimiento desigual, donde países con mercados domésticos robustos o sectores tecnológicos avanzados pueden capear mejor el temporal que economías más abiertas o dependientes de exportaciones de commodities.
3. Sociedad, tecnología y polarización: riesgos interconectados con la economía
El informe destaca que polarización social y desinformación se encuentran entre los riesgos más significativos de corto y mediano plazo, mientras que otros riesgos tecnológicos —como ciberinseguridad y efectos adversos de la inteligencia artificial— están escalando rápidamente en importancia.
La polarización —fenómeno que combina desigualdad, desconfianza institucional y narrativas fragmentadas— no es un simple problema social: tiene efectos tangibles en decisiones económicas y políticas fiscales. Gobiernos bajo presión interna tienden a adoptar políticas económicas más proteccionistas o redistributivas, que si bien pueden apaciguar tensiones internas, a menudo resultan en menor apertura comercial o incentivos contradictorios para la inversión extranjera.
Asimismo, los riesgos asociados a la inteligencia artificial —tecnologías que transforman mercados laborales, productividad y competitividad— están reconfigurando el horizonte de crecimiento y la estructura de empleos. Aunque el informe del WEF ubica los efectos adversos de la IA con menor gravedad en el corto plazo, su posicionamiento como riesgo emergente en horizontes más amplios es consistente con preocupaciones señaladas por organismos internacionales como el FMI sobre desplazamiento laboral y desempleo estructural en sectores menos especializados.
4. Medio ambiente: relegado en el corto plazo, central en la agenda de largo plazo
Una de las observaciones sistemáticas del informe es que los riesgos ambientales, aunque siguen siendo los más severos en el largo plazo, han perdido peso relativo en la percepción de riesgos a dos años; incluso eventos climáticos extremos descendieron en el ranking inmediato.
Prioridad política vs. realidad física
Este desplazamiento no implica que los riesgos ambientales hayan desaparecido, sino que competencias más inmediatas —geoeconómicas y sociales— acaparan la atención de los encuestados. Sin embargo, el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y la degradación de sistemas planetarios siguen siendo factores que pueden hacer explotar costos económicos y sociales de forma no lineal en un horizonte de 5 a 10 años.
En otras palabras, aunque la agenda política pueda priorizar tensiones inmediatas, la naturaleza opera con plazos diferentes. Ignorar esa realidad puede traer consecuencias severas para la producción agrícola global, seguros, infraestructura costera y salud pública.
5. Multipolaridad y fragmentación: ¿adiós a las viejas estructuras?
Una proporción significativa de los participantes del Global Risks Report 2026 anticipa que el orden global evolucionará hacia una estructura multipolar o fragmentada, debilitando potencialmente los esfuerzos colectivos para enfrentar crisis sistémicas.
Este punto tiene implicaciones directas para el comercio internacional:
Normas multilaterales, como las administradas por la OMC, pueden verse debilitadas si grandes bloques adoptan políticas divergentes.
Acuerdos regionales podrían adquirir más peso en detrimento de marcos globales unificados.
Estrategias de inversión extranjera podrían fragmentarse en función de zonas de influencia con reglas, estándares y exigencias regulatorias distintas.
Esta realidad multipolar incrementa la complejidad estratégica para países y empresas que dependen de flujos comerciales estables, inversión extranjera directa y cadenas de valor integradas globalmente.
6. Contrargumentos comunes y su refutación crítica
“El informe exagera los riesgos geoeconómicos y pinta un panorama más pesimista que la realidad económica.”
Señalar riesgos no equivale a predecir una catástrofe inevitable. El informe, en esencia, presenta probabilidades y percepciones basadas en expertos, no predicciones deterministas. Identificar una mayor probabilidad de confrontaciones económicas o de polarización social no implica que estas ocurrirán sin respuesta —más bien subraya la necesidad de estrategias robustas de política pública y cooperación internacional.
“La baja relativa de riesgos ambientales sugiere que el clima ya no es prioritario.”
La posición de un riesgo en una lista de prioridades no indica su desaparición, sino una competencia por atención política frente a otros riesgos que demandan acciones inmediatas. El cambio climático seguirá siendo un riesgo de largo plazo con implicaciones profundas para la productividad, la estabilidad financiera y la migración global.
Conclusión — De la percepción al diseño de estrategias
El Global Risks Report 2026 ofrece una radiografía estructural de los desafíos que enfrentan los sistemas económicos y políticos globales. Sus datos clave —el ascenso de la geoeconomía como riesgo central, el repunte de amenazas económicas tradicionales, la complejidad social y tecnológica, y las tensiones estratégicas que acompañan a un mundo fragmentado— no son simples predicciones: son advertencias para la acción estratégica.
Para gobiernos y sectores productivos, esto implica:
Reforzar resiliencia de cadenas de suministro.
Diversificar mercados y socios comerciales.
Invertir en capital humano y adaptabilidad tecnológica.
Participar proactivamente en foros multilaterales emergentes.
Más que alarmarnos, los datos del informe deben impulsarnos a comprender que la incertidumbre no es un destino, sino un campo de decisiones. En un mundo de riesgos interconectados, la ventaja competitiva no será de quien ignore las amenazas, sino de quien las anticipe y las gestione con visión estratégica, pragmática y colaborativa.
Ignacio Santillán Luna
25 Enero 2026
El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercado Común del Sur (Mercosur) —integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— es, sin duda, uno de los hitos de política comercial más discutidos de la última generación. Tras más de 25 años de negociaciones, el pacto está cerca de entrar en vigor de forma provisional, aunque enfrenta desafíos legislativos y políticos tanto dentro como fuera de Europa (Reuters, 22/01/26).
Como analista de comercio internacional, sostengo que este acuerdo es un ejercicio emblemático de la complejidad de la globalización: promete grandes ganancias económicas y ventajas geopolíticas, pero también plantea riesgos estructurales, ambientales y sociales. En un mundo multipolar y fragmentado por tensiones comerciales (principalmente entre EE. UU. y China), la UE y Mercosur se proponen reconfigurar sus vínculos económicos y reducir su dependencia de mercados tradicionales. Pero precisamente ese mismo movimiento despierta recelos legítimos —desde agricultores europeos hasta comunidades indígenas sudamericanas— que no pueden ignorarse si se busca un desarrollo sostenible y equitativo.
Una oportunidad económica de gran escala (pero desigual)
En términos macroeconómicos, el tratado impulsará una declarada liberalización de tarifas: se eliminarán alrededor del 91-92 % de los aranceles sobre bienes intercambiados entre ambos bloques. Esto incluye productos industriales clave para la UE —como automóviles, maquinaria, textil y farmacéuticos— que actualmente pagan tasas de hasta el 35 % en Mercosur. Para Europa, esto representa ahorros del orden de más de 4 000 millones de euros anuales en derechos de importación y nuevas oportunidades de exportación (European Commission).
Desde la perspectiva mercosuriana, el mayor acceso al mercado europeo constituye una ventana de crecimiento para productos agrícolas y materias primas exportables, especialmente carne, soja y minerales críticos. Un análisis del Atlantic Council subraya que estos beneficios pueden traducirse en mayores inversiones extranjeras, mejoras tecnológicas y creación de empleo.
No obstante, la magnitud de estas ganancias no es uniforme. El propio informe de ING THINK estima que el impacto total podría ser modesto en términos de PIB —alrededor de 0.1 % en la UE hacia 2032— y con efectos distributivos diversos según sector y país (ING Think, 14/01/26).
Agricultura y empleo rural: el talón de Aquiles del acuerdo
La cuestión agrícola es, quizá, el punto más controvertido y políticamente sensible del tratado. En la UE, los sectores ganadero y agrícola han expresado un profundo temor a la competencia con productos del Mercosur que se producen con costos más bajos y normas diferentes —especialmente en términos de sanidad, bienestar animal y producción ambiental.
Aunque la UE ha introducido cuotas limitadas y mecanismos de salvaguardia, como contingentes arancelarios para productos sensibles (carne, arroz, azúcar, etc.), algunos críticos sostienen que estas medidas no garantizan de manera suficiente la protección frente a fluctuaciones del mercado ni preservan de forma duradera empleos rurales ante un aumento de importaciones.
Este punto de fricción ha derivado en oposición interna fuerte, incluso dentro de países tradicionalmente pro-libre comercio, y fue una de las razones por las cuales el Parlamento Europeo decidió enviar el tratado al Tribunal de Justicia para revisión legal (AP News, 21/01/26).
Sostenibilidad ambiental: ambición sin garantías vinculantes
Uno de los debates más arduos en torno al acuerdo es su impacto en el medio ambiente. Existen preocupaciones legítimas de que la expansión del comercio de productos agrícolas hacia la UE —principalmente carne y soja— pueda agudizar la deforestación en partes de Sudamérica, particularmente en regiones del Amazonas, y aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas a prácticas agrícolas intensivas.
Aunque el texto del acuerdo incorpora compromisos para adherirse al Acuerdo de París y salvaguardias contra deforestación ilegal, muchos ambientalistas y expertos consideran que las medidas carecen de mecanismos vinculantes fuertes y sistemas independientes de monitoreo. Esta percepción alimenta la crítica de que la UE está priorizando beneficios comerciales por sobre compromisos climáticos, lo cual puede erosionar su liderazgo global en sostenibilidad.
Además, organizaciones ambientales han señalado que el crecimiento del comercio premia modelos agrícolas de gran escala, con mayor uso de pesticidas y monocultivos —tendencias que, lejos de mitigarse, podrían intensificarse con mayor demanda externa.
Implicaciones geopolíticas: entre diversificación y rivalidades externas
Más allá de los efectos económicos directos, el acuerdo UE-Mercosur tiene una dimensión geopolítica estratégica evidente. Para la UE, firmar este tratado representa una forma de diversificar sus relaciones comerciales más allá de su alta dependencia de China y Estados Unidos, y reforzar su presencia en América Latina como contrapeso a otras potencias globales.
Este enfoque también puede fortalecer vínculos políticos con gobiernos sudamericanos que buscan integrarse más profundamente en la economía global y atraer inversión extranjera. Sin embargo, como advierte un análisis de Dynamics International Group, las distintas prioridades internas en Mercosur —por ejemplo, las tensiones entre Brasil y Argentina sobre objetivos comerciales— podrían limitar la cohesión del bloque a largo plazo (Dynamics International, 6/02/25).
Contrargumentos y reflexiones críticas
Un argumento recurrente contra mi evaluación —especialmente entre defensores del libre comercio irrestricto— es que “todo tratado de libre comercio genera crecimiento y no hay razón para temer a la competencia”. Si bien el comercio tiende a expandir oportunidades económicas, la evidencia sugiere que sus beneficios no se distribuyen automáticamente de forma equitativa ni mitiguen de manera natural los costos sociales y ambientales. Por ejemplo, las economías rurales con capacidades productivas limitadas pueden verse particularmente expuestas sin políticas públicas complementarias, y comunidades vulnerables pueden sufrir efectos negativos sin redes de seguridad adecuadas.
Otro contraargumento sostiene que “la apertura comercial es necesaria para la estabilidad geopolítica”. Este punto es válido: la diversificación de socios y la integración económica pueden, en principio, reducir dependencias unilaterales. Pero esto no exime a las partes de consolidar estándares robustos que acompañen la liberalización. Sin ello, el tratado puede generar recelos que, paradójicamente, socaven precisamente la cooperación que pretende fortalecer.
Conclusión: una puerta abierta con retos que no pueden eludirse
El tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur es, sin duda, un proyecto ambicioso que abre una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con implicaciones económicas, políticas y estratégicas profundas. Representa una oportunidad de integración transatlántica que podría beneficiar tanto a empresarios europeos y latinoamericanos como a consumidores, al reducir costos y estimular la innovación.
Sin embargo, sus beneficios no son automáticos ni están exentos de riesgos reales. Los desafíos para la agricultura, la sostenibilidad ambiental y la equidad social requieren políticas públicas proactivas, transparencia y mecanismos de cumplimiento efectivos que vayan más allá de los compromisos declarativos. Ignorar estas preocupaciones sería tanto ingenuo como negligente para quienes abogan por un comercio internacional que sea competitivo, justo y sostenible.
La pregunta finalmente no es si este acuerdo es bueno o malo en términos absolutos —sino cómo se gestionan sus externalidades y quiénes verdaderamente se benefician de él. El éxito de este tratado dependerá tanto de su implementación como de la capacidad de la UE y Mercosur para fortalecer sus democracias y economías sin sacrificar sus compromisos con el bienestar de sus ciudadanos y el planeta.
Ignacio Santillán Luna
20 Enero 2026
En la última década, el debate sobre quién domina la vanguardia tecnológica global ha dejado de ser un mero ejercicio académico para convertirse en una cuestión geoestratégica de primer orden. Estados Unidos y China, las dos principales potencias económicas del planeta, compiten no solo por mercados y alianzas, sino por la definición del futuro mismo de la innovación. El Critical Technology Tracker del Australian Strategic Policy Institute (ASPI) —un proyecto que rastrea el liderazgo en tecnologías clave durante más de dos décadas— ofrece una fotografía de esta competencia que merece atención, reflexión y calibración crítica.
A primera vista, los datos son contundentes: según las actualizaciones más recientes, China lidera en una mayoría aplastante de tecnologías críticas, mientras que Estados Unidos conserva la punta en unas pocas áreas muy específicas. Pero ¿qué significa esto realmente para la economía global, para las políticas de innovación y para el equilibrio de poder internacional? Este artículo explora esos datos con rigor y perspectiva.
1. Qué mide el “Critical Technology Tracker” y por qué importa
El Critical Technology Tracker es un proyecto de investigación que clasifica el liderazgo tecnológico global según la producción de investigación de alto impacto —específicamente, publicaciones dentro del top 10% más citado en campos considerados estratégicos: desde inteligencia artificial (IA) hasta biotecnología, materiales avanzados, robótica, computación cuántica, energía y tecnologías espaciales.
Esta metodología, centrada en publicaciones académicas de alto impacto, no mide directamente patentes, producción industrial o aplicaciones comerciales, pero ofrece una métrica valiosa: una señal temprana de dónde se está generando conocimiento que puede traducirse en futuros avances, aplicaciones industriales o supremacía tecnológica.
No obstante, como sucede con cualquier indicador, su valor debe interpretarse con cuidado. La calidad de la investigación y la capacidad de traducirla en innovación productiva y comercial no siempre se alinean perfectamente. Por ejemplo, algunos campos donde China domina en publicaciones todavía enfrentan desafíos en comercialización o cadenas de suministro sofisticadas, como los semiconductores avanzados, en los que la producción práctica sigue liderada por gobiernos e industrias occidentales e incluso asiáticas distintas de China. Esta distinción es crucial para calibrar adecuadamente las implicaciones del Tracker.
2. El viraje cuantitativo de China: un liderazgo mucho más amplio de lo esperado
Los hallazgos de ASPI muestran un cambio profundo: a comienzos del siglo XXI, Estados Unidos estuvo a la cabeza en gran parte de los campos medidos; en cambio, en el periodo reciente China lidera en 57 de 64 tecnologías rastreadas, mientras que Estados Unidos solo encabeza siete.
Este cambio no se debe a un solo año excepcional, sino a dos décadas de inversión sistemática en ciencia básica, educación superior y capacidades de investigación estratégica. El crecimiento sostenido de la producción científica de China, junto con una inversión robusta en infraestructura de investigación y políticas gubernamentales de largo plazo, ha generado esta transformación.
Para entender esta dinámica es útil recordar que las publicaciones académicas de alto impacto son a menudo precursoras de nuevas industrias y capacidades productivas. El hecho de que China domine en campos como IA, energía, materiales avanzados y biotecnología sugiere que la próxima generación de innovaciones —desde vehículos autónomos hasta tecnologías de energía limpia— podría emerger con un fuerte impulso desde instituciones chinas o con participación significativa de investigadores formados en ese sistema.
3. Estados Unidos: menor número de liderazgo, pero relevancia estratégica persistente
A pesar de la supremacía cuantitativa de China en el Tracker, Estados Unidos conserva liderazgos clave que no deben subestimarse. Según los datos, EE. UU. sigue encabezando campos como computación cuántica avanzada, vacunas, genética y pequeño satélite, entre otros.
Estas áreas reflejan ventajas estructurales del ecosistema estadounidense: un entorno fuertemente orientado hacia la comercialización de tecnologías de alto valor, un sector privado robusto con gigantes tecnológicos globales y una tradición de investigación académica con vínculos estrechos con la industria. Además, ciertos dominios, como la microelectrónica de vanguardia, están fuertemente respaldados por inversiones y políticas públicas diseñadas específicamente para contrarrestar la dependencia de cadenas globales dominadas por actores extranjeros.
La existencia de estos nichos críticos de liderazgo indica que, aunque China ha superado cuantitativamente a Estados Unidos en múltiples campos, la competencia no es homogénea ni se limita a cifras agregadas. La especialización en sectores estratégicos con barreras altas de entrada, como sistemas cuánticos o biociencias aplicadas, sigue siendo un activo importante para EE. UU.
4. Perspectivas geopolíticas: implicaciones más allá de la tecnología
Desde una perspectiva geopolítica, el ascenso tecnológico de China tiene implicaciones profundas. Según ASPI, la concentración de conocimientos y capacidades tecnológicas puede comportar riesgos de dependencia global, especialmente si un único país domina tecnologías críticas necesarias para infraestructura, defensa y comunicaciones.
Este argumento resuena particularmente entre gobiernos y analistas occidentales que ven en la tecnología una extensión de la seguridad nacional. Algunos funcionarios estadounidenses, por ejemplo, han planteado la necesidad de mayores inversiones federales en investigación básica y medidas para proteger la propiedad intelectual, precisamente en respuesta a estos cambios en la balanza de poder tecnológico.
Por su parte, desde medios y voces más afines a un enfoque multipolar o crítico de la política occidental (como algunos análisis difundidos en redes o medios alternativos), se advierte que la concentración en publicaciones no debe confundirse con dominación industrial, y que una cooperación tecnológica amplia podría ser más beneficiosa que la competencia cerrada. Estas voces sugieren que políticas que restrinjan la colaboración puede debilitar tanto a EE. UU. como a sus aliados en el largo plazo.
Lo cierto es que la tecnología crítica no es solo un campo de batalla académico, sino un eje central de las políticas de poder global. La influencia en infraestructura digital, inteligencia artificial o sistemas energéticos determina la capacidad de modelar normas, estándares y sistemas económicos globales en las próximas décadas.
5. Retos metodológicos y limitaciones del Tracker: qué no nos dice (todavía)
Aunque el Critical Technology Tracker ofrece una base rigurosa para comparar liderazgo tecnológico, es importante reconocer sus límites. El enfoque en publicaciones académicas de alto impacto es valioso, pero no cubre otros factores esenciales:
Comercialización y adopción industrial: La conversación sobre quién lidera también debe incluir quién logra convertir la investigación en productos, cadenas de suministro y valor económico sostenible.
Protección de propiedad intelectual y mercados regulatorios: La capacidad para traducir innovación en ventaja competitiva depende tanto de marcos regulatorios como de sistemas de defensa de la innovación.
Calidad vs. cantidad: Algunas voces expertas señalan que la simple cantidad de publicaciones en el top 10% no captura totalmente la calidad, la aplicabilidad práctica o el impacto real en las industrias.
Estos aspectos sugieren que, aunque los datos del Tracker son un elemento fundamental para la evaluación estratégica, deben complementarse con análisis de cadenas de valor, ecosistemas de startups, inversiones en capital de riesgo y políticas regulatorias nacionales.
Contrargumentos y reflexiones críticas
Una objeción común a la lectura alarmista de los datos de ASPI es que el dominio en publicaciones no se traduce automáticamente en supremacía industrial. Los defensores de esta postura señalan que Estados Unidos sigue liderando industrias clave en términos de ingresos, marca global y estándares técnicos, incluso cuando China supera en producción académica.
Sin embargo, esta posición pasa por alto que el conocimiento es la materia prima de la innovación futura. Si un país produce consistentemente la mayoría del conocimiento de alto impacto, es probable que este influya en la agenda tecnológica global, las futuras cadenas de valor y la capacidad de definir estándares. El liderazgo industrial —aunque relevante— es a menudo un reflejo tardío de patrones de investigación sólidos y sostenidos.
Conclusión: hacia una competencia compleja y multidimensional
El Critical Technology Tracker del ASPI nos obliga a repensar los supuestos tradicionales sobre liderazgo tecnológico global. China ha construido —en menos de dos décadas— una base de conocimiento científico que ahora domina en la mayoría de los campos críticos para el futuro tecnológico. Estados Unidos continúa liderando en áreas estratégicas, pero ya no puede dar por sentado su posición como líder absoluto.
Este cambio tiene profundas implicaciones para la economía global, las alianzas estratégicas y la política industrial. La tecnología crítica no es solo un indicador de prestigio académico, sino una carta de navegación para decisiones que afectarán desde la seguridad nacional hasta las cadenas de suministro globales. Entenderla, medirla y actuar sobre ella con políticas públicas coherentes es ahora una prioridad para cualquier nación —no solo para China o Estados Unidos— que aspire a ser protagonista en el siglo XXI.
Ignacio Santillán Luna
18 Enero 2026
En enero de 2026, Canadá y China sellaron un acuerdo comercial que está llamando la atención de economistas, diplomáticos y mercados financieros alrededor del mundo. Bajo la recién anunciada ruta de cooperación económica y comercial, Ottawa accedió a una significativa reducción de aranceles a vehículos eléctricos chinos, mientras Pekín recortó gravámenes sobre productos agrícolas canadienses — incluyendo canola, mariscos y otros bienes claves — en un gesto que marca un nuevo capítulo después de años de tensiones y represalias arancelarias. (La Jornada, 2026)
Este acuerdo, que en lo inmediato facilita la importación de hasta 49 000 vehículos eléctricos chinos con una tarifa reducida del 6.1 % y baja los aranceles de China sobre la canola al ~15 %, tiene implicaciones económicas y geopolíticas de amplio alcance. El contexto global — caracterizado por el proteccionismo, el realineamiento de cadenas de suministro y la rivalidad entre grandes potencias — convierte este pacto en más que una simple transacción comercial: es un síntoma de las prioridades estratégicas de Ottawa y un espejo de las presiones que enfrentan las economías occidentales.
1. Diversificación frente a dependencia económica
Durante décadas, Canadá ha dependido casi de manera hegemónica de Estados Unidos como su principal socio comercial. Sin embargo, el reciente giro hacia China indica un intento deliberado de diversificar mercados y reducir su vulnerabilidad ante políticas comerciales cada vez más impredecibles de Washington. (Chinas diplomacy, 2026)
Esto no es menor. La reciente imposición de medidas proteccionistas en EE. UU., y la percepción de que Ottawa está demasiado alineado con la política económica estadounidense, han generado inquietud entre los estrategas canadienses sobre su soberanía económica. De hecho, la dependencia excesiva de un solo socio con una política industrial volátil puede convertirse en un riesgo estructural.
Al buscar mercados alternativos, Canadá intenta fortalecer su resiliencia, abrir nuevos canales comerciales y equilibrar su oferta exportadora. Para productores agrícolas y sectores como energía y minerales, China representa un mercado cuya demanda — aunque variable — sigue siendo significativa. Los volúmenes de comercio reflejan esta dinámica: antes del acuerdo, el comercio bilateral se mantenía en cifras relevantes (aunque menores que con EE. UU.), con importaciones canadienses dominadas por manufacturas chinas y exportaciones canadienses concentradas en recursos naturales. (China Briefing, 2024)
2. Tensiones previas y construcción pragmática
El camino hacia este acuerdo no fue lineal. A mediados de 2024, Canadá impuso aranceles de hasta 100 % a vehículos eléctricos chinos — una medida inspirada en parte por preocupaciones sobre prácticas comerciales desleales y presiones de aliados como EE. UU. — lo cual generó represalias de Pekín en forma de tarifas a productos agrícolas canadienses. (Taxnews EY, 2025)
Este ciclo de acciones y reacciones refleja las complejidades de relacionarse con China: por un lado, Canadá desea aprovechar las oportunidades económicas; por el otro, ha buscado responder a políticas que percibe como injustas o amenazantes para industrias locales. Este historial no solo subraya los frenos estructurales a un vínculo más profundo, sino también los incentivos pragmáticos que han terminado por acercar a ambas naciones en el contexto de la desaceleración del comercio estadounidense y la búsqueda de estabilidad en cadenas globales.
Pekín, por su parte, ha manifestado formalmente su voluntad de fortalecer la cooperación económica con Canadá en base a “beneficio mutuo” y ha promovido iniciativas para expandir el comercio bilateral en términos más amplios, incluso más allá de aranceles.
3. Beneficios económicos: ¿quién gana qué?
Desde una perspectiva estrictamente comercial, hay beneficios claros y cuantificables. La reducción de aranceles a productos agrícolas canadienses enfrenta una oportunidad de revertir caídas en exportaciones que habían mermado a productores de canola y mariscos, sectores que vieron reducida su participación en el mercado chino tras las represalias anteriores.
Igualmente, los consumidores canadienses — y las industrias que dependen de insumos importados — podrían beneficiarse de menores precios en vehículos eléctricos utilizados como insumo para movilidad limpia o cadenas productivas. En un escenario global donde la demanda de vehículos eléctricos continúa en expansión y donde China domina la producción de baterías y componentes clave, la apertura de este segmento comercial puede traducirse en ventajas competitivas para Canadá.
De hecho, diversas proyecciones de analistas sugieren que un acuerdo más amplio podría aumentar el PIB canadiense y los ingresos de los hogares, al tiempo que expande exportaciones en sectores manufactureros y agrícolas — aunque estas estimaciones varían según los supuestos y no son garantía de resultados futuros.
4. Riesgos geopolíticos y contrapesos estratégicos
Sin embargo, no todos los efectos son exclusivamente positivos ni automáticos. Un riesgo evidente es la posibilidad de que esta mayor apertura genere tensiones adicionales con Estados Unidos, el principal socio de Canadá en materia de comercio, seguridad y alianzas estratégicas. Las recientes críticas de Washington hacia el acuerdo — incluidas advertencias de oficiales estadounidenses sobre sus posibles efectos en sectores industriales — reflejan ese nerviosismo. (AP, 2026/01/16)
Además, el vínculo con China conlleva riesgos inherentes ligados a prácticas comerciales no siempre alineadas con las normas de mercado occidentales. Sectores clave como manufactura avanzada o tecnología pueden verse vulnerables a políticas de subsidios estatales que distorsionan competencia, lo cual es una de las razones por las cuales Ottawa había impuesto aranceles inicialmente.
Desde una óptica geopolítica, profundizar relaciones económicas con China sin una estructura de contrapesos multilaterales también puede limitar la capacidad de Canadá para actuar de manera independiente en foros internacionales sobre temas de derechos humanos, seguridad y gobernanza global. Este delicado equilibrio entre beneficio económico y autonomía estratégica es un desafío constante para países de tamaño medio en un sistema global cada vez más fragmentado.
5. Una estrategia pragmática, no dogmática
La esencia del nuevo acuerdo — y de la política comercial canadiense reciente — no es abrazar a China sin reservas, sino gestionar riesgos y oportunidades de forma pragmática. Esto implica negociar reducciones arancelarias que generen beneficios medibles para exportadores canadienses, al mismo tiempo que se busca preservar la capacidad de reacción ante prácticas que Ottawa considera injustas. (FreshfromChina, 2026/01/17)
El punto clave para los responsables de política pública es que esta estrategia no pueda convertirse en improvisación. La frustración ocasional o la presión de aliados tradicionales como Estados Unidos no deben desviar la atención de la necesidad de construir marcos de cooperación más robustos y predecibles que beneficien tanto a productores como a consumidores sin sacrificar la estabilidad de las reglas globales de comercio.
Conclusión: hacia un futuro incierto pero estratégico
El acuerdo comercial entre Canadá y China constituye, en muchos sentidos, una respuesta sensata a un contexto global desordenado. Diversificar relaciones comerciales, desbloquear mercados y responder a cambios en la geopolítica económica mundial son objetivos legítimos que pueden fortalecer la posición de Canadá.
No obstante, este paso no está exento de tensiones ni desafíos. La principal será equilibrar la lógica de mercado con la soberanía estratégica y la integración con aliados occidentales. El verdadero valor de este acuerdo no será solo su impacto económico inmediato, sino la capacidad de Ottawa para convertirlo en una pieza de una política exterior y comercial coherente y sustentable en un mundo donde Estados Unidos y China compiten no solo por mercados, sino por influencia global.
En últimas, Canadá no está adoptando un cheque en blanco para alinearse con Beijing; está ajustando su brújula estratégica con un ojo puesto en su prosperidad económica y otro en la estabilidad de un orden internacional cada vez más polarizado. Eso es, en esencia, la verdadera encrucijada de este acuerdo: un acto de pragmatismo que debe gestionarse con cautela y visión de largo plazo.
Fuente: OEC, 2023
Fuente: OEC, 2023
Fuente: OEC, 2023
Fuente: OEC, 2023
Ignacio Santillán Luna
13 Enero 2026
La idea de que Estados Unidos busque “apoderarse” de Groenlandia suele presentarse en el debate público como una excentricidad política o una provocación diplomática. Sin embargo, vista desde la lógica del comercio internacional y la geopolítica contemporánea, el interés estadounidense por la isla ártica responde a incentivos económicos, militares y logísticos profundamente racionales. Groenlandia —territorio autónomo del Reino de Dinamarca— concentra tres activos estratégicos que hoy definen la competencia entre grandes potencias: tierras raras y minerales críticos, posición militar en el Ártico y control potencial de futuras rutas marítimas comerciales.
Mi tesis es clara: el interés de Estados Unidos en Groenlandia no es coyuntural ni personalista, sino estructural. Forma parte de una estrategia de largo plazo para contener a China y Rusia, asegurar cadenas de suministro críticas y anticiparse a la reconfiguración del comercio global provocada por el cambio climático. El problema no es el interés en sí, sino las implicaciones geopolíticas, económicas y éticas de cómo se persigue.
1. Tierras raras: soberanía de recursos y guerra tecnológica
El primer eje del interés estadounidense es económico‑industrial. Groenlandia alberga importantes yacimientos de tierras raras, uranio, zinc y otros minerales estratégicos, insumos esenciales para semiconductores, baterías, energías renovables, armamento avanzado y tecnologías de defensa. En un contexto donde China controla gran parte de la extracción y, sobre todo, del refinado global de tierras raras, la dependencia occidental se ha convertido en una vulnerabilidad geoeconómica.
Medios como The Economist han subrayado que la transición energética y digital no reduce la competencia por recursos, sino que la intensifica. Desde esta óptica, Groenlandia aparece como una alternativa para diversificar suministros fuera de la órbita china. BBC News Mundo suele enfatizar que el atractivo no está únicamente en la cantidad de recursos, sino en su ubicación política: un territorio alineado con Occidente y con marcos regulatorios previsibles.
En contraste, RT y CGTN Español tienden a presentar este interés como una forma de extractivismo neocolonial, destacando los riesgos ambientales y la presión sobre las comunidades inuit. Desde estos enfoques, la narrativa dominante es que Washington busca repetir patrones históricos de apropiación de recursos bajo el discurso de la seguridad.
Mi lectura crítica es que ambas visiones contienen parte de verdad. Es cierto que Estados Unidos busca reducir su dependencia de China en minerales críticos; también lo es que el desarrollo minero en Groenlandia implica tensiones ambientales, sociales y políticas. El punto central, sin embargo, es que la competencia por tierras raras ya no es una opción, sino una realidad estructural del sistema económico internacional. La pregunta clave es quién define las reglas de explotación y con qué contrapesos institucionales.
2. Interés militar: el Ártico como nuevo tablero de poder
El segundo pilar del interés estadounidense es militar‑estratégico. Groenlandia ocupa una posición geográfica privilegiada entre América del Norte, Europa y el Ártico ruso. Desde la Guerra Fría, Estados Unidos mantiene presencia militar en la isla —particularmente en la Base Aérea de Thule— como parte de su sistema de alerta temprana y defensa antimisiles.
DW y El Confidencial suelen analizar este factor desde una lógica de seguridad colectiva, subrayando que el deshielo del Ártico está abriendo un nuevo frente de competencia militar. Rusia ha reforzado su infraestructura ártica, mientras que China se autodefine como “potencia casi ártica”, invirtiendo en investigación, puertos y acuerdos científicos. Para Washington, perder influencia en Groenlandia equivaldría a ceder ventaja estratégica en una región emergente.
Desde el análisis de Alfredo Jalife en RADAR GEOPOLÍTICO, el interés militar estadounidense se interpreta como parte de una confrontación sistémica entre bloques: OTAN versus eje euroasiático. Jalife suele enfatizar que Groenlandia es una pieza más en el cerco geoestratégico contra Rusia y China, y advierte sobre la militarización acelerada del Ártico.
Mi valoración es que el Ártico está dejando de ser una periferia congelada para convertirse en un espacio central de seguridad global. Estados Unidos no puede ignorar este giro sin comprometer su arquitectura defensiva. No obstante, la militarización sin mecanismos de gobernanza multilateral aumenta el riesgo de escaladas y errores de cálculo en una región particularmente frágil.
3. Ruta marítima ártica: comercio, tiempo y poder logístico
El tercer argumento —quizá el menos visible para el público general— es logístico‑comercial. El deshielo progresivo está haciendo viables rutas marítimas árticas que reducen significativamente el tiempo de tránsito entre Asia, Europa y América del Norte. Estas rutas podrían alterar la geografía del comercio global, afectando corredores tradicionales como Suez o Panamá.
The Economist ha señalado que, aunque estas rutas aún son estacionales y costosas, su potencial estratégico es enorme. Controlar o influir en puntos clave del Ártico permitiría a Estados Unidos proteger sus flujos comerciales y limitar la expansión logística de China, que promueve su “Ruta de la Seda Polar”.
Canales de YouTube como TOP DE IMPACTO y JP+ suelen presentar este fenómeno en términos de competencia directa por el comercio del futuro, destacando que quien domine las rutas árticas tendrá ventajas en costos, seguros, tiempos de entrega y control de cuellos de botella. En algunos casos, el discurso se inclina hacia una narrativa de confrontación inevitable, con predicciones de conflictos comerciales y navales.
Aquí conviene matizar. Desde una perspectiva de comercio internacional, las rutas árticas complementarán más que sustituirán a las actuales en el corto y mediano plazo. Sin embargo, su valor estratégico radica en la opción: tener la capacidad logística disponible es, en sí misma, una forma de poder.
Contrargumentos y refutación
Un argumento frecuente es que la idea de “apoderarse” de Groenlandia es inviable política y jurídicamente, y que el debate está sobredimensionado. Es cierto: una anexión formal es altamente improbable. Pero este contraargumento pierde de vista que la influencia no siempre se ejerce mediante soberanía territorial directa. Inversiones, acuerdos de defensa, cooperación científica y presencia empresarial pueden producir efectos similares sin necesidad de banderas.
Otro contraargumento sostiene que el costo ambiental y social supera cualquier beneficio económico. Esta objeción es legítima y debe tomarse en serio. Sin embargo, ignorar la competencia por el Ártico no detendrá su explotación; simplemente trasladará el liderazgo a otros actores con estándares potencialmente más laxos.
Conclusión
El interés de Estados Unidos en Groenlandia revela una verdad incómoda del siglo XXI: la competencia global ya no se libra solo en mercados financieros o tratados comerciales, sino en territorios estratégicos donde convergen recursos, seguridad y logística. Tierras raras, presencia militar y rutas marítimas árticas forman parte de una misma ecuación de poder.
Más que preguntarnos si Estados Unidos “debe” interesarse por Groenlandia, la cuestión relevante es cómo se gestiona ese interés: con cooperación o imposición, con gobernanza multilateral o lógica de suma cero. El Ártico será uno de los escenarios decisivos del comercio y la geopolítica del futuro. Ignorarlo sería ingenuo; abordarlo sin reglas, peligroso.
Ignacio Santillán Luna
11 Enero 2026
Las protestas en Irán no son un fenómeno nuevo, pero su recurrencia y persistencia revelan una verdad incómoda: el malestar social iraní ya no puede explicarse solo por factores culturales o coyunturales, sino por una combinación estructural de crisis económica, aislamiento internacional y rigidez política. Desde la perspectiva del comercio internacional y la geopolítica, Irán representa un caso paradigmático de cómo la economía —cuando se deteriora de manera prolongada— termina convirtiéndose en un detonador político.
Mientras medios como BBC News Mundo y DW enfatizan las demandas sociales y los derechos civiles como motor de las protestas, otros como RT o CGTN Español ponen el acento en el impacto de las sanciones occidentales y la presión externa. Por su parte, The Economist suele adoptar una visión más estructural: un país con enorme potencial económico, pero atrapado en un modelo político-económico que limita su integración al sistema global. Este artículo sostiene que las protestas en Irán son, en el fondo, una expresión económica de un sistema que ha dejado de ofrecer movilidad social, estabilidad y expectativas de futuro a una población joven y urbana.
1. La economía iraní: entre sanciones, inflación y frustración social
Irán es una potencia regional con vastos recursos energéticos. Posee las segundas mayores reservas de gas natural del mundo y una de las diez mayores reservas de petróleo. En teoría, estas ventajas deberían traducirse en crecimiento económico sostenido, estabilidad fiscal y bienestar social. En la práctica, ocurre lo contrario.
Según análisis citados por BBC News Mundo y The Economist, la economía iraní lleva más de una década marcada por sanciones internacionales, especialmente tras el colapso del acuerdo nuclear (JCPOA). Estas sanciones han limitado severamente las exportaciones de petróleo, el acceso al sistema financiero internacional y la inversión extranjera directa. El resultado ha sido una economía que crece de forma errática, altamente dependiente de canales informales y con una moneda —el rial— crónicamente devaluada.
La inflación, que de acuerdo con estimaciones recientes supera el 40 % anual, golpea con especial dureza a las clases medias y bajas. Productos básicos, vivienda y energía doméstica absorben una proporción cada vez mayor del ingreso familiar. DW subraya que, para muchos jóvenes iraníes, incluso con educación universitaria, el acceso a un empleo estable y bien remunerado se ha vuelto excepcional. Esta desconexión entre educación, esfuerzo y recompensa económica es un caldo de cultivo clásico para la protesta social.
Desde una óptica de comercio internacional, Irán opera parcialmente desconectado de las cadenas globales de valor. No participa plenamente en acuerdos comerciales relevantes, tiene acceso limitado a tecnología avanzada y enfrenta costos de transacción elevados. Esta exclusión no solo reduce el crecimiento, sino que profundiza la sensación de estancamiento generacional.
2. Protesta social: ¿cultural, política o económica?
Las protestas suelen detonarse por eventos simbólicos —una decisión gubernamental, un caso de represión, una reforma impopular—, pero su persistencia responde a causas más profundas. BBC y El Confidencial destacan que muchas manifestaciones comienzan con demandas sociales o culturales, especialmente entre mujeres y jóvenes, pero rápidamente incorporan consignas económicas: empleo, salarios, inflación, corrupción.
Aquí emerge una diferencia clara entre narrativas mediáticas.
RT y algunos analistas alternativos señalan que las protestas están amplificadas —o incluso incentivadas— desde el exterior, como parte de una estrategia de presión geopolítica contra Teherán.
The Economist, en cambio, reconoce la presión externa, pero insiste en que ninguna injerencia explica por sí sola la profundidad del descontento interno.
DW subraya que incluso sectores tradicionalmente neutrales o conservadores han comenzado a expresar frustración económica, lo que sugiere un malestar transversal.
Desde mi análisis, reducir las protestas a un conflicto cultural o a una conspiración externa es económicamente insuficiente. Cuando el ingreso real cae, el desempleo juvenil se mantiene alto y las expectativas de movilidad social desaparecen, la protesta se convierte en un mecanismo racional de presión, incluso en contextos autoritarios.
3. El factor geopolítico: sanciones, comercio y alianzas alternativas
Irán no es una economía aislada por completo. Ha buscado activamente alianzas comerciales y financieras con China, Rusia y otros países asiáticos, una estrategia que CGTN Español presenta como evidencia de un “giro exitoso hacia el Este”. En efecto, acuerdos energéticos con China y mecanismos de intercambio fuera del dólar han permitido a Irán sostener cierto nivel de exportaciones.
Sin embargo, The Economist y BBC coinciden en que estas alianzas no compensan plenamente la pérdida de acceso a mercados occidentales, ni sustituyen la inversión, tecnología y financiamiento que fluye a través de sistemas económicos más integrados. El comercio con China, por ejemplo, suele realizarse con descuentos significativos en el precio del petróleo, lo que reduce los ingresos fiscales reales de Irán.
Desde la perspectiva de las protestas, esto genera una paradoja: el gobierno puede mostrar estabilidad macroeconómica relativa o resistencia frente a sanciones, pero la población no percibe mejoras tangibles en su vida cotidiana. El crecimiento, cuando existe, no se traduce en bienestar distribuido.
En canales de YouTube como RADAR GEOPOLÍTICO, Alfredo Jalife enfatiza que Irán es una pieza clave en la reconfiguración multipolar y que su resistencia económica es estratégica frente a EE. UU. Esta visión es relevante geopolíticamente, pero deja abierta una pregunta crucial: ¿puede un proyecto geopolítico sostenerse internamente si no ofrece prosperidad económica a su población?
4. Contrargumentos y refutación
"Las protestas son principalmente inducidas desde el exterior."
Es innegable que actores externos buscan influir en la estabilidad iraní. Sin embargo, ninguna campaña externa logra movilizar de forma sostenida a amplios sectores sociales sin un malestar económico real. Las cifras de inflación, desempleo y pérdida de poder adquisitivo son internas y verificables.
"La economía resiste gracias a alianzas alternativas."
Si bien Irán ha evitado un colapso total, resistir no es lo mismo que prosperar. La economía puede mantenerse a flote, pero una sociedad joven y urbana exige algo más que supervivencia económica: exige futuro.
Conclusión
Las protestas en Irán son el reflejo visible de una tensión profunda entre un modelo político rígido y una economía incapaz de integrarse plenamente al sistema global. No se trata únicamente de derechos civiles ni exclusivamente de sanciones internacionales, sino de una ecuación más amplia donde inflación, desempleo, aislamiento comercial y expectativas frustradas convergen.
Desde el análisis del comercio internacional, Irán enfrenta una disyuntiva estratégica: persistir en un modelo económico defensivo y geopolíticamente confrontacional, o buscar una reinserción gradual que permita crecimiento, inversión y bienestar social. Mientras esta decisión no se resuelva, las protestas seguirán siendo una constante, no como anomalía, sino como síntoma.
La estabilidad política en el siglo XXI no se sostiene solo con control interno o narrativas ideológicas. En economías complejas y sociedades conectadas, la legitimidad también se mide en oportunidades económicas reales. Irán aún está a tiempo de redefinir su rumbo, pero el costo de no hacerlo se sigue acumulando en las calles.
Fuente: OEC, 2023
Fuente: OEC, 2023
Fuente: OEC, 2023
Fuente: OEC, 2023
Ignacio Santillán Luna
8 Enero 2026
La opinión pública global se debate entre el apoyo, la condena o la confusión tras la incursión militar estadounidense en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026. Las declaraciones oficiales de Washington combinaron motivos de seguridad—como la lucha contra el narcotráfico—con la voluntad declarada de restablecer la producción petrolera y permitir a compañías energéticas estadounidenses acceder a las gigantescas reservas de crudo de Venezuela. TIME
En este contexto, como analista en comercio internacional sostengo que si bien los datos macroeconómicos y petroleros venezolanos explican el interés estratégico de Estados Unidos, no constituyen por sí solos una justificación suficiente para una incursión militar. La política exterior y la geopolítica energética son complejas y requieren un análisis multidimensional que vaya más allá de cifras de reservas o producción.
1. Reservas petroleras: el enorme potencial subutilizado
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: alrededor de 303–304 mil millones de barriles, equivalentes a aproximadamente el 17–19 % de las reservas globales. El Economista Este “oro negro” supera incluso a Arabia Saudita —el histórico líder de la OPEP— en volumen de reservas totales. El Financiero En términos comparativos, esas reservas duplican las de Estados Unidos y superan ampliamente las mexicanas. El Financiero
Este dato es un vector de atractivo económico: el acceso a un volumen de recursos petroleros tan vasto representa una oportunidad estratégica para influir sobre los flujos globales de energía, lo que a su vez podría repercutir en balances comerciales, precios internacionales del crudo y la seguridad energética de países consumidores. Desde la perspectiva geoeconómica, dominar reservas estratégicas cambia posiciones de poder en mercados globales. El Economista
No obstante, tener reservas no es lo mismo que producirlas o exportarlas de manera eficiente. Esa distinción es clave para ponderar si los datos justifican una acción militar.
2. Producción deprimida y efectos de sanciones e ineficiencia
A pesar de sus cuantiosas reservas, la producción petrolera venezolana ha caído drásticamente en las últimas décadas: de más de 3 millones de barriles por día (mbd) a niveles cercanos a 0,9–1,1 mbd en 2024–2025. Bloomberg Línea Brasil Varias razones explican este declive crónico:
Mal manejo institucional y corrupción: décadas de desinversión y purgas estructurales han debilitado la estatal PDVSA y expulsado capital humano clave. El Economista
Infraestructura deteriorada: oleoductos, elevadores y refinerías, especialmente en la Faja del Orinoco, requieren inversiones masivas para recuperar capacidades. fastbull.com
Impacto de sanciones: medidas económicas lideradas por EE. UU. restringieron ventas y acceso a mercados, presionando aún más la producción y los ingresos fiscales. Bloomberg Línea Brasil
Incluso con una producción sostenida cerca del millón de barriles diarios, Venezuela representa menos del 1 % de la producción petrolera global, y está muy lejos de los países que dominan el mercado. infobae Este desfase entre potencial teórico y rendimiento real subraya que la captura de reservas no se traduce automáticamente en beneficios económicos inmediatos, lo que relativiza la lógica de “recuperar petróleo” como motivo principal para una intervención militar.
Además, expertos estiman que se requerirían decenas de miles de millones de dólares (hasta $60–100 mmdd o más) en inversiones y años de trabajo para restaurar la producción a niveles históricos, incluso con estabilidad política. Forbes México
3. Ingresos petroleros y la economía venezolana
Históricamente, el petróleo representó cerca del 90 % de los ingresos de exportación y gran parte del ingreso público de Venezuela. euronews Sin embargo, la caída de producción y la erosión de exportaciones ha reducido esos ingresos de manera dramática: en 2024 los ingresos petroleros rondaron los $17.5 mmdd y en 2025 no superarían los $15 mmdd. documentos.intelicast.net
Este colapso de recursos fiscales ha tenido efectos macroeconómicos profundos: contracción del PIB, presión inflacionaria, escasez de divisas para importar bienes básicos y deterioro de servicios públicos. Estos síntomas no solo reflejan vulnerabilidad económica interna, sino un riesgo sistémico para la región, con flujos migratorios y desajustes comerciales para naciones vecinas. Reddit
Desde la óptica estadounidense, controlar parte de los ingresos petroleros podría ofrecer un instrumento económico para influir en la reconstrucción o estabilización de Venezuela, pero también implica disputas jurídicas y políticas complejas sobre la propiedad y administración de recursos —como lo muestran debates sobre Citgo y otros activos en el exterior. El Economista
4. El uso estratégico de los datos en la narrativa de intervención
Aunque las cifras de reservas y la importancia del petróleo venezolano explican el interés económico, no justifican per se una intervención militar desde la perspectiva del derecho internacional. Las normas de la ONU prohíben el uso de la fuerza sin mandato multilateral o sin una amenaza directa. La narrativa oficial estadounidense ha incluido argumentos de seguridad y acusaciones de narcotráfico, así como la necesidad de restablecer la producción petrolera, pero estas razones no están normativamente equiparadas a una causa legítima de intervención militar bajo la Carta de las Naciones Unidas. TIME
Comparaciones con casos anteriores muestran que el acceso a recursos naturales no suele ser por sí mismo motivo legítimo de acción bélica en sistemas basados en normas. Utilizar reservas petroleras como argumento central de intervención puede erosionar la legitimidad de las instituciones multilaterales y sentar precedentes problemáticos para futuros conflictos internacionalizados.
Además, el contexto global del mercado del petróleo es uno de sobreoferta en 2026, con producción estimada en 109 mbd y márgenes de excedente que limitan el impacto potencial de una posible recuperación económica venezolana sobre los precios globales. Bloomberg Línea Brasil En otras palabras, incluso si la producción venezolana se reactivara parcialmente, su efecto inmediato sobre la seguridad energética global sería moderado.
Contrargumentos y refutación
“El petróleo venezolano justifica una intervención porque asegura energía barata a EE. UU. y reduce dependencia de rivales”
Aunque Venezuela tiene enormes reservas, su producción efectiva es baja y costosa de recuperar, y el mercado global de energía no depende exclusivamente de ella. Además, normas internacionales prohíben la utilización de fuerza por intereses económicos, y el argumento de “seguridad energética” debería canalizarse por vías diplomáticas y comerciales más que por la acción militar directa.
“El petróleo es la columna vertebral de la economía venezolana y su control estabilizará la región”
La estabilización económica requiere instituciones confiables, inversiones sostenibles y acuerdos comerciales internacionales, no solo la recuperación de producción petrolera. Sin un marco legal y político claro, el control del petróleo podría perpetuar conflictos y tensiones regionales.
Conclusión
Los datos económicos y petroleros de Venezuela —sus colosales reservas, la caída de producción y el colapso de ingresos petroleros— son esenciales para entender el interés estratégico de Estados Unidos. Pero no pueden ser tratados como justificación absoluta para una incursión militar.
El debate debe centrarse en cómo combinar mecanismos legales internacionales, estrategias diplomáticas, incentivos económicos y reformas institucionales que permitan aprovechar esos recursos de manera sostenible y legítima, evitando que los intereses económicos de corto plazo se traduzcan en conflictos que debiliten aún más el orden internacional.
El petróleo venezolano es un recurso estratégico, pero convertirlo en causa directa de intervención militar abre un precedente peligroso para la geopolítica del siglo XXI. La comunidad internacional y los gobiernos implicados deben buscar soluciones que prioricen la estabilidad, la cooperación y el respeto al derecho internacional sobre el uso unilateral de la fuerza.
Productos que importa Venezuela
Países de origen de importación
Productos que exporta Venezuela
Países de destino de exportación
Ignacio Santillán Luna
7 Enero 2026
La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en una operación militar en Caracas a inicios de enero de 2026 ha marcado un punto de inflexión de enorme calado geopolítico y económico en América Latina y el mundo. Lo ocurrido —una incursión sin precedentes en la región que terminó con él trasladado a Estados Unidos bajo cargos de narcotráfico— no sólo ha generado reacciones encontradas, también plantea profundas interrogantes sobre soberanía, orden internacional, mercados energéticos y las alianzas globales. La tesis de este artículo es que la captura de Maduro impacta simultáneamente al sistema de derecho internacional, a la estabilidad regional y a los equilibrios de poder económico global, y que sus efectos se sentirán durante años, independientemente de la narrativa oficial.
1. El golpe como ruptura del orden internacional y sus implicaciones geopolíticas
Lo primero que hay que entender es la magnitud del precedente que se ha establecido. Según análisis especializados, la acción de capturar a un jefe de Estado soberano sin mandato del Consejo de Seguridad de la ONU constituye una violación clara de la Carta de Naciones Unidas y del derecho internacional en sus términos tradicionales, al usar fuerza armada contra otro Estado sin autorización multilateral. El reconocido think tank Chatham House ha subrayado que este tipo de intervención rompe con la norma post-1945 de no intervención, erosionando las reglas que sostienen la estabilidad global y podría incentivar acciones similares de otras potencias en sus regiones de interés. Chatham House
Esta ruptura normativa no es una cuestión académica: impacta el fundamento mismo de la cooperación internacional. Países tradicionalmente reacios a la intervención militar pueden sentirse ahora autorizados a actuar de forma unilateral bajo pretextos de seguridad o intereses nacionales, lo que puede producir un aumento de tensiones y conflictos inter-estatales. Tal como advierte un análisis estratégico, tanto Rusia como China —aliados de larga data de Venezuela— han condenado la operación como un acto de agresión, lo que podría profundizar la polarización global entre alianzas rivales. The Cincinnati Exchange
Este contexto abre un riesgo geopolítico directo: una posible escalada entre grandes potencias, cuya rivalidad ya se expresa en múltiples escenarios. La intervención podría consolidar posturas defensivas entre actores como Rusia y China, que a su vez pueden fortalecer sus vínculos con países de América Latina y África como contrapeso a la hegemonía estadounidense. Además, el uso de la fuerza para capturar a un líder elegido —aunque controvertido— alimenta narrativas de hegemonía que pueden debilitar la legitimidad de alianzas occidentales y complicar futuros acuerdos multilaterales.
2. Impacto en la estabilidad regional y en los mercados energéticos
Venezuela, a pesar de décadas de declive en producción, posee las mayores reservas de petróleo probadas del mundo y su producción representa una pieza relevante del mercado petrolero global. El cambio forzado de régimen crea un claro impacto económico y de mercado energético. Si bien la producción actual está lejos de sus máximos históricos, la reconfiguración del Estado venezolano y su sector petrolero tiene dos efectos posibles:
Oportunidades comerciales y reestructuración de contratos de deuda: Con Maduro fuera del poder, algunos acreedores internacionales y empresas podrían estar más dispuestos a reabrir negociaciones o recuperar activos colaterales, lo que reintroduce a Venezuela en los mercados de crédito y comercio tras años de sanciones congeladas. Eight Point Solutions LLC
Riesgo de fragmentación energética: Si la transición no es ordenada, la producción petrolera podría caer aún más, agravando la escasez de suministros y presionando al alza los precios globales. El futuro del petróleo venezolano también ha atrayendo la atención de actores como Estados Unidos y aliados, que podrían querer asegurar recursos energéticos externos en un momento de tensión geopolítica mayor. eleconomista.es
Además, la región enfrenta un desafío de estabilidad política y humanitaria. Al desaparecer abruptamente el núcleo de poder chavista, Venezuela podría entrar en una fase de incertidumbre institucional, con el riesgo de que facciones internas —militares, políticos, redes económicas informales— compitan por el control, lo que agravaría la crisis económica y social e impulsaría mayores flujos migratorios hacia países vecinos.
3. Repercusiones para alianzas globales y equilibrios estratégicos
La captura de Maduro tiene efectos directos sobre la configuración de alianzas estratégicas. Por un lado, fortalece a Estados Unidos ante sectores de la política interna y algunos aliados de derecha regional, como el presidente argentino Javier Milei, quien ha celebrado la operación y respaldado la ofensiva estadounidense. NewsDigitales
Pero también agudiza las fracturas diplomáticas con países que han denunciado el operativo —como México, que calificó la acción de “intervención militar” y pidió respeto por la Carta de la ONU— así como con gobiernos europeos que han abogado por transiciones pacíficas y respeto del orden internacional. Foreign Policy
Además, la situación reconfigura dinámicas dentro de organizaciones multilaterales. El hecho de que países como Rusia y China lideren la condena contra la operación americana les otorga espacio para presentarse como defensores del derecho internacional y de la soberanía de los Estados, ganando respaldo entre naciones que tradicionalmente han sido críticas de la hegemonía occidental. Esto podría traducirse en acuerdos comerciales y políticos más estrechos entre esos bloques y regiones del Sur Global, lo cual repercutiría en ámbitos como comercio, inversión e infraestructuras.
Escenarios futuros y sus implicaciones
Escenario 1 – Transición ordenada y reconstrucción institucional:
Si el proceso político en Venezuela se logra encauzar con respeto al estado de derecho, con elecciones transparentes e integración de actores políticos pluralistas, podría abrirse una fase de recuperación económica y reinserción internacional. Esto favorecería la normalización de relaciones comerciales, alivio de sanciones y potencial acceso a capitales y tecnologías.
Escenario 2 – Vacío de poder y conflicto prolongado:
La falta de un plan claro de transición podría derivar en confrontaciones internas, crisis humanitaria, y repuntes de violencia, generando presión migratoria regional y afectando la seguridad fronteriza de varios países. Esto implicaría costos financieros para estados vecinos y posibles tensiones diplomáticas.
Escenario 3 – Polarización global reforzada:
La captura de Maduro puede ser interpretada por otras potencias como licencia para intervenir en asuntos soberanos bajo pretextos estratégicos, debilitando normas internacionales. Esto podría desencadenar respuestas asimétricas que fragmenten aún más el sistema internacional y compliquen la cooperación global en comercio, cambio climático, seguridad y migración.
Objeciones críticas y refutación
“La captura de Maduro es una medida legítima contra un dictador acusado de narcoterrorismo.”
Aunque hay argumentos legales internos de EE. UU. para procesar a Maduro por narcotráfico, la forma en que se ejecutó la acción —con uso de fuerza militar contra la soberanía de un Estado miembro de la ONU— contradice el marco legal internacional vigente y debilita los mecanismos multilaterales.
“Esta operación reforzará la democracia en Venezuela.”
La democracia no se fortalece solo con la captura de un líder. Si la transición no incluye procesos electorales creíbles, participación amplia y respeto por derechos humanos, se corre el riesgo de instaurar un gobierno de facto sin legitimidad, generando inestabilidad prolongada.
Conclusión
La captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos no es un evento aislado; es un momento definitorio para el orden internacional, las alianzas regionales y los equilibrios geopolíticos globales. Va más allá de un cambio de liderazgo en Caracas: pone a prueba los límites del uso de la fuerza, redefine los límites de soberanía y plantea un desafío para la construcción de un sistema internacional basado en reglas.
Las implicaciones de este episodio están destinadas a resonar en el comercio internacional, en la reconfiguración de alianzas estratégicas y en la arquitectura del derecho global. El desafío ahora es si la comunidad internacional puede gestionar de forma pacífica y colaborativa las secuelas de un acto que, por su magnitud, redefine las normas de convivencia entre los Estados en el siglo XXI.
Ignacio Santillán Luna
27 Noviembre 2025
La decisión reciente de Bank of Japan (BoJ) de elevar sus tasas de interés al 0.5 %, el nivel más alto en 17 años, marca un punto de inflexión para la cuarta economía mundial. EFE Noticias, La Jornada Al mismo tiempo, informes señalan que la economía de Japón sufrió una contracción de 0.2 % en el primer trimestre de 2025. El Economista Para el mundo del comercio internacional, las finanzas globales y las cadenas productivas globales, lo que ocurre en Japón no es un asunto doméstico aislado: es un temblor con ondas expansivas que pueden redefinir flujos de capital, tipos de cambio, competitividad y estrategias de inversión. Mi tesis es: la crisis económica de Japón, combinada con un giro monetario abrupto, representa no solo un reacomodo interno, sino una advertencia global —y una oportunidad para quienes sepan interpretarla.
1. ¿Qué impulsa la crisis japonesa? Factores internos y transición monetaria
Durante décadas, Japón vivió una larga etapa de tasas ultrabajas e incluso negativas, como parte de su estrategia para combatir la deflación y estimular la inversión. World Economic Forum Esa política funcionó parcialmente: permitió mantener bajo costo del crédito, estimuló exportaciones mediante un yen débil —y facilitó una expansión del endeudamiento público que hoy resulta insostenible.
Ahora, el BoJ ha comenzado a revertir ese modelo. En enero de 2025 elevó su tasa de referencia de 0.25 % a 0.5 %. Business Standard La decisión responde a una combinación de presiones: inflación persistente —alimentada por el aumento de los costos de importación tras la depreciación del yen—, subidas salariales y una necesidad urgente de normalizar la política monetaria. euronews
Sin embargo, este ajuste llega en un momento de fragilidad económica: en el primer trimestre de 2025, el PIB japonés retrocedió 0.2 %. El Economista La debilidad del consumo interno, el encarecimiento de bienes importados y la desaceleración global complican la recuperación. Si el banco central sube tasas de forma acelerada, crece el riesgo de estrangular la demanda interna y aumentar la carga del servicio de deuda, en un país con un ratio deuda/PIB entre los más altos del mundo.
Este ajuste monetario no tiene lugar en el vacío: Japón ya enfrenta choques en su estructura económica —demografía envejecida, menor consumo doméstico, dependencia de exportaciones y deuda pública elevada—, y la subida de tasas podría precipitar fricciones sociales y económicas internas.
2. Efectos globales: mercados, divisas y cadenas de valor
a) Presión sobre los mercados financieros internacionales
El cambio de política del BoJ ya comienza a afectar los mercados globales. Al subir las tasas, los bonos japoneses dejan de ser una fuente de financiamiento barato, lo que puede generar una reconfiguración de portafolios internacionales y provocar salidas de capital de activos considerados de bajo rendimiento. Esa reconfiguración genera volatilidad, y como muchos fondos y bancos globales tienen exposición a bonos o empresas japonesas, el impacto trasciende fronteras.
Además, el posible retorno de capital a Japón —para aprovechar rendimientos más altos— podría fortalecer el yen. Esa revalorización tendría consecuencias múltiples: afectaría a exportadores japoneses, reconfiguraría el carry trade (vehículo de endeudamiento barato en yenes para invertir en activos extranjeros) y podría causar turbulencias en economías emergentes que dependen de flujos de capital externo.
b) Impacto en el comercio internacional y las cadenas globales
Japón sigue siendo un actor clave en cadenas productivas globales, sobre todo en manufactura avanzada, automotriz, electrónica y tecnología. Una economía en recesión, con menor demanda interna y costos de financiamiento crecientes, podría reducir sus importaciones de materias primas y componentes. Esto tiene implicaciones para países exportadores y para empresas globales que dependen de insumos japoneses.
Adicionalmente, una moneda más fuerte combinada con tasas más altas podría encarecer las exportaciones japonesas, reduciendo su competitividad. Eso empujaría a empresas multinacionales a relocalizar producción o buscar centros alternativos, lo que reconfiguraría inversiones globales, rutas de suministro y balanzas comerciales.
Para países como México —altamente integrados en cadenas automotrices y de manufactura global— la reestructuración del esquema japonés puede repercutir indirectamente: ya sea por cambios en la demanda de insumos, variaciones en los precios internacionales o reacomodo del comercio global.
3. Implicaciones geopolíticas y financieras: deuda, riesgo global, y espacios de oportunidad
Japón es un pilar clave en las finanzas globales: su deuda soberana, su sistema bancario, su capacidad de ahorro y su papel como acreedor internacional hacen que cualquier turbulencia allá reverbere globalmente. Con tasas crecientes, el costo del servicio de su gigantesca deuda aumentará, lo que podría presionar al gobierno a recortes, mayores impuestos o emisión monetaria —acciones que siempre tienen impacto externo.
A su vez, una economía japonesa en crisis podría debilitar su influencia regional —un factor relevante en un contexto asiático tenso, con la creciente competencia entre potencias en materia comercial y tecnológica.
Pero también hay oportunidades. Para economías emergentes, una reconfiguración de inversiones globales puede abrir espacios: países con fuerza laboral joven, costos competitivos y políticas estables pueden atraer capital desplazado por la fragilidad japonesa. Para México y Latinoamérica, esto puede representar una ventana para captar inversión industrial, diversificar exportaciones y mejorar cadenas productivas.
4. Escenarios futuros y recomendaciones estratégicas
Escenario A: ajuste moderado y reequilibrio
Si el BoJ logra normalizar tasas sin provocar una recesión profunda —es decir, si logra contener la inflación mientras sostiene la demanda interna—, Japón podría transitar hacia una economía de bajo crecimiento pero estable. En ese caso, el impacto global sería moderado: los mercados se reajustarían, pero sin crisis generalizada. Países exportadores de bienes primarios o con sectores competitivos podrían beneficiarse de capitales reubicados.
Escenario B: crisis profunda y contagio financiero global
Si la subida de tasas coincide con una caída sostenida de la economía (consumo interno débil, caída de exportaciones, deuda insostenible), Japón podría entrar en crisis financiera: fuga de capitales, quiebras corporativas, depreciación brusca del yen, y una venta masiva de activos. Esto podría perturbar mercados globales, encarecer el financiamiento internacional, y generar un efecto dominó en economías dependientes de capital global.
Escenario C: contracción y reindustrialización global
La crisis japonesa puede acelerar el proceso de reindustrialización global: empresas buscan deslocalizar producción hacia países en desarrollo con costos más bajos, menores riesgos y mano de obra competitiva. Para México y otras naciones latinoamericanas, este podría ser un momento para atraer inversión manufacturera, aprovechar tratados comerciales y posicionarse como alternativa viable de producción para el mercado global.
Recomendaciones estratégicas:
Diversificar mercados de exportación y fuentes de financiamiento.
Fortalecer competitividad a través de mano de obra calificada, infraestructura, estabilidad regulatoria.
Vigilar flujos de capital global y diseñar políticas macroprudenciales que mitiguen impactos externos.
Aprovechar la volatilidad global como oportunidad para atraer inversión productiva.
Contrargumentos y refutación
“Japón tiene una economía grande, diversificada y un ahorro privado enorme. Sus problemas no afectarán al mundo.”
Si bien es cierto que Japón tiene fortalezas estructurales, la magnitud de su deuda, la contracción reciente del PIB y el cambio abrupto en política monetaria lo vuelven un actor vulnerable. Dada su interconexión financiera, una crisis allí —aunque moderada— puede contagiar a mercados globales.
“Las alzas de tasa hoy son necesarias para normalizar; será doloroso pero pasajero.”
La normalización puede ser necesaria, pero debe calibrarse cuidadosamente. Si se sube muy rápido, con débil demanda interna y exportaciones vulnerables, el riesgo no es solo un bache: es una desaceleración estructural con costos globales amplios.
Conclusión
Lo que ocurre en Japón no debe leerse como una crisis aislada, sino como un aviso al mundo globalizado: las políticas de relajación monetaria interminable pueden dejar cicatrices profundas, y su reversión puede redistribuir poder económico, flujos de capital y competitividad internacional. Para mercados emergentes y economías exportadoras como la mexicana, existe una doble oportunidad: prepararse para turbulencias globales, y al mismo tiempo posicionarse como beneficiarios de la reconfiguración.
La crisis económica de Japón, su ajuste monetario y sus consecuencias globales deben verse como una encrucijada del orden económico mundial. No basta con observar: es momento de anticipar, adaptar y aprovechar los cambios.
Ignacio Santillán Luna
24 Noviembre 2025
El avance implacable de la inteligencia artificial (IA) no es ya una promesa futurista, sino una realidad que redefine mercados laborales, modelos de negocio y estructuras sociales. Visionarios como Elon Musk han sugerido que podría surgir un «ingreso alto universal» cuando la IA reemplace casi todo el trabajo humano. New York Post Al mismo tiempo, expertos en economía y tecnología proponen que un Ingreso Universal Básico (IUB) podría ser la herramienta política y social más eficaz para mitigar la disrupción. En este contexto, mi tesis es la siguiente: el IUB es una estrategia necesaria frente al desarrollo acelerado de la IA, pero su puesta en marcha requiere un diseño global, justo y sostenible para evitar nuevas formas de desigualdad y dependencia.
1. El imperativo económico y social del IUB en la era de la IA
La IA tiene el potencial de generar enormes ganancias de productividad: según Michael Spence, premio Nobel de Economía, bien gestionada, la IA podría revitalizar la productividad global y ofrecer un impulso a la oferta reprimida por años. IMF Sin embargo, ese progreso conlleva un gran riesgo: la automatización masiva puede desalojar a millones de trabajadores de sus empleos, especialmente en tareas rutinarias y de oficina.
Es justamente en ese escenario que el IUB adquiere relevancia: según Cornelia C. Walther, en un artículo para Forbes, el IUB no sería solo un gasto social, sino una inversión necesaria para mantener el consumo, garantizar la dignidad y evitar la crisis de demanda que podría seguir a la dislocación laboral. Forbes Si millones de personas pierden su fuente de ingreso, no basta fomentar nuevos empleos: hace falta distribuir parte de la riqueza generada por la automatización para sostener una economía funcional.
Desde una óptica de comercio internacional, el IUB también fortalece la base demandante. Una masa laboral desplazada sin recursos no puede seguir siendo consumidores activos; un ingreso universal bien diseñado puede asegurar que la riqueza generada por la IA no se quede solo en manos de los capitalistas tecnológicos, sino que circule en la economía, sosteniendo tanto la producción como la demanda.
2. Riesgos, desafíos y diseño eficaz del IUB
2.1 Financiamiento y sostenibilidad
Una de las críticas más recurrentes al IUB es cómo se financiaría sin provocar inflación o distorsiones macroeconómicas. Aquí los estudios académicos ofrecen pistas: un análisis reciente sugiere que, si la capacidad productiva de la IA alcanza cierta escala, podría financiarse un IUB equivalente al 11 % del PIB sin necesidad de impuestos adicionales, simplemente redistribuyendo las rentas generadas por el capital IA. arXiv
Esto exige una política fiscal audaz: gravar más fuertemente las ganancias de capital vinculadas a la IA, distribuir parte de esas rentas de forma social y diseñar esquemas de tributación progresiva. La clave está en maximizar la participación pública en estas “rentas de IA” para que el IUB no dependa únicamente de impuestos a los ingresos tradicionales.
2.2 Inequidad y legitimidad democrática
Existe el riesgo de que el IUB favorezca a quienes ya poseen capital o activos si no se acompaña de un modelo redistributivo robusto. Algunos críticos advierten que podría convertirse en un “pan y circo”: una dádiva financiada por impuestos sin reformar la estructura económica ni el poder del capital tecnológico. Quartz Además, una transferencia universal sin mecanismos de participación democrática puede alimentar la fragmentación social.
Aquí es donde entra la propuesta más ambiciosa: renegociar el contrato social. En un mundo donde la IA hace el trabajo, es necesario repensar no solo la redistribución, sino también el sentido del trabajo, la ciudadanía y la propiedad del capital tecnológico. Autores como Pascal Stiefenhofer han argumentado que, en una economía dominada por IA general, no basta con repartir dinero —se debe repensar la relación entre trabajos, capital y derechos sociales. arXiv
3. Escenarios futuros y recomendaciones estratégicas
Escenario optimista:
La IA alcanza niveles altos de productividad, pero los Estados actúan con previsión. Se implementa un IUB sostenible, financiado por impuestos progresivos al capital de IA, y se crea un nuevo contrato social con participación ciudadana. Este cambio no solo protege a los ciudadanos desplazados, sino que democratiza la renta de la automatización y permite que la economía global crezca con más equidad.
Escenario intermedio:
Se implementan pilotos de IUB y algunas redistribuciones, pero sin cerrar la brecha de desigualdad. El ingreso universal es limitado, los impuestos a la tecnología son moderados y las élites continúan acumulando una parte importante de las rentas. El consumo se sostiene, pero persiste la fragmentación social.
Escenario negativo:
No hay acción política a tiempo. La IA desplaza a trabajadores en masa, la riqueza se concentra en grandes empresas tecnológicas y el IUB no se discute seriamente o se utiliza de forma simbólica. El resultado podría ser una sociedad dual: una élite ultra-productiva y una mayoría dependiente con escasa participación en el capital tecnológico.
Recomendaciones para responsables públicos y actores internacionales:
Diseño fiscal audaz: Crear impuestos específicos sobre las rentas generadas por IA u otros activos automatizados para financiar el IUB.
Pilotos y escalabilidad: Implementar programas piloto de IUB en comunidades vulnerables, ligados a la innovación social, para evaluar su impacto real y ajustar el modelo.
Nueva gobernanza del capital IA: Promover esquemas de participación ciudadana, cooperativas tecnológicas o fideicomisos públicos que reciban parte de los beneficios de la IA.
Educación y transición laboral: Acompañar el IUB con estrategias de capacitación, reconversión laboral y creación de nuevas formas de trabajo que complementen la IA y mantengan el sentido de propósito.
Contrargumentos y refutación
“El IUB desincentivará el trabajo. Si la gente recibe dinero sin trabajar, la productividad caerá.”
Estudios de pilotos de ingreso básico muestran que muchas personas lo usan para emprender, estudiar o cuidar a familia, más que para “no hacer nada”. Además, en un mundo automatizado, muchos empleos simplemente no existirán, por lo que el IUB no es una dádiva, sino un mecanismo vital para sostener el bienestar colectivo.
“No todos los países pueden permitirse un IUB financiado por impuestos a la IA: será solo para naciones desarrolladas.”
Es un punto válido. Por eso es clave diseñar esquemas internacionales y colaborativos: impuestos globales sobre grandes corporaciones tecnológicas, coordinación multilateral y fórmulas ajustadas para países en desarrollo. No es un gasto local, sino un desafío global de gobernanza de la IA.
Conclusión
El Ingreso Universal Básico frente a la IA no es un concepto utópico: es una necesidad estratégica. La automatización no solo amenaza empleos; redefine cómo producimos, cómo vivimos y cómo compartimos la riqueza. Adoptar un IUB sería reconocer que la IA no es solo una fuerza tecnológica, sino un nuevo actor económico con rentas propias que deben redistribuirse para preservar la dignidad social.
Para que la revolución de la IA no nos deje atrás, no basta adaptarnos tecnológicamente; necesitamos un nuevo pacto social. El IUB puede ser ese pilar, si se diseña con audacia, justicia y visión global.
La conversación no puede esperar: el futuro de la economía mundial podría depender de nuestra capacidad para prepararnos para un mundo en el que el valor ya no proviene solo del trabajo, sino del acceso compartido a las ganancias de la automatización.
Ignacio Santillán Luna
18 Noviembre 2025
La reciente “Marcha de la Generación Z” en México —convocada el 15 de noviembre de 2025— ha desatado más preguntas que certezas. Miles marcharon bajo consignas contra la violencia, la corrupción y el mal desempeño del gobierno, pero el Ejecutivo de Claudia Sheinbaum cuestionó su origen, denunciando una operación digital pagada por la derecha nacional e internacional, alimentada por bots y cuentas coordinadas. La Jornada+2infobae
Algunos mediadores del análisis geopolítico han planteado incluso la hipótesis de que en redes operan intereses más profundos, que trascienden la protesta juvenil espontánea: una forma moderna de influencia política mayor a través de la tecnología. En este artículo sostengo la tesis de que, aunque no hay pruebas concretas de implicación directa de la CIA estadounidense, la movilización Gen Z revela cómo las estrategias digitales de desinformación pueden representar una forma de poder blando transnacional, con implicaciones económicas, geopolíticas y sociales que México no puede ignorar.
1. ¿Una marcha genuina o una maniobra digital orquestada?
La versión del gobierno
El gobierno de Sheinbaum ha afirmado que la marcha no es un movimiento auténtico de jóvenes, sino una “estrategia digital pagada” por actores de derecha, incluidas figuras empresariales y redes internacionales. infobae Según el análisis presentado por Miguel Ángel Elorza, coordinador del equipo “Infodemia Mx”, se detectaron 179 cuentas de TikTok y 359 grupos de Facebook que promovieron la protesta de forma sincronizada. Muchas de estas cuentas habrían sido creadas recientemente y algunas operan desde el extranjero. La Jornada
La presidenta acusó que detrás de la marcha hay una operación “inorgánica”, con bots, influencers, cuentas recién activadas y dinero extranjero, apuntando específicamente a la Atlas Network, una red de “think tanks” vinculada a la derecha latinoamericana. El Economista
La voz de los jóvenes
Por su parte, muchos participantes y voces jóvenes insisten en su descontento real: “El hartazgo es real”, dijo uno de los manifestantes. El País La agenda que presentan va más allá de la revocación de mandato: hablan de inseguridad, de impunidad, de violencia estructural, de falta de oportunidades y de un sistema que no les representa. El País
Este choque de narrativas —“estrategia pagada” vs “protesta auténtica”— contribuye a generar una atmósfera de desconfianza. Pero afirmar un vínculo directo con la CIA exige pruebas que no han sido presentadas por fuentes confiables hasta ahora.
2. ¿Por qué hablar de la CIA? Economía, geopolítica y desinformación
Estrategias de poder blando
Aunque no hay evidencia creíble de que la CIA dirija directamente esta movilización, el uso de estrategias digitales (bots, redes coordinadas, campañas de desinformación) sí remite a prácticas de poder blando que han sido estudiadas en otros escenarios geopolíticos: no es raro que agencias de inteligencia intervengan indirectamente a través de redes proxy, medios influenciados o “think tanks” internacionales.
En el caso mexicano, la denuncia de Sheinbaum sobre la Atlas Network —con presencia en múltiples países latinoamericanos— sugiere que los promotores de la marcha podrían estar aprovechando dinámicas transnacionales para influir localmente. El Economista
Desde un punto de vista de comercio internacional, esto importa: la desestabilización digital socava la certidumbre política, un insumo clave para la inversión extranjera. Si inversionistas perciben que un movimiento juvenil espontáneo es en realidad una campaña orquestada, la confianza se erosiona, las primas de riesgo suben y las decisiones de capital se vuelven más cautelosas.
Economía de la protesta y potencial de capitalización política
Más allá de la desinformación, esta marcha representa una oportunidad para actores que pretenden capitalizar el descontento social para sus propios fines. Según The Economista, los recursos movilizados podrían tener detrás a personas con poder mediático y económico. El Economista La figura de famosos empresarios que difunden la protesta, así como la presencia de influencers que repiten discursos de oposición, refuerzan esta hipótesis.
Desde el análisis de negocio, no es descartable que la marcha sea instrumentada —o aprovechada— por actores que buscan posicionarse políticamente o incluso reconfigurar las alianzas institucionales mexicanas. Si así fuera, la movilización dejaría de ser solo social para volverse parte de un reordenamiento geopolítico: no muy distinto a una intervención encubierta, pero en la era digital.
3. Escenarios posibles y riesgos para México
Escenario A: participación genuina con riesgos reales
En el mejor de los mundos, este movimiento Gen Z es auténtico: jóvenes hartos de inseguridad, corrupción y desigualdad se organizan para pedir cambio. Si logran mantenerse independientes de partidos e intereses empresariales, podrían impulsar reformas reales (revocación de mandato, transformación institucional, desmilitarización) y presionar por políticas de seguridad y justicia. Pero este camino exige transparencia, definiciones claras en sus exigencias y una canalización institucional para que su voz no se pierda.
Escenario B: captura por intereses externos
Si la marcha es en gran parte promovida y financiada por actores con agendas ajenas al bienestar social —empresarios, medios abiertos a la oposición o redes internacionales—, existe el riesgo de que la protesta sea cooptada como una estrategia de poder digital. Eso podría debilitar la legitimidad del movimiento y generar un alto costo reputacional para quienes realmente quieren justicia, al ver su causa convertida en una herramienta de manipulación.
Escenario C: polarización y conflicto permanente
Un escenario más peligroso es que la movilización Gen Z derive en una polarización aún más profunda: jóvenes movilizados, la oposición capitalizando sus demandas, el gobierno acusando conspiraciones extranjeras, medios digitales explotando narrativas conspirativas. Todo esto podría llevar a un ciclo de confrontación que erosione la gobernabilidad, disipe el capital social necesario para reformas y fortalezca la desconfianza entre generaciones.
Contrargumentos y refutación
“No hay pruebas de que la CIA esté detrás. Decirlo es conspirativo y solo polariza más.”
Es justo decir que no se ha demostrado implicación directa de la CIA. La acusación debe manejarse con cautela. Pero plantear la hipótesis no significa afirmar sin pruebas; en cambio, invita a un análisis serio sobre cómo operan hoy las redes de influencia transnacional: no siempre necesitan operativos visibles, muchas veces basta con campañas digitales bien orquestadas.
“Muchos jóvenes marcharon genuinamente. No todos están manipulados.”
Totalmente. Hay testimonio real, frustración real, demandas legítimas. Pero la co-existencia de genuinos manifestantes con intereses políticos o redes de amplificación no es incompatible. Reconocer la posible instrumentalización no implica negar la autenticidad de parte de la protesta.
Conclusión
La Marcha de la “Generación Z” en México representa un punto de inflexión: no solo por el hartazgo juvenil ante la inseguridad, sino por cómo el poder digital y las redes de influencia internacional operan en el siglo XXI. Si bien no hay evidencia pública de que la CIA esté detrás, sí hay señales claras de una estrategia que combina bots, influencers, financiamiento internacional y discursos políticos, lo cual no puede ignorarse desde una perspectiva geopolítica ni económica.
Este movimiento es tanto un despertar social como un laboratorio digital de poder. México debe analizarlo con seriedad, separando la legítima demanda juvenil del uso estratégico por actores con agendas mayores. Solo así podrá entender si la Marcha Gen Z es una primavera genuina o un experimento
Ignacio Santillán Luna
28 Octubre 2025
La reciente gira de Donald Trump por Asia —que incluyó paradas en Malasia, Japón, Corea del Sur y el esperado encuentro con Xi Jinping en Corea— marca un intento por reposicionar a Estados Unidos en el corazón del juego económico y estratégico asiático. Durante el trayecto el presidente firmó acuerdos sobre minerales críticos con países del sudeste asiático, negociaciones con Seúl sobre un paquete de inversión por 350 000 millones de dólares y una tregua comercial con China como telón de fondo. Reuters Mi postura es que esta gira representa, por un lado, un reconocimiento pragmático de la centralidad asiática en la economía global —tal como analistas señalan que la región “es la prioridad natural para Estados Unidos” en esta década Atalayar— pero, por otro lado, también muestra la fragilidad de una estrategia que aún depende demasiado del desequilibrio comercial y la concesión de inversión en vez de un nuevo marco de cooperación institucionalizado.
1. Enfoque comercial y económico: acuerdos, inversores, minerales críticos
Uno de los ejes más visibles de la gira fue la firma de acuerdos con varias naciones del sudeste asiático (Malasia, Tailandia, Vietnam, Camboya) para diversificar las cadenas de suministro de minerales críticos y reducir la dependencia de China. Según Reuters, Trump anunció “deals on trade and critical minerals” con cuatro países durante su parada en Kuala Lumpur. Reuters De forma paralela, en Corea del Sur se alcanzó un entendimiento para que Seúl invierta 350 000 millones de dólares en la economía estadounidense, a cambio de una reducción de aranceles. Reuters
Estos movimientos reflejan dos cosas: primero, que EE.UU. está intentando reforzar su competitividad industrial y asegurar suministros frente a China; segundo, que la diplomacia comercial de Trump está volviendo al modelo de “promesa de inversión a cambio de acceso” más que al establecimiento de reglas multilaterales robustas. Ya en un análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS) se advertía que Beijing “se siente en ventaja al buscar estabilización en los términos que le convienen”. CSIS
Sin embargo, el enfoque presenta riesgos: invertir grandes sumas a cambio de abrir mercados puede hacer que EE.UU. dependa del cumplimiento de promesas externas, sin establecer salvaguardas fuertes. Además, los países asiáticos podrían instrumentalizar estas inversiones para obtener concesiones sin comprometerse a cambiar marcos estructurales. En este sentido, la gira tiene mérito, pero su éxito dependerá de si esos acuerdos se traducen en cambios reales de política comercial, no solo en titulares.
2. Geopolítica y seguridad: Asia como tablero estratégico, no solo mercado
El componente geoestratégico de la gira es innegable. Analistas como José María Peredo observan que Asia-Pacífico es una prioridad para EE.UU. dado el ascenso de China y el deseo de Washington de “no quedar fuera” de la región. Atalayar En la visita a Japón, Trump fue recibido por el emperador Naruhito y la primera ministra Sanae Takaichi, subrayando que el vínculo bilateral es tan simbólico como funcional. Reuters
Asimismo, el anuncio de que Trump estaría dispuesto a extender su viaje para un encuentro con Kim Jong Un (aunque no confirmado) evidencia que la gira no es únicamente comercial sino también diplomática y de seguridad. The Washington Post
Desde una perspectiva de comercio internacional y finanzas globales, estos elementos implican que las cadenas productivas, los flujos de inversión y los tratados comerciales ya no pueden disociarse del eje de seguridad. Las empresas que operan en Asia deben contemplar riesgos geopolíticos (China-EE.UU., Corea del Norte), lo que incrementa la prima de riesgo y complica decisiones de inversión. Por tanto, la gira de Trump tiene valor para recalibrar alianzas, pero dependerá de si redefine estructuras o solo firma compromisos temporales.
3. Perspectivas críticas y escenarios futuros
3.1. Escenario optimista: revitalización del pivote asiático
Si los acuerdos firmados durante la gira se traducen en inversiones concretas de largo plazo —en infraestructura, minerales críticos, tecnología—, EE.UU. podría reinstalarse como socio clave en Asia, ofrecer una alternativa al dominio chino y generar cadenas de valor más equilibradas. Esto aumentaría la demanda de exportaciones estadounidenses, reforzaría la dolarización comercial y disminuiría el riesgo de que Asia gire completamente hacia China.
3.2. Escenario moderado: acuerdos simbólicos, poco impacto estructural
Es probable también un escenario en el que la gira genere titulares y compromisos, pero los plazos de cumplimiento se posterguen, las inversiones tarden en materializarse y los cambios institucionales se debiliten. En ese caso, EE.UU. seguirá participando de la región, pero sin recuperar plenamente su ventaja, mientras China mantiene gran parte de su dominio. Esta es la lectura más realista según analistas del CSIS que advierten que Pekín “no entregará concesiones significativas sin obtener mucho a cambio”. Crisis Group
3.3. Escenario de distanciamiento de aliados
El riesgo menos comentado pero relevante es que los países asiáticos —ante la imprevisibilidad de EE.UU., los aranceles de Trump y las promesas de inversión elevadas— opten por una estrategia de diversificación aún mayor: no solo hacia EE.UU. sino simultáneamente hacia China y otros bloques. Esto podría llevar a un Asia más multipolar, con menores ventajas para EE.UU. y un comercio internacional más fragmentado.
Contrargumentos y refutación
“La gira es esencial y muestra que EE.UU. sigue comprometido con Asia; incluso China lo vio venir.”
Es cierto que el viaje reafirma el interés estadounidense. Pero el compromiso debe verse en resultados, no solo en gestos diplomáticos. El hecho de que China se sienta con ventaja (como señala CSIS) sugiere que EE.UU. parte de una posición más débil de la que aparenta. Una gira sin bases estructurales corre el riesgo de ser puramente simbólica.
“Los acuerdos de inversión son enormes y tendrán impacto económico real.”
Las cifras son llamativas, pero deben implementarse, legalizarse, cumplir plazos y superar el obstáculo regulatorio, financiero y político. No basta con anuncio; lo que importa es que las inversiones generen empleo, exportaciones y cadenas productivas. De lo contrario, podrían quedar como promesas incumplidas.
Conclusión
La gira asiática de Donald Trump combina comercio, diplomacia y estrategia de seguridad. Pone sobre la mesa que la región Asia-Pacífico sigue siendo central para Estados Unidos desde una óptica global. Sin embargo, su éxito dependerá de si los acuerdos firmados logran transformar relaciones comerciales, cadenas de suministro y alianzas de seguridad, o si se quedan en titulares brillantes.
La travesía no es solo un regreso simbólico al Este, sino una prueba de que EE.UU. busca reposicionarse en un mundo cada vez más centrado en Asia. Pero ese reposicionamiento no estará asegurado por discursos; requerirá instituciones, inversiones verificables y una estrategia redactada más allá de la campaña política. El tiempo dirá si esta gira marcó el comienzo de un nuevo capítulo regional para Estados Unidos o simplemente otro episodio diplomático.
Ignacio Santillán Luna
26 Octubre 2025
En la última década, China no solo ha ascendido como potencia marítima, sino que ha consolidado una posición dominante en el sector de construcción naval comercial, mientras simultáneamente fortalece capacidades duales para la defensa. Según informes oficiales chinos, entre enero y septiembre de 2025, el país completó 38,53 millones de tonelaje de peso muerto (DWT - deadweight tonnage), es decir es la medida del peso máximo que un barco puede transportar de forma segura, lo que representa un 53,8 % del tonelaje mundial para dicho periodo; obtuvo nuevos pedidos por 66,60 millones de DWT (67,3 % del global) y acumuló una cartera en construcción de 242,24 millones de DWT (65,2 %) (“China remains global leader …”). Global Times
Derivado de ello la estrategia china para liderar el sector naval no es accidental ni simplemente mercantil: es una pieza central de su ambición geoeconómica que vincula industria, comercio internacional, suministro de flotas, infraestructura portuaria y proyección de poder. Esta combinación plantea implicaciones significativas para la competencia industrial global, las cadenas logísticas y la seguridad marítima internacional.
1. Las claves de la estrategia: escala, integración y fusión militar-civil
Una primera clave del ascenso chino es la escala industrial: de acuerdo con el análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS), en 2024 una sola empresa china produjo más tonelaje comercial que todo el sector estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. CSIS Además, datos de 2024 indican que China acaparó cerca del 74 % de los nuevos pedidos globales por toneladas muerto para ese año (“China Dominates …”). China Daily
La segunda clave es la integración industrial y de cadena de valor. China ha construido un ecosistema completo: desde astilleros de gran escala, fabricación de piezas clave, logística portuaria, financiamiento estatal, hasta exportación de buques a más de 50 países. matrixbcg De este modo, no sólo produce barcos a bajo coste, sino que domina segmentos amplios (bulk carriers, tanques, contenedores) y avanza en segmentos más sofisticados.
La tercera clave es la fusión militar-civil (“military-civil fusion”): según CSIS, China está aprovechando sus astilleros comerciales para beneficiar indirectamente su industria naval militar, facilitando transferencia de tecnología, economías de escala y capacidad de proyección global. CSIS Este hecho suscita inquietudes en países como EE. UU., que lo consideran un riesgo de seguridad marítima. Military Times
En conjunto, esas tres claves explican por qué China no sólo lidera por volumen, sino que aspira a liderar por tecnología, influencia y poder marítimo.
2. Implicaciones para la economía global, el comercio naval y la geopolítica marítima
2.1. Reconfiguración de cadenas de suministro naval y logísticas de comercio internacional
La hegemonía china en construcción naval significa que los armadores globales tienen una dependencia estructural hacia astilleros chinos, lo que reduce sus alternativas de diversificación. Por ejemplo, el informe de la USTR (Estados Unidos) observó que la dominancia china “limits choice for ship supply” (más allá de cuestionamientos de competencia). United States Trade Representative
En términos de comercio internacional, esto tiene dos efectos: primero, un abaratamiento de la construcción de navíos reduce el coste del transporte marítimo global (potencialmente); segundo, el dominio chino puede permitirle fijar términos más favorables, condicionar servicios de mantenimiento, tecnología o envío, e influir en logísticas portuarias en terceros países (parte de la iniciativa Belt & Road). Esto sugiere que el control naval se convierte en “poder comercial”.
2.2. Rivalidad industrial y consecuencias para fabricantes tradicionales
El auge naval chino ha desplazado a astilleros tradicionales, especialmente en EE. UU., Japón y Europa. Según SCMP, la cuota de mercado de China en nuevos pedidos cayó al 56 % en el primer semestre de 2025 desde el 75 % del año anterior, reflejando que las contramedidas (como tarifas y tasas estadounidenses) ya tienen efecto. South China Morning Post
Esto indica que el dominance chino ha entrado en fase de “respuesta global”, con EE. UU. y aliados buscando reactivar su industria naval o imponer tarifas. Por ejemplo, los cargos que EE. UU. planea imponer a buques chinos que atraquen en puertos estadounidenses. La geoeconomía naval se torna un campo de competencia estratégica.
2.3. Poder marítimo, seguridad y proyección geopolítica
Más allá del comercio, la construcción naval es parte del poder marítimo. Al dominar la fabricación de flotas comerciales y, en paralelo, la construcción militar (o con transferencia tecnológica desde lo comercial), China fortalece su capacidad de proyección estratégica, logística global y de influencia en rutas marítimas clave. La fusión militar-civil lo hace más relevante aún: lo que en apariencia es un negocio comercial puede alimentar capacidades militares duales. Esto ha sido destacado por medios como AP: “China’s shipbuilding dominance presents significant economic and national security risks for the U.S. and its allies.” AP News
Esto implica que la estrategia naval china tiene una dimensión geopolítica real: control de infraestructura marítima, puertos asociados, capacidad de reparar y operar flotas globales, y acceso preferente a cadenas logísticas estratégicas (por ejemplo, para energía o minerales críticos).
3. Retos, vulnerabilidades y escenarios futuros para la estrategia china
3.1. Retos tecnológicos, segmentación y presión reglamentaria
Aunque China domina en volumen y muchos segmentos, hay nichos donde aún no lidera plenamente: los buques de GNL, de alta tecnología, cruceros de gran tamaño, o ciertos sistemas de propulsión avanzada. Por ejemplo, SCMP señala que China no obtuvo pedidos en el sector de portadores de GNL para determinados contratos en 2025. Reddit
Además, la presión regulatoria internacional va en aumento. Los informes de la USTR y la intención de imponer tarifas o tasas a buques chinos sugieren que el dominio chino enfrentará obstáculos no solo comerciales, sino también geopolíticos. Esto podría reducir nuevas órdenes para astilleros chinos o aumentar los costes si los armadores temen sanciones. marinelink
3.2. Escenarios futuros posibles
Escenario de consolidación exitosa: China refuerza su dominio, mejora calidad, incursionando en segmentos de alta tecnología, integrando más fuertemente industria naval militar y comercial. Esto refuerza su posición en logística, rutas marítimas y poder global.
Escenario de contención internacional: A través de alianzas (EE. UU.-Japón-Corea del Sur), regulaciones, tarifas y subsidios, el dominio chino se ralentiza; los armadores diversifican hacia astilleros rivales; la cuota china declina pero sigue alta.
Escenario de fragmentación de mercado naval: Las cadenas globales navales se segmentan: una “zona china” con astilleros, flotas y puertos asociados; y otra “zona occidental/alianzas” con estándares alternativos, regulaciones restrictivas para barcos chinos. Esto implica costes mayores de transporte, mayor complejidad logística y menor eficiencia global.
3.3. Implicaciones para terceros actores
Países de América Latina, África y el Sudeste Asiático deben tener presente que la dominancia china naval acarreará ofertas de construcción, infraestructura portuaria y servicios marítimos con China. Si aceptan sin atención a condiciones técnicas, costos de mantenimiento o dependencia, podrían quedar atados a cadenas de suministro chinas. Esto plantea riesgos de dependencia tecnológica, contractual y estratégica.
Contrargumentos y refutación
“El dominio chino es puramente cuantitativo y no garantiza calidad o tecnología de punta; los astilleros occidentales siguen superiores en segmentos premium.”
Es cierto que hay segmentos premium donde Corea del Sur o Japón tienen ventaja (por ejemplo, GNL, cruceros). Pero los datos muestran que China avanza también en calidad: entrega de grandes buques VLCC, de doble combustible, y ha anunciado construcciones de cruceros domésticos (“China remains global leader …”). Global Times Además, la ventaja cuantitativa le da poder de escalabilidad, negociación y precio que puede compensar ciertas desventajas de tecnología.
“El sector naval responde al ciclo del comercio mundial y demanda; si cae la demanda global, el dominio chino puede desvanecerse por sí solo.”
Correcto, la demanda es cíclica. Pero China ha acumulado una gigantesca cartera de pedidos (order-book) y capacidad que le permite amortiguar crisis de demanda, así como ofrecer precios agresivos. El más reciente dato muestra que su backlog al final de septiembre de 2025 era de 242 millones de DWT (65,2 % del global) —lo cual implica que tiene volumen asegurado. Global Times
Conclusión
La estrategia china para liderar el sector naval es mucho más que astilleros y buques: es un proyecto industrial-geoeconómico que vincula manufactura, logística, comercio internacional y proyección de poder. La escalada de producción, la integración cadena de valor y la fusión militar-civil son componentes de una arquitectura estratégica que tiene impactos globales.
China no solo lidera la construcción naval comercial, sino que está moldeando un nuevo mapa naval mundial —y con él, una nueva configuración del comercio marítimo, la seguridad y la dependencia industrial. Para los países exteriores, para los armadores y para las cadenas globales, esta realidad exige replantear las alianzas, la diversificación de flotas, la seguridad de suministro y la autonomía tecnológico-marítima.
En los próximos años veremos si esta dominancia china puede sostenerse frente a contramedidas globales —regulación, alianzas y subsidios rivales— o si el mercado naviero se fragmenta en bloques. Lo que está claro es que el barco chino ya no está en puerto: está marcando la ruta del comercio marítimo mundial.
Ignacio Santillán Luna
19 Octubre 2025
La ciudad de Las Vegas, Nevada, ha sido durante décadas sinónimo de glamur, apuestas, espectáculos y turismo internacional. Sin embargo, en 2025 esta metrópoli del entretenimiento enfrenta una crisis económica significativa: el número de visitantes cayó más de un 11 % en junio respecto al año anterior, y el descenso acumulado se extiende por más de medio año. AP News Desde la perspectiva de comercio internacional, finanzas y economía urbana, sostengo la tesis de que esta crisis no es sólo un bache transitorio, sino un síntoma de fragilidad estructural en el modelo económico de Las Vegas, con implicaciones tanto locales como globales y, sobre todo, planteando la urgente necesidad de diversificar su base productiva.
1. Turismo en caída: señales de alarma para una economía dependiente
La primera señal clara de alarma es el desplome de visitantes. Según la Las Vegas Convention and Visitors Authority (LVCVA), el volumen de visitantes en junio de 2025 cayó un 11 % interanual, mientras que los turistas internacionales descendieron un 13 %. AP News Este dato es especialmente relevante porque Las Vegas no sólo depende del turismo interno, sino también de la llegada de extranjeros, lo cual representa un componente de entrada de divisas, valor añadido y efecto arrastre sobre hoteles, casinos, restaurantes, convenciones y consumo local.
La caída del turismo de seis meses consecutivos, según análisis de la Center for Business and Economic Research de la University of Nevada, Las Vegas (UNLV), anticipa que 2025 y 2026 serán años de retracción en visitantes, ingresos por juego y ocupación hotelera. Centro de Investigación Económica Mientras tanto, hoteles muestran ocupación significativamente menor y los negocios de servicios, como comercios en la Strip, reportan caída de flujo de clientes.
Desde la óptica de comercio internacional y economía global, el turismo es “exportación de servicios”: cuando la demanda global se debilita, las ciudades muy dependientes de ese ingreso sufren de forma aguda. En el caso de Las Vegas, la disminución de visitantes desde Canadá y México —mercados clave— agrava el golpe. AP News
2. Factores internos y externos que explican la crisis
2.1. Costos elevados y percepción de valor deteriorada
Una causa importante es que Las Vegas ha perdido competitividad en costos. Informes muestran que visitantes se quejan de precios excesivos: bebidas, estacionamiento, tarifas de hotel y alimentos han subido considerablemente. WBUR+1 Si el turista considera que el destino “ya es caro”, su incentivo para viajar disminuye, más aún si enfrenta opciones emergentes. Este factor interno se combina con una economía global más ajustada: gasto discrecional de los consumidores se reduce cuando hay inflación o incertidumbre.
2.2. Impactos de política migratoria y tensiones geopolíticas
El descenso de visitantes internacionales también se vincula a decisiones de política estadounidense sobre inmigración y comercio que han generado barreras —reales o percibidas— para turistas y trabajadores extranjeros. Un análisis de The Guardian reportó que la política migratoria bajo la administración del Donald Trump (y su clima político) ha contribuido a una caída del turismo en Las Vegas, especialmente de comunidades latinoamericanas y canadienses. The Guardian+1 La externalidad geopolítica aquí es clara: políticas nacionales impactan el flujo internacional de personas y, por ende, el turismo como servicio de exportación.
2.3. Modelo económico poco diversificado y vulnerabilidad estructural
El tercer gran factor es estructural: Las Vegas ha confiado de forma excesiva en un único cluster productivo —el turismo-juego-entretenimiento—. Por muchos años esa estrategia generó crecimiento robusto, pero demuestra ahora debilidad cuando ese sector sufre. Como lo señala un trabajador local citado por el L.A. Times: “cuando los visitantes bajan, el efecto se transmite a toda la ciudad”. Los Angeles Times Asimismo, la paralización de convenciones y la caída de ocupación hotelera muestran que ni siquiera segmentos premium escaparon de la debilidad. Fox Business+1
Desde la perspectiva del comercio internacional y de las finanzas regionales, ciudades-estado como Las Vegas requieren diversificación para mitigar el riesgo de ciclos externos adversos. No hacerlo implica que cada shock turístico sea también shock económico general.
3. ¿Qué significa para la economía global y qué estrategias de recuperación podrían emplearse?
3.1. Implicaciones para la economía estadounidense y mundial
Las Vegas constituye un indicador adelantado de cómo la coyuntura del consumo discrecional global puede impactar economías locales altamente dependientes del turismo. Un descenso pronunciado aquí sugiere que los consumidores internacionales o estadounidenses están recortando viajes y ocio por presiones inflacionarias o incertidumbre. Tal como señala Investopedia, la caída en visitantes “subraya el debilitamiento de la confianza del consumidor y su efecto cadena en el comercio mundial de servicios”. Investopedia
Además, en un mundo más competitivo, otros destinos turísticos emergentes podrían absorber parte del mercado antes dominado por Las Vegas, lo que modificaría flujos de capital, inversiones hoteleras y cadenas de suministro globales de turismo.
3.2. Estrategias de recuperación y diversificación
Para revertir la tendencia, Las Vegas debe actuar en dos frentes: recuperar competitividad de costos y diversificar su oferta productiva.
En costos: revisar tarifas de hospedaje (eliminación o reducción de resort-fees), flexibilizar precios de servicios auxiliares, fomentar paquetes orientados a segmentos de menor gasto. Informes locales señalan que muchos establecimientos ya están bajando tarifas (“we have dropped our rates to compete”). WBUR
En diversificación: aprovechar su infraestructura existente para atraer nuevos sectores, como producción audiovisual (un estudio cinematográfico anunciado en Nevada), tecnología de entretenimiento, esports, medicina de turismo o convenciones híbridas. AP News
3.3. Escenarios para el futuro cercano
Contrargumentos y refutación
“La caída del turismo es un ajuste natural tras los picos de 2023-2024; no indica crisis estructural.”
Es cierto que 2023-2024 marcó niveles excepcionales, pero la velocidad de caída (más de 10 % interanual) y su persistencia indican algo más que corrección. Además, cuando una ciudad cuya economía depende de turismo sufre más que una recesión promedio, la señal es de vulnerabilidad inherente, no únicamente cyclical.
“Las Vegas seguirá recibiendo turistas por su marca global y no necesita diversificarse tanto.”
La marca ayuda, pero no es suficiente en un entorno de presiones de costos crecientes, competencia internacional, cambio generacional en preferencias de viaje y factores geopoliticos. No tomar acción de diversificación deja a la ciudad más expuesta al próximo shock global.
Conclusión
Las Vegas está enfrentando una encrucijada. La caída del turismo en 2025 no es solo un episodio de coyuntura: revela que una ciudad que apostó al turismo masivo y al consumo discrecional sin diversificar su base productiva está mucho más vulnerable de lo que imaginaba.
Esta crisis turística actúa como espejo de las debilidades estructurales de la economía de Las Vegas y, por extensión, de cualquier región que dependa excesivamente de un solo sector orientado al mercado internacional. El reto no es simplemente volver a llenar habitaciones de hotel, sino reinventar el modelo productivo, adaptar los costos y aprovechar la infraestructura existente hacia nuevas industrias.
Para los residentes, para las empresas y para el comercio internacional, la pregunta clave es si Las Vegas puede transformarse de “capital mundial del entretenimiento” a una “plataforma global de experiencias, producción y servicios”. Si no lo hace, cada caída del turismo podría traducirse en una recesión urbana mayor. Y en un mundo más competitivo y volátil, la diversificación ya no es una opción: es una exigencia.
Ignacio Santillán Luna
15 Octubre 2025
Tras meses de tensiones arancelarias —incluyendo un paquetazo de 50 % impuestos estadounidenses sobre productos indios en represalia por las compras de crudo ruso de India—, ambas naciones han decidido retomar negociaciones comerciales Reuters . Las conversaciones, que fueron declaradas “positivas” por fuentes oficiales hindúes, representan una apuesta hacia desescalar un conflicto que amenaza con contagiarse en las cadenas globales Anadolu Ajansı. Mi postura es que aunque este reinicio no garantiza un arreglo inmediato, sí abre una ventana de oportunidad para reordenar las relaciones comerciales entre dos gigantes emergentes. El éxito dependerá de cuánto EE. UU. modere su exigencia arancelaria, cuánta flexibilidad muestre India sin comprometer su autonomía estratégica, y cómo ambos utilicen esta negociación para construir un modelo de cooperación más equilibrado frente a terceros poderes.
1. Tensión y ruptura: un historial difícil de reparar
Durante 2025, las maniobras arancelarias estadounidenses provocaron un choque severo en las relaciones. Trump impuso un 25 % de tarifas recíprocas que, posteriormente, elevó 25 % adicionales —llegando al 50 % total—, justificadas oficialmente por el argumento de que India mantenía vínculos energéticos con Rusia en el contexto de la guerra de Ucrania. Reuters documentó que las exportaciones indias al mercado estadounidense en agosto bajaron de $8,01 mil millones a $6,86 mil millones. Reuters
India reaccionó denunciando arbitrariedad y daño económico: su Consejo Económico Presidencial estimó que los aranceles podrían reducir su PIB en alrededor de 0,5 % solo en ese año. (Arab News) Arab News En respuesta, India adoptó medidas como el retiro temporal del servicio postal hacia EE. UU., con el fin de evitar complicaciones aduaneras, afectando a exportadores pequeños y remitentes de bienes menores. Posteriormente, reanudó esos servicios bajo un esquema DDP (import duties pagados por adelantado). (India Post / The Federal) The Federal
Ante este telón de fondo, el reinicio de negociaciones no solo busca retomar el diálogo, sino reconstruir confianza rota.
2. Claves para que las negociaciones tengan sustancia
2.1. Alivio arancelario como señal inicial de buena voluntad
Para que India confíe en el proceso, EE. UU. deberá mostrar disposición a moderar sus tarifas punitivas o incluso retirar la porción adicional del 25 % vinculada al petróleo ruso. Varios analistas indios consideran que sin esa concesión, los interlocutores hindúes no verán el interés de entrar en compromisos más profundos. (Times of India) The Times of India
2.2. Flexibilidad en sectores sensibles: agricultura, lácteos y energía
India será reticente a abrir mercados en sectores sensibles como su agricultura y productos lácteos. Un avance creíble requeriría concesiones equivalentes: inversiones estadounidenses en tecnología agrícola, cooperación sanitaria (SPS), acceso transparente a mercados, y salvaguardas para pequeños productores. Por otro lado, la oferta india de importar más crudo y gas de EE. UU.—siempre que los precios sean competitivos— podría integrarse como parte del paquete energético para mitigar el ruido de las tensiones. (Upstox) Upstox - Online Stock and Share Trading
2.3. Plazo, mecanismos de solución de conflicto y reglas claras
Los expertos han advertido que los acuerdos solo tienen valor si incluyen mecanismos robustos de arbitraje, soluciones rápidas de disputa y reglas claras de cumplimiento. India insistirá en literales de protección a su soberanía reguladora (por ejemplo, estándares ambientales, derechos a subsidios sociales, autonomía tecnológica). Sin eso, cualquier tratado corre el riesgo de quedarse en papel.
3. Implicaciones estratégicas más allá del comercio
3.1. Equilibrio geopolítico en Asia
India es un pilar clave de la estrategia estadounidense en Asia: como contrapeso frente a China, miembro del Quad, socio en defensa y tecnología. Lograr un entendimiento comercial fortalece esa alianza sin depender exclusivamente de incentivos militares. Pero si las negociaciones fracasan, India puede reequilibrarse aún más hacia China u otros bloques, tal como ha mostrado en algunos giros diplomáticos recientes (visita de Modi a China). (Reuters) Reuters
3.2. Estabilidad en cadenas globales
La disrupción arancelaria agravó el riesgo de que empresas internacionales reubiquen cadenas de suministro fuera de India o EE. UU. Si las negociaciones tienen éxito, podrían invertirse algunos movimientos de diversificación forzada. Si fallan, algunos inversionistas podrían optar por países con menores riesgos comerciales.
3.3. Señales para otros socios comerciales
Este episodio será observado con lupa por economías emergentes que tienen ambiciones de asociación con EE. UU. o con bloques asiáticos. La firmeza (o flexibilidad) que EE. UU. muestre definirá hasta qué punto puede condicionar términos comerciales sin erosionar su reputación como socio confiable.
Contrargumentos y refutaciones
“India no tiene incentivos para ceder: su estrategia de autonomía lo obliga a resistir presiones comerciales.”
Es cierto que India tiene una tradición de no alineamiento y autonomía estratégica. Sin embargo, su crecimiento industrial y tecnológico depende en parte del acceso a mercados, capital y tecnología. Un acuerdo bien calibrado que respete su soberanía y su industria puede ser atractivo. La clave está en que EE. UU. entienda que la relación no puede estar dominada por imposiciones unilaterales.
“EE. UU. tiene poca credibilidad comercial tras estas tarifas agresivas; India puede desconfiar de cualquier promesa.”
Esa es una posición válida: muchos analistas en India ya ven las tarifas como un antecedente negativo. Por ello, el gesto de reanudar negociaciones debe ir acompañado de acciones tangibles: exención inicial de ciertos bienes, plazos intermedios, transparencia, y pasos concretos para estabilizar la relación comercial antes de pedir compromisos drásticos.
Conclusión
La reanudación de negociaciones comerciales entre EE. UU. e India representa algo más que un intento de revertir aranceles: es un test de voluntad para reconstruir una relación estratégica deteriorada. En esta fase, las señales importan tanto como los textos. Si EE. UU. y la India actúan con pragmatismo, moderación y respeto mutuo, podrían emerger con un acuerdo que no solo restaure el comercio bilateral, sino que fortalezca una alianza crítica en el nuevo orden global.
Mi evaluación es que el resultado dependerá de la flexibilidad de EE. UU. para retractarse del arancelismo punitivo y de la habilidad india para preservar su identidad reguladora. El momento exige que ambos reconozcan que el comercio no puede ser arma de coerción permanente: debe ser puente de cooperación sostenible.
Ignacio Santillán Luna
12 Octubre 2025
En octubre de 2025, Estados Unidos pondrá en marcha una política arancelaria marítima muy ambiciosa: gravar con tarifas portuarias —tasas— a barcos construidos en China o vinculados de alguna manera con flotas chinas. La decisión forma parte de la estrategia de la administración Trump para revitalizar la industria naval estadounidense, contrarrestar lo que Washington percibe como dominio chino en la construcción y operación marítima global, y reforzar la seguridad económica nacional. Sin embargo, esta medida va más allá de un simple arancel: abre una tensión económica, política y geopolítica que puede tener efectos colaterales significativos en el comercio mundial, los precios al consumidor, la retórica diplomática y la estabilidad de cadenas de suministro.
Mi tesis es que aunque estas tasas pueden tener un efecto disuasivo y simbólico poderoso, sus costos operativos e inflacionarios serán reales, y su éxito dependerá de si EE. UU. logra equilibrar firmeza con reglas claras, excepción justificadas, y diálogo diplomático para evitar que el proteccionismo se convierta en aislamiento.
1. ¿Qué exactamente está contemplando EE. UU. con las tasas a barcos con vínculo chino?
1.1. Descripción de la política
A partir del 14 de octubre de 2025, los barcos propiedad u operados por entidades chinas, o construidos en China, pagarán tarifas portuarias al ingresar a puertos de EE. UU. Las tasas iniciales son de US$50 por tonelada neta para barcos operados por compañías chinas. Esta tarifa aumentará gradualmente hasta US$140 por tonelada en abril de 2028. WorldCargo News
Barcos construidos en China pero operados por entidades no chinas enfrentan tarifas menores: empezando en US$18 por tonelada neta o su equivalente por contenedor, ascendiendo también gradualmente hacia abril de 2028. WorldCargo News
Las tasas se aplicarán al primer puerto de escala en EE. UU., y estarán limitadas a un máximo de cinco llamadas por año por barco. WorldCargo News
1.2. Objetivos declarados del gobierno
Revitalizar la industria de construcción naval estadounidense, que ha perdido participación significativa frente a China. The Guardian
Reducir la dependencia de EE. UU. de embarcaciones extranjeras, tanto para cargamento comercial como para transporte marítimo estratégico. CNBC
Crear incentivos para que propietarios de flotas encarguen barcos fabricados en EE. UU. recurriendo a exenciones o reducciones si cumplen ciertos compromisos de pedido de barco estadounidense. CNBC
2. Implicaciones económicas, logísticas y de comercio internacional
2.1. Costos para transporte, importaciones y consumidores
Las tarifas incrementarán los costos operativos de navieras, especialmente las que operan muchas embarcaciones construidas en China o parte de flotas mixtas. Reuters estima que los 10 principales transportistas podrían enfrentar US$3.2 mil millones en costos adicionales. Reuters
Dichos costos posiblemente se trasladarán parcial o totalmente a precios finales de bienes importados, productos manufacturados, autos, componentes electrónicos, etc., elevando la inflación o al menos contribuyendo a presiones de precios. Medios como CNN han advertido que los consumidores estadounidenses sentirán el golpe. CNN
Logística portuaria, carga/descarga, rutas marítimas podrían verse afectadas: algunos barcos podrían evitar puertos específicos, reducir escalas o rediseñar rutas para minimizar pago de tasas. Esto puede generar retrasos, mayores tiempos de envío, baja eficiencia. WorldCargo News
2.2. Reacción diplomática, amenazas de represalia y riesgos de distorsión
China ya ha anunciado medidas recíprocas: tarifas portuarias a barcos estadounidenses o vinculados con EE. UU. Desde su Ministerio de Transporte, Beijing calificó la medida estadounidense como discriminatoria, contraria a normas de comercio internacional, y anunció que aplicará tasas similares a embarcaciones estadounidenses en puertos chinos. AP News
Este tipo de medidas tienen riesgo de escalar en una guerra comercial marítima: cada modificación arancelaria o tarifaria puede desencadenar una respuesta, lo que deteriora las relaciones comerciales y puede afectar también socios neutrales.
Además, la implementación práctica implica supervisión regulatoria estricta, jurisdicción de inspección de bandera, propiedad, origen de manufactura, etc., lo que añade complejidad y posibilidades de litigio ante organismos como la OMC.
2.3. Incentivos y desafíos para la industria americana
La medida puede generar mayor demanda interna por astilleros estadounidenses, lo que incentiva inversión, empleo local, innovación en construcción naval. Al mismo tiempo, el estímulo puede tardar: construir barcos grandes, cumplir estándares marítimos internacionales y asegurar competitividad tecnológica son tareas de mediano plazo.
Pero EE. UU. enfrenta desafíos internos: falta de capacidad de construcción naval suficiente, costos más elevados de mano de obra y materiales, regulaciones ambientales, burocracia, falta de subsidios comparables a los que recibe la industria china. Los expertos advierten que simplemente poner tarifas no basta si no se articula una política industrial integral. Financial Times
3. Geopolítica, seguridad y escenarios futuros
3.1. China vs EE. UU.: poder marítimo, influencia comercial y estrategia global
China ha usado su capacidad naval y marítima como parte de su estrategia de influencia global: barcos chinos dominan construcción naval, propiedad de flotas comerciales, control sobre rutas marítimas clave, puertos “amigos” o terminales portuarias asociadas. Esto da poder normativo, económico y diplomático.
EE. UU. intenta reposicionarse no solo como consumidor o destino final, sino como actor regulador del comercio marítimo internacional. Ser capaz de imponer tarifas por origen, propiedad y bandera es ejercer soberanía económica, lo que tiene implicaciones profundas de “quién decide las reglas del comercio mundial".
3.2. Posibles efectos en alianzas y cadenas globales
Países aliados o con relaciones comerciales fuertes con China podrían sentirse presionados: la medida podría obligarles a redefinir sus flotas, rutas de importación/exportación, participar en reglas comunes de tarifas marítimas, alinearse con EE. UU. o resistirse.
Sectores dependientes de tráfico marítimo (commodities, manufactura, alimentos, automotriz) pueden ver alterados los costos logísticos, lo que puede afectar su competitividad frente a empresas en otros bloques que no pactaron este tipo de tarifas.
3.3. Escenarios posibles
Contrargumentos y refutaciones
“Estos cargos serán demasiado costosos, dañarán al consumidor americano y a los importadores.”
Sí, parte de ese costo puede trasladarse. Pero si los ingresos generados se reinvierten en industria naval, infraestructura portuaria, innovación, podrían amortizarse. Además, ciertos bienes podrían quedar exentos (mercancía esencial, rutas específicas, barcos graneleros) para mitigar el impacto.
“EE. UU. no puede competir con China en escala ni costos, así que estas tarifas son solo simbólicas.”
Es verdad que China tiene ventaja de escala, subsidios estatales y costes laborales más bajos. Pero los aranceles pueden nivelar parcialmente el terreno, incentivar inversión doméstica, impulsar astilleros locales, y forzar alianzas con países que busquen diversificar proveedores y flotas. No será un retorno inmediato, pero puede ser parte de una estrategia de reconstrucción industrial.
“Estas medidas pueden violar normas internacionales de libre comercio / marítimas y causar litigios costosos.”
A ese riesgo se le suma que EE. UU. afirma estar actuando conforme a investigaciones bajo su ley (Section 301) que identificaron prácticas desleales y subsidios que distorsionan la competencia. Si actúa con base legal, transparencia y proporción, puede argumentarse que no se trata de proteccionismo arbitrario, sino de defensa de intereses comerciales nacionales. Las exenciones y períodos de gracia también mitigan riesgos legales.
Conclusión
La decisión de EE. UU. de aplicar tasas portuarias a barcos con vínculo chino no es una medida aislada ni meramente arancelaria: es parte de una estrategia integral para recuperar parte de la soberanía económica, reactivar industrias locales y recuperar posición estratégica en el comercio marítimo global.
Estas tarifas representan un punto de ruptura en la política comercial marítima. Si bien su impacto será costoso para algunos, el intento de corregir los desequilibrios estructurales derivados del dominio chino en construcción naval y flotas globales tiene sentido estratégico. El éxito dependerá, sin embargo, de la ejecución técnica, cuidado regulatorio, calibración de exenciones, y diálogo internacional para evitar una escalada desordenada.
En los próximos meses veremos si EE. UU. logra hacer de esto una palanca industrial real —con nuevos pedidos de barcos, astilleros activos, empleo naval— o si será recordado como otra medida simbólica más en la guerra comercial. De igual modo, China ya ha respondido con cargos reciprocos y advertencias, lo cual señala que el establecimiento de reglas del juego marítimo del siglo XXI será tan político como económico. El desafío para ambos será evitar que el costo se descargue en consumidores, sectores vulnerables e industrias intermedias. Es hora de que la política industrial se ponga al servicio no solo de la retórica geopolítica, sino de resultados sostenibles.
Ignacio Santillán Luna
09 Octubre 2025
En octubre de 2025, China fortaleció sus restricciones a la exportación de tierras raras y tecnologías relacionadas, apuntando especialmente a industrias de defensa, semiconductores y aquellos que utilizan imanes permanentes. Reuters Estas materias primas —aunque no “raras” en cantidad— requieren de cadenas de procesamiento complejas que China domina casi en su totalidad. cnbc La medida se presenta como parte de la estrategia de seguridad nacional, pero su impacto económico, comercial y geopolítico la convierte en una maniobra que pocos pueden ignorar. Mi tesis es que estas restricciones marcan un punto de inflexión en la competencia tecnológica global: permiten a China reforzar su ventaja competitiva y su poder de negociación, pero al mismo tiempo provocan reacciones de diversificación, ajustes en industrias dependientes y riesgos de escalada comercial, si no se gestionan con diplomacia y previsión.
1. China como monopolio estructural: poder crudo sobre la cadena de suministro
China controla entre 60-70 % de la extracción global de tierras raras y cerca del 90 % del procesamiento/refinamiento. Al Jazeera Esa dominancia le permite imponer licencias de exportación, regulaciones estrictas y vetos para ciertos usos o usuarios, como empresas extranjeras de defensa o fabricantes de semiconductores. Reuters
En abril de 2025, Pekín ya había impuesto medidas de licencia para siete elementos de tierras raras y para imanes permanentes, provocando caídas de exportaciones, demoras y costos elevados para industrias automotrices, electrónicas y de energía renovable. Al Jazeera Por ejemplo, según Wood Mackenzie, las exportaciones de imanes bajaron aproximadamente 51 % entre abril y comparado con marzo, lo que excede los patrones estacionales normales. Wood Mackenzie
Este poder estructural le otorga a China una capacidad de influencia que trasciende lo comercial: puede condicionar decisiones tecnológicas y de producción en otros países, especialmente en sectores sensibles al rendimiento de imanes o materiales magnéticos pesados.
2. Efectos inmediatos para la industria global: riesgo, precios y vulnerabilidades
2.1. Shock en cadenas productivas
Sectores como automotriz (vehículos eléctricos), semiconductores, defensa, energías limpias, electrónica de consumo, toda industria que requiera imanes de tierras raras o componentes magnéticos están entre los más afectados. Automotrices en Europa han reportado paros temporales al no poder acceder a ciertos imanes, según asociaciones como CLEPA. Deutsche Welle
Además, fabricantes de semiconductores enfrentan licencias más complicadas: algunos pedidos han sido rechazados si su uso está ligado a aplicaciones militares, o sometidos a revisiones caso por caso, lo que extiende los tiempos de espera. Reuters
2.2. Incremento de precios, inflación tecnológica y de competencia
Las restricciones han generado aumentos de precios sensibles. El procesamiento de ciertos elementos se encarece por la menor oferta legítima, las licencias demoradas y los costes de transporte/logística a medida que compradores buscan proveedores alternativos o modifican sus diseños para usar menos tierras raras. cnbc.com
Para las industrias que trabajan con producción just-in-time, cualquier interrupción de suministro se traduce en retrasos, lo que puede aumentar los costos operativos y erosionar competitividad internacional. Empresas europeas han advertido ya pérdidas de millones de euros por estas limitaciones. cnbc.com
3. Geopolítica, estrategia comercial y reacciones
3.1. China usa su ventaja como arma diplomática y de negociación
El anuncio de restricciones llega cuando se avecina una cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, lo que no parece casual. Reuters Las medidas pueden servir como moneda de cambio en negociaciones comerciales o diplomáticas: acceso limitado, concesiones o presiones indirectas.
China también ha exigido garantías en algunos casos; por ejemplo, a India se le pide asegurar que los imanes recibidos no serán reexportados a EE. UU. The Times of India Esto demuestra cómo Pekín controla no sólo la materia prima, sino también la cadena posterior de uso, incluso fuera de su territorio.
3.2. Respuestas de otros actores: diversificación y legislación estratégica
La Unión Europea, por medio del Parlamento Europeo, ya pidió medidas al bloque para responder al “posicionamiento cuasi-monopólico” de China, impulsar minería local, reciclaje, cadenas de suministro alternativas y ajustar leyes como la Critical Raw Materials Act (CRMA) para asegurar acceso sostenible a estos materiales. Parlamento Europeo
Empresas en Estados Unidos y Europa están explorando nuevas fuentes, desarrollando capacidad de refinamiento local, asociaciones con países ricos en reservas (Brasil, Australia, Vietnam) y fortaleciendo reciclaje. cnbc.com Pero esos procesos requieren inversiones grandes, tiempo, permisos ambientales y conocen barreras logísticas.
Contrargumentos y refutaciones
“Estas restricciones son temporales o simbólicas; las empresas ya están acostumbradas a negociar licencias y tienen inventarios.”
Aunque algunas compañías tienen almacenes o rutas alternativas, muchos no cuentan con stocks suficientes para cubrir interrupciones prolongadas. Además, los inventarios no sustituyen las capacidades tecnológicas ―por ejemplo, imanes con exactitudes magnéticas necesarias en defensa o semiconductores. Y, con regulaciones más estrictas, los permisos se vuelven un cuello de botella serio.
“China podría perjudicarse siendo demasiado restrictiva: los compradores exploran sustituirla, lo que erosionará su posición dominante a mediano plazo.”
Esto es cierto, y de hecho ya hay inversión creciente en minería fuera de China y refinado local. Pero esas alternativas tardan en madurar, y los costes para sustituir no son triviales. Además, el capital político, tecnológico y de infraestructura sigue favoreciendo a China, especialmente porque tiene escala, experiencia, redes de exportación e incentivos estatales que muchos otros países no tienen.
Conclusión
Las recientes restricciones de China sobre exportaciones de tierras raras no son simplemente una medida económica: son maniobras de poder estratégico. Reafirmaciones de soberanía, control sobre tecnologías críticas, y una respuesta clara a presiones comerciales externas.
China utiliza sus ventajas en tierras raras como palanca geoeconómica; esto le da influencia real, pero también impulsa una carrera global por diversificar cadenas de suministro, invertir en refinamiento y potenciar la resiliencia productiva fuera de su territorio.
En un mundo donde los autos eléctricos, los semiconductores, los radares militares y la energía renovable serán los protagonistas del crecimiento, quien domine las tierras raras domina buena parte del futuro tecnológico.
Para evitar bloqueos graves, los gobiernos dependientes deben:
Acelerar desarrollo de fuentes alternativas (investigar reservas locales, apoyar minería sustentable, refinamiento propio).
Impulsar reciclaje de materiales críticos para reducir vulnerabilidades estructurales.
Establecer alianzas estratégicas y diplomáticas para asegurar accesos favorables y contratos confiables.
Exigir transparencia en reglas de permisos y condiciones de exportación (por parte de China y otros países), para evitar arbitrariedades.
Si no, corren el riesgo de que la innovación y competitividad se detengan no por falta de talento, sino por ausencia de acceso a un recurso que, aunque esencial, ha estado históricamente centralizado. china lo ha entendido; el resto del mundo aún necesita ponerse al día.
Ignacio Santillán Luna
05 Octubre 2025
En la madrugada del 1 de octubre de 2025, Estados Unidos experimentó otro cierre parcial de su gobierno federal, producto de la imposibilidad del Congreso para aprobar la financiación necesaria. Este fenómeno, recurrente en la política estadounidense, tiene efectos más allá del sufrimiento inmediato de empleados federales: erosiona la credibilidad institucional, introduce incertidumbre financiera y pone en evidencia la fragilidad operativa del aparato del Estado. Desde la perspectiva de un analista de comercio internacional, sostengo que este cierre puede ser un detonador de consecuencias globales en mercados, finanzas y relaciones diplomáticas si se prolonga; y un golpe a la hegemonía del dólar como pilar del sistema económico mundial.
1. Impacto económico doméstico: freno temporal con costos acumulativos
1.1. Pérdidas en crecimiento, empleo y consumo
Analistas de Morgan Stanley estiman que cada semana de cierre resta cerca de 0,1 % al crecimiento del PIB anualizado, aunque históricamente estos efectos se “recuperan” tras el reinicio de operaciones. Morgan Stanley De manera similar, el cierre afecta los ingresos de los trabajadores federales —se calcula que unos 750,000 empleados se verán furloughed (suspendidos temporalmente) o trabajarán sin pago, lo que reduce directamente el consumo interno. TIME Un memo de la Casa Blanca advierte que una prolongación podría costar hasta US$15 mil millones por semana y generar 43,000 empleos perdidos adicionales. Politico
Además, los efectos en gasto gubernamental se suman: programas discrecionales, subvenciones estatales y oficinas administrativas se paralizan, lo que tensiona operaciones locales en estados que dependen fuertemente de fondos federales. ncsl.org
1.2. Datos suspendidos y mayor incertidumbre macro
Una consecuencia adicional crítica es la suspensión de la publicación de datos macroeconómicos clave: informes de empleo, inflación, consumo y actividad económica, que son esenciales para decisiones de empresas, bancos y organismos de política monetaria. Reuters En momentos en que la economía estadounidense muestra señales de desaceleración, esa “vacancia informativa” profundiza la incertidumbre y puede paralizar inversiones y decisiones estratégicas. ABC News
El CBO (Oficina de Presupuesto del Congreso) advierte que si el cierre se prolonga, los efectos acumulativos pueden dejar cicatrices permanentes: recortes en programas obligatorios, incumplimientos parciales o tensiones presupuestarias futuras. Cbo
2. Reacción de mercados y riesgos financieros internacionales
2.1. Resiliencia financiera… hasta cierto punto
En el corto plazo, los mercados han mostrado relativa calma: acciones siguen en niveles elevados, los inversores contemplan el cierre como un evento temporal, y se espera que el efecto macro se mitigue con la reapertura. SSGA señala que un shutdown breve “históricamente ha tenido un impacto limitado”, aunque advierte que la suspensión de datos puede elevar volatilidad. SSGA CBS News subraya que los tenedores de acciones han reaccionado con poco pánico hasta el momento. CBS News
Sin embargo, este cierre tiene una característica distinta: el gobierno inició maniobras para posibles despidos permanentes de empleados federales, lo que agrava el daño potencial y cambia la lógica del cierre pasajero a un ajuste estructural. Reuters
2.2. Credibilidad fiscal y riesgo de calificación soberana
Agencias calificadoras y organismos financieros ya han advertido que el cierre puede deteriorar la percepción de gobernabilidad y solvencia estadounidense. Scope, una agencia europea, señaló que la crisis política y presupuestaria afecta negativamente la calificación del país. Reuters Esta señal es relevante: si inversores comienzan a cuestionar la solvencia del Tesoro o la capacidad de Estados Unidos de mantener disciplina política, el costo de financiamiento podría subir, debilitando la posición del dólar como refugio seguro.
Asimismo, como Reuters reporta, la inacción prolongada podría comprometer la capacidad de EE. UU. para refinanciar deuda o emitir nuevos bonos en condiciones favorables. Reuters
2.3. Efectos globales y contagios emergentes
El cierre estadounidense retrasa decisiones críticas en comercio internacional, licitaciones, contratos con agencias federales, acuerdos bilaterales y programas de cooperación. Empresas globales que dependen de contratos con agencias federales enfrentan incertidumbre clara.
Además, economías emergentes que siguen al dólar como referencia enfrentan movimientos cambiarios. Por ejemplo, el rand sudafricano se debilitó ante la incertidumbre generada por el cierre. Reuters
Finalmente, la ausencia de estadísticas oficiales va aparejada a un vaciamiento informativo que afecta a organismos internacionales, bancos multilaterales, fondos de inversión y bancos centrales que monitorean el ciclo global.
3. Política, geoestrategia y debilitamiento institucional
3.1. El cierre como arma política
Este cierre no es accidentado: surge de un conflicto partidista entre Trump y el Congreso, centrado en los subsidios del Obamacare y recortes al gasto. The Washington Post Parte de la estrategia consiste en forzar concesiones políticas bajo la presión del paro gubernamental.
En el pasado, los shutdown fueron instrumentos simbólicos más que estructurales; este tiene indicios de querer ser más contundente: con amenazas de despidos permanentes, recortes amplios y cambio en expectativas para burocracia federal. Nature Si el cierre se extiende, podría alterar el balance entre poderes, socavar controles institucionales y cristalizar un precedente de que la crisis presupuestal puede resolverse mediante la paralización del Estado.
3.2. Soberanía monetaria bajo presión
El cierre debilita indirectamente la posición global del dólar. La hegemonía estadounidense como emisor de deuda segura depende no solo de tamaño económico, sino de confiabilidad institucional. Un país que no puede financiarse adecuadamente o operar su gobierno genera dudas sobre su credibilidad internacional.
En este sentido, actores como China, Rusia y algunos países emergentes aprovechan estos episodios para promover alternativas o cuestionar el dominio del dólar en sus propios bloques financieros.
3.3. Riesgo estratégico para alianzas y liderazgo global
Un gobierno en cierre no puede liderar agendas globales: negociaciones comerciales, diplomáticas o intervenciones internacionales se ven ralentizadas. Esto debilita la capacidad de EE. UU. para moldear marcos institucionales, liderar iniciativas globales (cambio climático, seguridad, comercio) o responder con agilidad a crisis externas.
En el contexto de una rivalidad global con China y renovado activismo ruso, estas fisuras internas pueden ser percibidas como signo de declive relativo, alentando aspiraciones de países que buscan desplazar la centralidad estadounidense en ciertos ámbitos.
Contrargumentos y refugios conocidos
“Los shutdowns de EE. UU. siempre han sido transitorios e inofensivos para la economía grande; no es el fin del mundo.”
Es cierto que muchos cierres pasados resultaron ser episodios cortos con efectos limitados sobre los mercados (como señala SSGA). SSGA Pero este cierre es diferente por la intención de despidos permanentes, la parálisis prolongada de agencias científicas y de salud y la falta de certidumbre institucional. Además, el contexto de desaceleración global y de presión sobre el dólar amplifica su riesgo.
“El gasto federal ‘ esencial ’ sigue operando (defensa, seguridad nacional), por lo que el país no se paraliza.”
Efectivamente, funciones esenciales quedan activas, pero la paralización de programas sociales, agencias reguladoras, agencias de salud, investigación científica, transporte y otros servicios no esenciales genera costos acumulativos, menor eficacia institucional y pérdida de confianza. La economía no depende únicamente de “lo esencial”.
Conclusión
El cierre del gobierno federal de EE. UU. en octubre de 2025 es más que una disputa presupuestaria episódica: es un síntoma de fragilidad institucional que amenaza la credibilidad económica del país, introduce incertidumbre global y pone en jaque la hegemonía del dólar. Las consecuencias inmediatas son evidentes: pérdida de crecimiento, suspensión de datos clave, parálisis de programas estatales, desempleo parcial y erosión de la confianza tanto interna como internacional.
Si el cierre se prolonga, los riesgos podrían escalar más allá de una mera interrupción: podrían causar cicatrices estructurales en inversiones, financiamiento soberano y percepción global de liderazgo.
Urge una salida negociada rápida; más allá del arreglo político, EE. UU. necesita restaurar certidumbre institucional. Reformas presupuestarias a mediano plazo, mecanismos para evitar crisis recurrentes y un fortalecimiento de los contrapesos institucionales serán fundamentales. Si la nación es incapaz de gobernarse a sí misma de forma estable, su rol como motor económico y pilar de un orden global basado en reglas podría verse seriamente socavado.
Ignacio Santillán Luna
23 Septiembre 2025
En septiembre de 2025, Donald Trump declaró que los Estados Unidos buscan recuperar el control de la base aérea de Bagram, hoy bajo control del Talibán, argumentando que su ubicación estratégica —cercana a la región china de Xinjiang— la convierte en un punto clave para contener la influencia de Pekín. Reuters
Este anuncio reaviva tensiones geopolíticas en Asia Central, plantea dudas sobre la política exterior sostenible de EE.UU. y los límites de la retórica estratégica frente a la realidad en terreno. Mi tesis es que, detrás del deseo de reactivar presencia militar, lo que realmente está en juego son los equilibrios económicos, el acceso a recursos minerales estratégicos, la seguridad nuclear, y la posición de liderazgo en la rivalidad con China. Si bien puede tener sentido estratégico, la recuperación de Bagram entraña riesgos altos, poca certeza de ejecución práctica y efectos secundarios que podrían costar mucho más de lo que aparentemente se gana.
1. Intereses estratégicos de Estados Unidos: ubicación, influencia militar y rivalidad con China
El argumento de Trump se apoya en la proximidad de Bagram con regiones clave de China. Según reportes de Reuters y The Guardian, Trump mencionó la ubicación cercana de la base respecto a “donde China produce sus armas nucleares” como motivo central para querer recuperarla. RadioFreeEurope/RadioLiberty
Poseer o controlar Bagram significaría para EE.UU. un punto de proyección militar, inteligencia y logística en el centro de Asia, útil para disuasión, vigilancia y como base de operaciones en caso de tensiones renovadas, no solo con China, sino también con actores como Rusia, Irán o grupos extremistas en Afganistán mismo.
Sin embargo, el Talibán, afirmaciones oficiales afganas y observadores advierten que la idea de reconquistar o retomar control militar completo podría equivaler a una “re-invasión”, con costos logísticos, militares y diplomáticos muy elevados. Reuters
2. China en Afganistán: inversión cautelosa, minerales y diplomacia pragmática
Paralelamente, China ha venido estableciendo una política de compromiso pragmático con Afganistán desde la retirada de EE.UU. en 2021. Un artículo del London School of Economics (LSE) describe la estrategia china como un enfoque de cinco puntos: aceptar de facto al gobierno del Talibán, prevenir que Afganistán se convierta en un santuario para extremistas que afecten a Xinjiang, involucrarse diplomáticamente, mostrar asistencia humanitaria y proyectar la narrativa de que Occidente abandonó sus responsabilidades. LSE Public Policy Review
En lo económico, China ha firmado contratos importantes con el Talibán para explotación de petróleo —por ejemplo, en la cuenca de Amu Darya con la empresa CAPEIC— y para desarrollo minero, incluyendo proyectos de litio y otros minerales estratégicos. Wilson Center
Pero estos compromisos vienen con cautela: muchos proyectos prosperan lentamente, enfrentan inseguridad, infraestructura deficiente y riesgo de sanciones internacionales, además de la necesidad de garantías políticas por parte del gobierno afgano para evitar que los activos queden inestables. Según Stimson Center, la inversión china ha sido menor de lo esperado ante esos obstáculos. Stimson Center
3. Riesgos, contradicciones y dilemas para EE.UU. y China
3.1. ¿Re-ocupación militar viable?
Retomar Bagram implica desafíos militares, diplomáticos y legales. El Talibán ha rechazado públicamente la idea de presencia militar estadounidense en Afganistán, afirmando que la soberanía afgana debe respetarse. Politico
Mantener una base militar operativa requiere inversión constante, relaciones estables con Kabul, acuerdos de seguridad, garantías contra ataques de grupos terroristas, y apoyo logístico y político de actores regionales. Además, hay riesgos de que esta presencia sea vista como agresiva por China o vecino países, provocando tensiones o escaladas.
3.2. Contradicciones entre discurso y realidad económica
Aunque EE.UU. argumenta protección estratégica, muchos de los beneficios podrían tardar en manifestarse y costar mucho. Fundamentos como el costo de reestablecer operaciones militares, asegurar la base, posibles daños reputacionales o diplomáticos, y el desgaste militar en entornos difíciles se suman a la incertidumbre.
Por otra parte, China ya ha avanzado en acuerdos económicos (minería, litio, petróleo) que implican acceso a recursos críticos para su cadena de producción tecnológica y energética. Si Estados Unidos no articula una estrategia clara, podría perder terreno en influencia económica frente a Pekín, que juega sobre la diplomacia de hechos consumados, contratos, inversión extranjera directa y credenciales como país que no exige condiciones democráticas para relacionarse (algo que, para Pekín, representa una ventaja en estas circunstancias).
3.3. Implicaciones geoeconómicas globales
El control militar (o intento) de EE.UU. de una base como Bagram sirve doble propósito: militar y simbólico. En un mundo donde la seguridad, el acceso a minerales críticos, y las rutas comerciales estratégicas (incluso antiguas rutas de Asia Central) se vuelven más valiosas, poseer infraestructura propia cerca de Asia occidental o fronteras chinas otorga ventaja no solo militar sino comercial: poder proyectar logística, vigilancia, protección de inversiones, influencia político-diplomática.
También la presencia china en Afganistán, aunque económica y diplomática más que militar, le da acceso a minerales (litio, cobre, hierro, etc.) que son esenciales para tecnologías limpias, baterías, vehículos eléctricos. El que estos proyectos avancen o se estanquen determina cuán rápido China puede consolidar su liderazgo tecnológico en el siglo XXI.
Contrargumentos y refutaciones
“EE.UU. no puede reestablecer presencia militar en Afganistán sin costos enormes: diplomáticos, militares y de imagen.”
Es verdad que los costos son elevados. Pero en política internacional muchas veces la percepción cuenta tanto como la realidad. Si Trump logra colocar la narrativa de que recuperar Bagram es esencial para contener amenazas chinas, podría ganar capital político interno y reforzar alianzas externas, aunque sea sin una presencia militar masiva. Además, el esfuerzo podría orientarse más hacia acuerdos logísticos, inteligencia, presencia mínima, drones o infraestructura dual (civil-militar) que bases tradicionales.
“China ya tiene de facto influencia económica en Afganistán; EE.UU. solo resucita fantasmas de la Guerra Fría.”
Aunque China ha avanzado, sus proyectos enfrentan obstáculos serios: inseguridad, falta de claridad legal, riesgo de sanciones, infraestructura pobre, dificultad para repatriar capital. EE.UU., con respaldo tecnológico y militar, podría ofrecer garantías o integraciones multilaterales que potencien sus relaciones en Asia Central, si logra articular correctamente su estrategia.
Conclusión
El interés de Donald Trump en recuperar la base de Bagram refleja que Afganistán vuelve a estar en el centro del ajedrez geopolítico. No como zona de batalla directa (al menos en teoría), sino como tablero estratégico donde se disputan influencia, seguridad, acceso a recursos y capacidad de disuasión frente a China.
Trump busca algo más que una base militar; lo que intenta es recuperar un punto de influencia clave, reconstituir una posición estratégica expuesta después de la retirada de EE.UU., y contener la expansión de China tanto militar como económica.
Perspectiva a futuro:
EE.UU. necesitará definir si su política será militar, diplomática o una combinación híbrida. Si apuesta todo al retorno militar, enfrentará costos elevados. Si apuesta a alianzas regionales, infraestructura, asistencia económica y diplomacia, su estrategia podría ser más sostenible.
China, por su parte, continuará consolidando sus inversiones y contratos en Afganistán, pero debe sortear obstáculos: gobernanza, sanciones internacionales, transparencia y seguridad. Su ventaja está en la paciencia estratégica, el capital disponible y la voluntad de operar sin las mismas exigencias ideológicas que Occidente.
Afganistán se convierte en un pivote más para Asia Central; la estabilidad allí ya no es solo un asunto de seguridad local o humanitario, sino de comercio global, de cadenas de suministro de minerales críticos, de rutas logísticas y de proyección de poder.
El desenlace dependerá de la habilidad de EE.UU. y China para negociar, de la voluntad del Talibán de ofrecer garantías mínimas, de la postura de países vecinos, y de cómo se articule la comunidad internacional para evitar que Afganistán sea nuevamente un escenario de confrontación abierta. En ese contexto, recuperar Bagram podría ser más simbólico que decisivo —la clave será qué se hace con ese símbolo, no solo poseerlo.
Ignacio Santillán Luna
16 Septiembre 2025
El próximo 1° de julio de 2026 se cumple el plazo para la revisión conjunta del Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA), una cláusula establecida al firmarlo en 2018 y que entró en vigor en 2020. En este contexto, el gobierno de los Estados Unidos inició un proceso para recabar comentarios públicos —ha abierto un período de 45 días para que empresas, sectores productivos, sindicatos y otros interesados expongan sus visiones, y ha programado una audiencia pública en noviembre. Supply Chain Dive
Desde la óptica de un analista en comercio internacional, este paso no es meramente formal: es una oportunidad clave para revaluar los equilibrios entre comercio libre, regulación, competitividad y seguridad económica. Mi tesis es que Estados Unidos, México y Canadá deben aprovechar este espacio para ajustar el USMCA de manera que se refuercen sus beneficios mutuos, mitigando los grados de tensión y minimizando los riesgos políticos y económicos de un pacto mal calibrado. De no hacerlo, corren el riesgo de que el tratado se convierta en fuente de conflictos internos y externos, más que en motor de integración.
Lo que está en juego: beneficios actuales y fallas reconocidas
Ventajas comprobadas:
Desde su entrada en vigor, el USMCA modernizó varios aspectos de la integración norteamericana heredados del NAFTA. Mejora en estándares laborales, mayor contenido regional para la industria automotriz, expansión de comercio digital, mejor acceso al mercado de ciertos productos agrícolas, reglas de propiedad intelectual más exigentes, etc. Investopedia
Por ejemplo, bajo el tratado se elevó el porcentaje de componentes automotrices que deben provenir de la región a un 75 % para obtener beneficios arancelarios, comparado con el 62.5 % del NAFTA. Investopedia Estas reglas buscan incentivar que la producción quede en Norteamérica, lo que en teoría fortalece las cadenas de suministro regionales y reduce dependencia externa.
Problemas identificados:
Pero no todo ha funcionado sin asperezas. Hay críticas sobre el costo que implican algunas disposiciones para productores que antes operaban con mayores márgenes al importar ciertos insumos externos, las dificultades para garantizar cumplimiento efectivo de normas laborales y ambientales (sobre todo en México), y preocupaciones sobre la cláusula de revisión / “sunset” que introduce incertidumbre a largo plazo. PIIE También existen tensiones respecto a la aplicación de aranceles bajo mecanismos aparte del USMCA, que han generado conflictos, al tiempo que sectores como automotriz enfrentan costos crecientes en cumplimiento de reglas de origen y salarios mínimos exigidos. NovaLink
En suma, aunque el USMCA ha fortalecido algunos marcos institucionales y modernizado ciertos capítulos del comercio regional, también dejó áreas flojas que podrían debilitar su sustentabilidad si no son corregidas.
El proceso de comentarios públicos: oportunidad y riesgo estratégico
El llamado que hace el Office of the U.S. Trade Representative (USTR) para comentarios públicos sobre todos los aspectos del tratado (operación, implementación, cumplimiento, la inversión, la seguridad económica, entre otros) constituye una fase esencial. United States Trade Representative
Oportunidad:
Permite que actores privados (empresas de distintos tamaños, sindicatos, organizaciones civiles) aporten evidencia empírica que muestre dónde USMCA funciona bien y dónde no.
Puede abrir espacio para ajustes puntuales: reglas de origen menos rígidas en ciertos casos, mecanismos de solución de controversias mejorados, mayores garantías de cumplimiento laboral ambiental, etc.
Facilita transparencia institucional: si el proceso es bien conducido, podría fortalecer confianza de los inversionistas, reducir percepciones de riesgo, y mejorar la estabilidad política-comercial en la región.
Riesgos si no se hace bien:
Si los comentarios se ignoran o se diseña la revisión como meramente retórica, se aumentaría la desconfianza.
Existe el peligro de que grupos con mayor capacidad de cabildeo impongan reglas que favorezcan sus intereses particulares, en detrimento del bien común o de sectores menos organizados.
También está el riesgo de que la dinámica política interna de EE.UU. (tarifas, tensiones diplomáticas, uso de medidas unilaterales) obstaculice lo pactado en USMCA y genere contradicciones que afecten a México y Canadá.
Escenarios futuros: ajustes posibles y consecuencias para México y Canadá
A partir del análisis de datos actuales, los comentarios recogidos y las posturas oficiales, se perfilan al menos tres escenarios distintos hacia julio de 2026:
Escenario A – Revisión moderada con ajustes técnicos
En este escenario, se corrigen fricciones puntuales: flexibilización en las reglas de origen automotrices para ciertos insumos, mejoras en la ejecución de los capítulos laborales y ambientales, mayor claridad en los criterios de cumplimiento y sanciones, transparencia en la aplicación de normas de seguridad económica. Esto podría fortalecer la integración, generar crecimiento más parejo, atraer inversión adicional, sobre todo en sectores sensibles como manufactura avanzada, semiconductores, biotecnología.
Escenario B – Tensiones crecientes y revisiones profundas inicializadas por EE.UU.
En este escenario, la administración de EE.UU. podría usar la revisión para imponer condiciones más duras en términos de contenido nacional, salarios mínimos, restricciones a inversiones extranjeras, o cláusulas dirigidas a contrarrestar lo que considera prácticas de comercio “injustas” fuera del ámbito USMCA (por ejemplo, productos chinos que ingresen indirectamente). Esto podría generar respuestas de México y Canadá, negociaciones difíciles, posiblemente retorsiones no tarifarias u obstáculos regulatorios. Las empresas podrían enfrentar incertidumbre, lo que podría enfriar inversiones.
Escenario C – Colapso parcial o ruptura de la cooperación trilateral
Aunque menos probable, este escenario implica que la falta de acuerdo, junto con tensiones comerciales (tarifas unilaterales, disputas, acciones legales en organismos multilaterales) lleven a que el USMCA se debilite, se apliquen más medidas bilaterales, litigios frecuentes. En este contexto, los beneficios del tratado se erosionarían, y podrían reproducirse dinámicas de guerra comercial que perjudiquen a los tres países pero particularmente a México y sectores exportadores dependientes del mercado norteamericano.
Contrargumentos y refutación
Contrargumento: “EE.UU. debe endurecer más las reglas de origen y los salarios exigidos para proteger empleos y evitar el dumping de importaciones baratas”.
Refutación: Sí, la protección interna es importante, pero reglas demasiado rígidas pueden disparar costos, reducir competitividad, desalentar inversión, y elevar precios para consumidores —incluyendo residentes de zonas transfronterizas. Un equilibrio es necesario: protejer sin cerrar, exigir sin paralizar.
Contrargumento: “El tratado actual incumple en muchas partes sus propios capítulos laborales y ambientales; por eso se necesitan sanciones más duras o cláusulas más agresivas”.
Refutación: Coincido en que hay problemas en implementación, pero la solución no es solo endurecer sanciones, sino asegurar capacidades institucionales (tribunales, inspectorías laborales, recursos, transparencia), cooperación trilateral para monitoreo, y mecanismos de resolución de conflictos que no degeneren en represalias comerciales que al final perjudiquen también a comunidades y trabajadores.
Contrargumento: “Los ajustes o revisiones puntuales no serán suficientes; el USMCA está estructurado para favorecer siempre a los intereses estadounidenses”.
Refutación: Es verdad que EE.UU. cuenta con mayor ventaja política, económica y regulatoria, pero México y Canadá han demostrado —y pueden demostrar— que tienen apalancamiento: el comercio entre los tres países es muy grande, las cadenas de suministro están interconectadas, la dependencia mutua en ciertos sectores (automotriz, agroindustrial, energía) es real. Negociar desde esa realidad puede permitir concesiones bilaterales o multilaterales que beneficien más equidad.
Conclusión
El proceso abierto por EE.UU. para recabar opiniones públicas previo a la revisión conjunta del USMCA en 2026 es una encrucijada crucial. No es solo un ejercicio técnico, sino una política estratégica que definirá si el tratado seguirá siendo un pilar de integración regional en Norteamérica, o si se convertirá en un foco de tensiones, incertidumbre y desequilibrios.
Para México y Canadá, la invitación es clara: participar activamente, articular visiones sectoriales (manufactura, agroindustria, servicios digitales, cadenas de valor), y crear coaliciones que promuevan una revisión que sea justa e incluyente —no dominada por grandes empresas o intereses locales de corto plazo. Para EE.UU., el reto es diseñar una revisión que fortalezca sus objetivos de competitividad y seguridad económica sin sacrificar relaciones comerciales estables ni provocar reacciones adversas que minen las ganancias comerciales.
Si se logra un Escenario tipo A, los tres países pueden salir fortalecidos: mayor inversión, mayor bienestar laboral y ambiental, crecimiento más distribuido. Si prevalece el Escenario B o C, los riesgos para México y Canadá serán especialmente fuertes: inestabilidad para la industria exportadora, vulnerabilidad frente a medidas unilaterales, y daño a la confianza regional.
Mi llamado es que el USMCA se revise con humildad institucional, visión estratégica compartida y un compromiso real con la equidad. Esa puede ser la diferencia entre un tratado obsoleto en tiempos de polarización global, y uno que funcione como motor de prosperidad regional.
Ignacio Santillán Luna
9 Septiembre 2025
La franja de Guayana Esequiba, un territorio en disputa desde hace más de un siglo entre Venezuela y Guyana, ha adquirido una renovada relevancia estratégica con los recientes descubrimientos petroleros. La principal protagonista: ExxonMobil, aliada con Hess y la china CNOOC, impulsa una producción estimada en más de 650 000 barriles diarios en la región del Stabroek Block, convirtiendo esta zona en una joya energética sudamericana. Mientras tanto, Estados Unidos ha asumido un rol activo, fortaleciendo la defensa de Guyana y apuntalando sus intereses geoestratégicos. Mi tesis es clara: la dinámica entre estos actores muestra una fricción compleja donde convergen comercio, seguridad y soberanía; y sin una solución diplomática, el riesgo de escalada regional amenaza no solo los precios energéticos sino la estabilidad institucional multilateral.
1. Guayana Esequiba: petróleo como factor de tensión internacional
Las reservas en disputa son colosales. Desde 2015, ExxonMobil ha impulsado 46 descubrimientos en aguas guyanesas, incluyendo Guayana Esequiba, estimándose 11 000 millones de barriles en el bloque Stabroek WikipediaLe Monde.fr. Para comparar, el volumen de reservas equivale a unos 880 mil millones de dólares de valor potencial Le Monde.fr.
Guyana ha emergido como uno de los países con mayor producción per cápita de petróleo del mundo, con una proyección de 650 000 bpd en 2025–2026 ReutersUniversity of NavarraWikipedia. Mientras tanto, Venezuela insiste en que esta zona es parte integrante de su territorio histórico, y ha realizado incursiones navales en aguas disputadas reclamando la aplicación del Acuerdo de Ginebra de 1966 como mecanismo de resolución VenezuelanalysisMichigan Journal of International LawWikipedia.
Recientes incidentes, como la entrada de una patrulla venezolana en la zona del bloque petrolero, fueron proclamadas por Guyana como una grave amenaza a su soberanía. Irfaan Ali respondió con protestas diplomáticas, movilización militar y apoyo internacional, incluyendo respaldo de EE. UU. y la OEA The GuardianAP News.
El factor petrolero convierte una disputa territorial latente en una crisis geoeconómica. ExxonMobil, con respaldo estadounidense, proyecta el floreciente interés energético de Washington en Guyana, mientras Caracas recurre a símbolos históricos y legales para sostener su reclamo, sin que ninguna solución definitiva esté a la vista.
2. EE. UU. y ExxonMobil: intereses estratégicos y despliegue de poder blando
Estados Unidos ha jugado un rol determinante. El Secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió que “un ataque a Guyana o ExxonMobil sería un muy mal día para Venezuela”, en un mensaje explícito de disuasión Reuters. Asimismo, el Departamento de Defensa ha fortalecido la cooperación naval con Guyana, incluyendo ejercicios conjuntos en aguas internacionales y zonas económicas exclusivas The GuardianWikipedia.
ExxonMobil, por su parte, reafirma un compromiso a largo plazo con Guyana: “No nos vamos a ir”, declaró, a pesar del aumento de tensiones AP News. No obstante, su presencia en Guyana despierta críticas. El contrato firmado en 2016 permite que la compañía recupere sus costos iniciales y reciba hasta el 80 % de los ingresos, pagando apenas el 2 % en regalías, según análisis de Le Monde Le Monde.fr. Adicionalmente, se han señalado conflictos de interés, con personal que ha pasado de agencias gubernamentales guyanesas a trabajos en Exxon, lo cual debilita la fiscalización ambiental y regulatoria Le Monde.fr.
EE. UU. procura asegurar su acceso a fuentes energéticas emergentes y minimizar riesgos de desestabilización en su “patio trasero regional”. ExxonMobil se ha convertido en una punta de lanza de esta estrategia, no solo por su capacidad técnica sino por el peso simbólico que representa. Al mismo tiempo, su trato preferencial en Guyana genera recelos legítimos sobre gobernanza y equidad.
3. Venezuela: legalidad histórica y política interna como respuesta geopolítica
Venezuela intensifica su reclamo sobre Guayana Esequiba apelando a la memoria colonial y al derecho constitucional. Nicolás Maduro impulsó un referendo consultivo en 2023 en el que un 95 % de votantes apoyó la anexión del territorio, cuestionando la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) WikipediaMichigan Journal of International Law. El mecanismo legal vigente —el proceso ante la CIJ iniciado por Guyana en 2018, y la emisión de medidas provisionales en 2023— frenó temporalmente el avance de la disputa Michigan Journal of International LawWikipedia.
Venezuela también creó una “zona estratégica de desarrollo” en la zona marítima en disputa y ha acusado a ExxonMobil de operar “ilegalmente”, solicitando una salida urgente de las empresas involucradas VenezuelanalysisSciELOAP NewsWikipedia.
El gobierno venezolano utiliza el reclamo como herramienta de cohesión política interna y reafirma su narrativa antiimperialista. Sin embargo, al carecer de capacidad militar efectiva y enfrentando sanciones económicas, su fuerza real en términos geoeconómicos es limitada. La CIJ y la diplomacia multilateral se perfilan como espacios más sostenibles para la resolución.
Contrargumentos y refutación
“ExxonMobil está simplemente cumpliendo un contrato legal con Guyana, no hay motivo para cuestionar su legitimidad.”
Los términos contractuales (bajo regalías mínimas y acceso preferencial), junto con la crítica sobre la captura institucional en Guyana, plantean cuestionamientos válidos sobre la equidad y la sostenibilidad del modelo energético Le Monde.fr. Es legítimo exigir mayor transparencia y control de impacto.
“Venezuela solo usa el tema para desviar atención de sus problemas internos.”
Si bien la administración de Maduro ciertamente aprovecha el tema para reforzar legitimidad interna, el reclamo tiene raíces históricas e invoca marcos legales como el Acuerdo de Ginebra y los procedimientos en la CIJ. Ignorar estos fundamentos deslegitima la vía jurídica multilateral Michigan Journal of International LawWikipedia.
Conclusión
El conflicto entre EE. UU., Venezuela, Guyana y ExxonMobil alrededor del Esequibo exhibe una confluencia delicada de intereses: recursos naturales, equilibrios geopolíticos y luchas por la legitimidad institucional.
Guyana, pequeñas instituciones pero con potencial energético desbordante, apuesta por atraer inversión y respaldo internacional.
ExxonMobil encarna la penetración transnacional con beneficios desparejos y cuestionables en términos regulatorios.
Estados Unidos ve en Guyana un aliado energético y geoestratégico, dispuesto a defender esa alianza con apoyo militar y diplomático.
Venezuela, con menor poder material, sostiene su reclamo en bases históricas y legales, que encuentra respaldo popular interno, pero espera que la CIJ provea una solución pacífica y definitiva.
La disputa en torno a Guayana Esequiba no es solo un conflicto territorial, sino un campo de batalla geoeconómico donde convergen energía, poder multinacional y soberanía regional. Sin una solución multilaterales aceptada, el endurecimiento de posiciones puede escalar en detrimento de la estabilidad hemisférica.
La única vía viable es el refuerzo del marco multilateral —CIJ incluido— para dirimir la controversia en términos jurídicos. Además, Guyana debe fortalecer su gobernanza ambiental y distributiva, mientras que ExxonMobil necesita alinearse con estándares de responsabilidad. Estados Unidos podría contribuir facilitando un diálogo inclusivo, evitando ambiciosas demostraciones de fuerza que reavivan tensiones, y reconociendo las reivindicaciones históricas de Venezuela sin militarizarlas.
Solo si la región avanza hacia un diálogo sincero y regulado, podrá evitar que la riqueza petrolera se convierta en un desencadenante de conflicto irreparable.
Ignacio Santillán Luna
7 Septiembre 2025
En un contexto de creciente reorganización global, los bloques BRICS+ y G7 representan polos distintos de poder económico. Mientras el G7 ha dominado durante décadas, los BRICS+ han emergido con fuerza demográfica, productiva y territorial. En mi análisis sostengo que, aunque los BRICS+ ya superan al G7 en ciertos indicadores, el bloque aún carece de cohesión y sofisticación institucional para desplazar el liderazgo occidental. El equilibrio del futuro dependerá de la capacidad de ambos grupos para aprovechar sus fortalezas y limitar sus debilidades.
Peso económico real: paridad de poder adquisitivo y demografía como variables clave
En términos de poder adquisitivo (PPP), los BRICS+ han superado al G7: representan cerca del 35 %–50 % del PIB mundial frente al 30 % del G7 El PaísWikipedia+1. Según The Globalist, su población alcanza entre el 40 % y el 45 % del total global, mientras que el G7 solo agrupa al 10 % The GlobalistWikipedia. Esto les otorga una cancha de recursos humanos y demanda interna mucho más amplia.
No obstante, en términos nominales, la ventaja se inclina hacia el G7, con un PIB combinado mayor (en torno de 45–50 billones USD) frente a los 30–32 billones de los BRICS CryptoRankWikipedia. Esta dualidad (nominal vs PPP) refleja que, aunque el BRICS+ tiene músculo de producción, el G7 conserva mayor poder financiero y de reserva.
El impulso demográfico y productivo de los BRICS+ es real y significativo, especialmente para el comercio de bienes y energía. Pero su menor dominio en finanzas internacionales y divisas limita su capacidad de influencia global, más allá de su producción industrial.
Capacidad institucional, innovación y sofisticación económica
Un análisis más profundo de los modelos económicos revela que el G7 posee una economía más diversificada y avanzada: mientras el índice de diversificación del G7 era de 1.87, el de BRICS+ llegaba a 2.64 cigionline.org. Esto favorece al primero en resiliencia, innovación y crecimiento a través de servicios digitales y manufacturas complejas.
Además, los BRICS+ enfrentan altos aranceles (6,9 % promedio), proteccionismo y regulaciones más restrictivas que frenan inversión extranjera, mientras el G7 opera con mayor apertura cigionline.org. Estas barreras reducen la competitividad interna y evidencian el riesgo de que el crecimiento de los BRICS+ dependa excesivamente de materias primas, sin transitar hacia industrias con mayor valor agregado.
El G7 mantiene una ventaja inherente en tecnología, capital humano y apertura económica. Si los BRICS+ no diversifican y liberalizan sus modelos económicos, difícilmente sostendrán su tasa de crecimiento a medio plazo.
Finanzas globales y cohesión política: el talón de Aquiles de los BRICS+
El G7 sigue liderando en sectores clave del sistema financiero internacional: participa mayoritariamente en mercados cambiarios, banca global, inversiones y reservas de valor OMFIFWikipediaEl País. En contraste, los BRICS+ avanzan lentamente en sus alternativas (Banco de Desarrollo del BRICS, Arreglo de Reservas y pagos en monedas locales), sin alcanzar aún un impacto equivalente El PaísOMFIF.
Por otro lado, la cohesión política del G7 es notable: una arquitectura respaldada por la OTAN, la UE y mecanismos de cooperación consolidada. Los BRICS+, en cambio, son extremadamente heterogéneos —democracias y regímenes autoritarios, con tensiones internas como India vs. China o Egipto vs. Etiopía— lo que limita su capacidad de acción conjunta �゙citeturn0news17turn0search3turn0search25.
Sin una arquitectura política compartida, los BRICS+ pueden parecer un bloque en ascenso, pero actuar más como un foro de intereses dispares que un actor geopolítico consolidado.
Contrargumentos y refutaciones
“El crecimiento del BRICS+ indicaría que se consolida un nuevo orden pluripolar”.
Aunque su peso productivo y demográfico es innegable, sin una cohesión institucional y financiera sólida, ese nuevo orden no se convierte en una fuerza capaz de reconfigurar el sistema global. La retórica de autonomía es fuerte, pero en los hechos la capacidad de acción coordinada y coherente es débil The GuardianEl País.
“El G7 está en decadencia y perderá relevancia rápidamente”.
Si bien sus cuotas en PPP han disminuido, el G7 sigue dominando mercados financieros, regulación global y tiene economías diversificadas. Con una cohesión fortalecida, puede adaptarse y mantener liderazgo aunque su preponderancia sea relativa The TimesOMFIF.
Conclusión
La confrontación BRICS+ vs G7 no es solo geopolítica, sino también un duelo entre volumen demográfico-industrial y sofisticación institucional-financiera. Los BRICS+ están creciendo, pero sin cohesión y estructuras funcionales comunes, seguirán siendo un polvareda de gran impacto simbólico, pero limitado en acción colectiva.
Mientras que el BRICS+ representa el cambio estructural del centro productivo global, el G7 conserva el control del sistema financiero, regulador y tecnológico que sostiene el poder económico real.
El G7 debe mantener su cohesión y adaptarse con innovación y diversificación. Los BRICS+, por su parte, deben consolidar su institucionalidad, avanzar en liberalización económica y coordinación política. Solo así podrían disputar de manera plena el escenario multilateral del siglo XXI.
Ignacio Santillán Luna
7 Septiembre 2025
La inteligencia artificial (IA) irrumpe en el tejido económico global con promesas de crecimiento, eficiencia y transformación de modelos productivos. Sin embargo, estas oportunidades vienen acompañadas de inquietudes legítimas: ¿desplazará masivamente trabajos? ¿incrementará la desigualdad? ¿cómo quedará el papel del talento humano en un mundo dominado por algoritmos? Como analista especializado en comercio internacional, ofrezco un análisis objetivo y crítico de estas preguntas, evaluando sus dimensiones económicas, geopolíticas y sociales.
La IA tiene potencial para impulsar productividad y crecimiento, pero sin políticas públicas robustas y equidad en la distribución de beneficios, puede exacerbar la precarización laboral y la desigualdad entre países.
Productividad con IA: ¿un salto real o una ilusión pasajera?
Muchos estudios señalan aumentos significativos en productividad vinculados a la adopción de IA, aunque su impacto macroeconómico sigue siendo modesto por ahora.
PwC reporta que en sectores altamente expuestos a la IA (finanzas, software), la productividad por empleado creció del 7 % (2018–2022) al 27 % (2018–2024), casi cuadruplicándose. Además, los empleos expuestos crecieron 38 % y los trabajadores con habilidades en IA obtienen una prima salarial promedio del 56 % PwCPwC.
El Barómetro Global de 2025 destaca que todos los sectores —incluso agricultura y minería— están adoptando IA y que las habilidades demandadas evolucionan un 66 % más rápido PwC.
No obstante, estudios como el de CEPR estiman que el impacto real de la IA en la productividad agregada es por ahora limitado: apenas entre 0,5–0,6 % cepr.org.
The Economist también alerta que el efecto en la economía estadounidense ha sido imperceptible hasta el momento, pese al auge de inversiones en IA economist.com.
PwC proyecta mejoras sustanciales desde el nivel micro, mientras que los análisis macroeconómicos y periodísticos recomiendan cautela: los efectos en productividad general todavía emergen.
La IA está demostrando su valor en ciertos nichos y perfiles especializados, pero su capacidad de transformación estructural depende de su difusión y de la implementación de políticas complementarias—no debe verse como una solución automática.
Mercado laboral: ¿destrucción o reconversión?
Aunque la automatización preocupa, diversos informes indican que la IA está generando empleo, aunque con efectos diferenciales por perfil y región.
El estudio de Goldman Sachs destaca que el desempleo entre jóvenes trabajadores tecnológicos (20–30 años) en EE.UU. subió casi 3 puntos porcentuales desde inicios de 2024, aunque estiman que solo el 6–7 % de la fuerza laboral podría ser desplazada en la próxima década, con un impacto máximo de 0,5 puntos en desempleo general Business Insider.
El Foro Económico Mundial (WEF) informa que el 41 % de las empresas globales planea reducir personal para 2030 por IA, aunque el 77 % también apuesta por la reconversión laboral CNN Español.
En el Reino Unido, el IPPR advierte sobre la desaparición de hasta 8 millones de empleos, especialmente en tareas rutinarias y sectores femeninos, mientras insta a políticas públicas para evitar una “apocalipsis laboral” The Guardian.
Hay un equilibrio entre visiones optimistas de creación de valor y advertencias sobre pérdidas masivas de empleo que podrían desestabilizar ciertas capas de la fuerza laboral.
La IA no extinguirá el empleo; lo transformará. El desafío es gestionar la transición social y laboral: reconversión profesional, protección de colectivos vulnerables y diseño de redes de seguridad laboral.
Geopolítica y desigualdad: el poder está en los datos
La dinámica de adopción de IA refuerza la ventaja tecnológica de los países con infraestructura avanzada, lo que puede incrementar brechas globales.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) sostiene que, sin reformas de productividad —donde la IA podría aportar hasta 0,8 puntos porcentuales de crecimiento global—, el crecimiento perderá ritmo hacia 2030 Reuters.
IDC estima que la IA generará 17,9 billones de euros en valor añadido global hasta 2030, llegando a representar el 3,5 % del PIB, con retorno económico estimado en 4,60 USD por cada dólar invertido El País.
Países con centros de datos, talento digital e innovación en IA capturarán el crecimiento; el Sur Global, sin esa infraestructura, podría quedarse atrás en una economía aún más fragmentada.
La soberanía digital y la inversión en capacidades digitales son estratégicas. No basta con recibir tecnología; es crucial generar, regular y adaptar la IA de forma local y equitativa.
Contrargumentos y refutación
La IA democratiza oportunidades, ya que amplía accesibilidad y reduce costos operativos.
Si bien democratiza procesos, sin mecanismos redistributivos (impuestos progresivos, reeducación subvencionada, protección social ampliada), la rentabilidad digital podría concentrarse en el capital tecnológico, reforzando desigualdades.
Conclusión
La IA puede ser un motor de productividad y crecimiento global solo si se acompaña con políticas inteligentes:
Formación continua: reconversión de competencias, educación en IA y enfoque transversal en todos los niveles del empleo.
Protección social activa: seguros de transición, subsidios salariales y empleo público contra shocks masivos.
Gobernanza digital internacional: estándares comunes, apoyo a países emergentes y cooperación para evitar monopolios tecnológicos.
La pregunta clave no es si la IA ganará, sino cómo podemos hacer para que el progreso transforme vidas y no las sustituya. El futuro del trabajo y del comercio global dependerá de esta respuesta.
Ignacio Santillán Luna
31 Agosto 2025
Este fin de agosto y principios de septiembre de 2025, China convocó en Tianjin a más de veinte líderes de Eurasia, entre los que destacan Vladímir Putin y Narendra Modi, en el marco de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). El cierre de la cita se realizará en una imponente parada militar en Pekín, que conmemorará el aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en Asia, exhibiendo una unidad simbólica del denominado Sur Global. Como analista de Comercio Internacional con profundo conocimiento de mercados y geopolítica, sostengo que Beijing no solo busca reafirmar su liderazgo regional, sino también articular una diplomacia económica alternativa al orden liberal occidental.
1. Una plataforma para redefinir el orden global y proyectar un bloque multipolar
La cumbre de la OCS en Tianjin simboliza el auge de un bloque no occidental que aspira a promover una gobernanza mundial más plural. Esta edición, descrita como la más importante desde los orígenes de la OCS en 2001, reunió a líderes de Rusia, India, Irán, Turquía, Asia Central y otros países observadores, como Egipto o Armenia —representando cerca del 42 % de la población mundial y una porción sustancial del PIB global— LA NACIONSWI swissinfo.ch. Medios como La Nación señalan que Beijing quiere proyectar una plataforma “antioccidental” capaz de estructurar parte del planeta de forma autónoma LA NACION, mientras que el Guardian subraya el propósito de construir una Eurasia unida frente a la hegemonía estadounidense The Guardian.
Este diseño multipolar contiene un claro componente económico: potenciar el comercio intra-OCS, consolidar infraestructuras logísticas alternativas (como la Ruta de la Seda), y reducir la dependencia de cadenas dominadas por Occidente. Es en este terreno donde el Sur Global encuentra una narrativa de desarrollo diversa, aunque aún sin muchas concreciones comerciales anunciadas.
2. Reconciliación China–India y profundización Sino–Rusa: realineamientos estratégicos con peso económico
El reencuentro entre Xi y Modi, después de siete años, supone una notable reducción de tensiones bilaterales. Tras el choque fronterizo de 2020, ambos líderes pactaron caminar hacia una relación basada en “confianza mutua, dignidad y sensibilidad” ReutersLA NACION. Reuters destaca que ya hay señales concretas: reanudación de vuelos directos, levantamiento de restricciones a bienes estratégicos chinos y facilitación de visados Reuters. Este preludio comercial es significativo: India afronta aranceles del 50 % impuestos por EE.UU. como represalia por sus compras de petróleo ruso, lo que la impulsa a diversificar sus socios económicos LA NACIONReuters.
Al mismo tiempo, la alianza China–Rusia se afianza. Putin, rodeado de su delegación, participó activamente en los encuentros bilaterales, incluyendo el intercambio de sus últimos diálogos con Trump infobaeThe Times of India. China guarda cierto equilibrio diplomático, difiriendo de los excesos verbales de Putin –omitidos de su versión oficial– para proteger sus intereses en la UE The Times.
Económicamente, estos giros son trascendentes. India emerge como mercado masivo de consumo e instalación industrial; su rapprochement con China abre espacio a inversiones conjuntas, conectividad y cadenas regionales que desafían el paradigma Indo-Pacífico liderado por EE.UU.
3. Desfile militar como narrativa económica y diplomática: poder blando con musculatura dura
El desfile militar en la plaza de Tiananmén, con miles de tropas, tecnología avanzada y la asistencia de figuras como Kim Jong-un, Putin y otros mandatarios, es mucho más que una ceremonia: es el telón simbólico de una propuesta geoestratégica con visos de control económico. El País la califica como “la mayor exhibición militar china de los últimos años” El País.
Este evento visual responde a dos propósitos comerciales y diplomáticos: primero, afirmar que China puede garantizar seguridad regional, un requisito clave para la inversión y las infraestructuras; segundo, exhibir unidad entre regímenes que, aunque diversos en su naturaleza, comparten una retórica anticapitalista occidental. La presencia de Kim Jong-un marca un acercamiento Pyongyang–Pekín que tiene en la reconstrucción económica regional un motor estratégico.
Contrastes y análisis crítico
Fuentes como DW o The Economist —aunque todavía sin reportajes relevantes en este momento— probablemente enfatizarán que, pese a su retórica antioccidental, la OCS no ha articulado todavía mecanismos sólidos de integración financiera (por ejemplo, una moneda común o un sistema de pagos alternativo) —como los BRICS han explorado en otro foroWikipedia. La pregunta es si esta cumbre podrá dar un paso más allá de la exhibición simbólica y avanzar hacia la arquitectura económica real.
Un posible argumento en contra: si China se presenta como líder del bloque, ¿no corre el riesgo de replicar el orden unipolar en otro polo? Aquí el análisis debe distinguir entre liderazgo y hegemonía. Por cuanto hasta ahora, la OCS muestra una concepción más difusa, basada en “cooperación entre iguales”, al menos retóricamente SWI swissinfo.ch. Sin embargo, China deberá manejar con cuidado el equilibrio con actores como India, que —a pesar del acercamiento— mantiene estrechos vínculos con Occidente.
Conclusión
La cumbre de Tianjin, con Xi recibiendo a Putin, Modi y líderes euroasiáticos, seguida del grandioso desfile por la victoria en la Segunda Guerra Mundial, representa un movimiento estratégico de China para instaurar una narrativa del Sur Global donde el peso económico, político y militar se balancee con la hegemonía occidental. Este bloque en formación —una alianza que abraza el multipolarismo— inaugura potenciales rutas de comercio, inversión y desarrollo diversificado.
China no solo exhibe poder, sino que construye —con cautela y simbología— una alternativa en Eurasia destinada a traducirse, si lo respalda con infraestructura financiera y acuerdos concretos, en una verdadera plataforma comercial no occidental.
Para consolidar este nuevo eje, será clave que la OCS desarrolle mecanismos efectivos de integración económica—por ejemplo, sistemas de pagos alternativos, inversiones conjuntas en tecnología, y cadenas logísticas regionales—sin imitar los modelos coloniales occidentales. Solo así la diplomacia del desfile podrá convertirse en una diplomacia del desarrollo.
Ignacio Santillán Luna
31 Agosto 2025
La guerra entre Rusia y Ucrania continúa sin una resolución a la vista. Las conversaciones de paz avanzan lentamente, marcadas por diferencias irreductibles sobre territorios, seguridad y soberanía. Sin embargo, las consecuencias económicas y geopolíticas del conflicto demandan una solución viable. Mi tesis es clara: alcanzar una paz sostenible requiere conjugar incentivos económicos creíbles, garantías de seguridad sólidas y un marco legal internacional claro. Solo así se podrá evitar una paz frágil que refuerce el autoritarismo y desmorone el orden liberal global.
1. Incentivos económicos como palanca para la paz
Una salida negociada debería incorporar incentivos económicos sustantivos que actúen como catalizadores. Según Wood Mackenzie, un eventual acuerdo podría facilitar el regreso parcial del gas ruso a Europa, ayudando a estabilizar precios energéticos y aliviar la inflación global woodmac.com. Además, Focus-Economics señala una propuesta muy concreta: Estados Unidos podría asegurar participación en los recursos minerales estratégicos de Ucrania (tierras raras, petróleo y gas) como contraprestación por apoyo militar y financiero FocusEconomics.
Estos mecanismos no solo son vitales para la reconstrucción de Ucrania y su integración económica, sino que también elevan el costo de prolongar el conflicto. A su vez, generan una desincentivación del expansionismo ruso al vincular beneficios concretos a un acuerdo negociado.
2. Seguridad y garantías: el núcleo de la negociación
El apartado económico no basta si no lo acompaña un andamiaje firme de seguridad. Ucrania ha planteado su "Fórmula de Paz", un plan de 10 puntos que incluye retirada de las tropas rusas, restitución territorial previa a 2014, garantías de seguridad y la creación de un tribunal internacional para crímenes de guerra WikipediaWikipedia.
Por su parte, Rusia exige reconocimiento de anexiones territoriales, neutralidad permanente de Ucrania, y limitaciones militares, condiciones que Ucrania rechaza como rendición inaceptable ReutersCouncil on Foreign Relations. La Reuters subraya que estas demandas rusas siguen siendo inamovibles y condicionan los diálogos Reuters+1.
El canciller alemán Merz aclaró: “la paz no puede lograrse a costa de Ucrania” AP News. Mientras tanto, el Washington Post plantea que una salida intermedia podría reflejarse en garantías de seguridad inmediatas —como zonas de exclusión aérea, armamento defensivo o medidas conjuntas— más que en acuerdos formales tardíos The Washington Post.
Así, la clave está en construir un sistema de seguridad creíble: apoyo militar sostenido, presencia multilateral, y compromisos jurídicos que no sacrifiquen la integridad del país invadido.
3. Respeto al marco legal internacional y a la disuasión futura
Un acuerdo apresurado que legitime conquistas territoriales erosionaría normas fundamentales del derecho internacional, particularmente el principio de integridad territorial consagrado en la Carta de la ONU Lieber Institute West PointReal Instituto Elcano. El Instituto de Política Internacional advierte que tal contrato sería peligroso, no solo para Ucrania, sino para la estabilidad global ip-quarterly.com.
Reconocer avances de facto mediante tratados ambiguos pone en riesgo la disuasión y sienta precedentes para futuras agresiones. Según el CFR, las posturas rusas no han variado, y cualquier acuerdo parcial deberá evitar normalizar anexiones forzadas Council on Foreign RelationsReuters. Un corte definitivo solo será legítimo si restablece normativas conscientes de ese ambiente internacional comprometido.
Contrargumentos y refutaciones
“La guerra es demasiado costosa, por lo que Ucrania debería ceder territorio y aceptar neutralidad”. Respuesta: Tal concesión sería autopunitiva y socavaría el orden liberal global, tal como enfatiza el rechazo de Merz y múltiples análisis críticos AP Newsip-quarterly.com.
“Rusia no cederá, por lo que pasar al diálogo de seguridad gradual sería insuficiente.” A esta crítica, se responde con propuestas concretas de fortalecimiento defensivo bajo mandato multilateral (como el modelo que sugiere el Washington Post) The Washington Post, y con incentivos económicos que cambien el cálculo estratégico ruso.
Conclusión
La búsqueda de paz en Ucrania requiere una sinergia inteligente entre economía, seguridad y legalidad internacional. Mi tesis refuerza la necesidad de:
Incentivos económicos significativos, como inversiones estratégicas y acceso a recursos naturales, que promuevan la reconstrucción y la cooperación.
Garantías de seguridad robustas, mediante apoyo militar duradero, estructuras multilaterales y mecanismos jurídicos que protejan a Ucrania sin legitimar agresiones.
Respeto al derecho internacional, aprobando solo soluciones que refuercen la paz normativa y no penalicen el sistema global basado en reglas.
Solo con este enfoque multidisciplinario se puede aspirar a una paz que no solo detenga la guerra, sino que siente bases sólidas para un orden mundial más justo y estable. El desafío es monumental, pero dejar en pie el riesgo de una paz transaccional —conquistada en la mesa— equivaldría a rendirle homenaje al conflicto. Es hora de evitarlo.
Ignacio Santillán Luna
31 Agosto 2025
Durante agosto de 2025, Estados Unidos ejecutó un despliegue militar significativo en las aguas del Caribe, en las cercanías de Venezuela. Tres destructores –USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Sampson– un crucero lanzamisiles, un submarino nuclear, una fuerza anfibia con más de 4 000 marines, y aviones de patrulla P-8 Poseidon, conformaron una flota con capacidad ofensiva avanzada Reuterseuronews+1. La administración Trump, en campaña militar contra el narcotráfico, calificó al régimen venezolano como un cartel de narcoterror y ofreció una recompensa de 50 millones de dólares por Nicolás Maduro The GuardianeuronewsWikipedia. Cabe preguntarse: ¿es solo una operación antinarcóticos o un instrumento geoeconómico con implicaciones globales?
1. Proyección del poder económico y control sobre corredores estratégicos
Desde una perspectiva de Comercio Internacional y geopolítica, este despliegue no solo busca disuadir el narcotráfico, sino también demostrar control sobre rutas marítimas cruciales. El posicionamiento en el Caribe, lejos de las principales rutas pacíficas de drogas, sugiere una doble lectura: presión sobre Caracas y reafirmación de presencia en el Golfo –vital para el comercio de hidrocarburos y minerales– ReutersThe Economic Timeseuronews.
Mientras medios como Reuters subrayan que el corredor del Pacífico continúa siendo predominante para el flujo de drogas, cuestionando la justificación oficial Reuters, The Economist y BBC Mundo apuntarían a interpretaciones más sofisticadas sobre la intersección entre sanciones, comercio petrolero y diplomacia coercitiva.
La presencia naval puede convertirse en un factor de presión que incentiva concesiones económicas por parte del régimen. Apelar al discurso antinarcóticos es políticamente viable, pero desde lo comercial, el trasfondo puede ser asegurar acceso o recuperar influencia sobre recursos que Washington necesita.
2. Estrategia psicotáctica para deslegitimar y fragmentar el régimen
El despliegue no busca una invasión convencional, sino erosionar la estructura de poder de Maduro. La recompensa de 50 millones y la designación del “Cártel de los Soles” como organización terrorista apuntan a minar la cohesión interna del chavismo The GuardianWikipediaescudodigital.com.
El País advierte que esta movilidad militar, sin una estrategia democrática clara, beneficia al autoritarismo El País. Por su parte, EscudoDigital interpreta esta movida como un intento de inducir fracturas dentro del círculo militar mediante incertidumbre y desconfianza escudodigital.com.
Si bien la estrategia puede debilitar a la cúpula chavista, también corre el riesgo de reforzar el nacionalismo dentro del régimen. El alistamiento de 4,5 millones de milicianos y patrullajes nacionales responden a este impulso defensivo La Repúblicainfobae.
3. Repercusiones regionales y respuestas diplomáticas
Desde la óptica regional, el despliegue generó reacciones dispares: México y Colombia lo rechazaron, rechazando la narrativa sobre narco-vinculación sin evidencia contundente, y advirtiendo sobre los riesgos de convertir a Venezuela en una nueva Siria Abya Yala Soberana. Venezuela acudió a la ONU invocando la “zona de paz” declarada en 2014 euronews. Internamente Maduro calificó la acción como “inmoral, criminal e ilegal” y emprendió un énfasis propagandístico que refuerza su narrativa anticolonial GestiónEl EconomistaLa República.
En el campo del comercio, esta militarización puede tensionar las economías regionales. El gran flujo de exportaciones venezolanas (petróleo, minerales), así como las importaciones que atraviesan el Caribe para otras naciones, podrían verse afectadas ante un clima de inestabilidad. Los socios comerciales, desde México hasta Brasil, enfrentan el dilema de balancear condena política con pragmatismo económico.
Contrargumentos y refutación
“Es una operación legítima contra el narcotráfico, sin afanes políticos”. Frente a esto, la evidencia muestra que la zona desplegada no corresponde a las rutas principales, y el énfasis en un discurso antinarcóticos parece instrumentalizado para una presión geopolítica más amplia ReutersThe Economic Timeseuronews.
“Podría impulsar el cambio político al debilitar el régimen”. Sin embargo, sin un plan post-Maduro o una estrategia clara de reconstrucción democrática, esta presión podría reforzar el autoritarismo mediante una narrativa de defensa contra el imperialismo El Paísescudodigital.com.
Conclusión
Este despliegue militar estadounidense en el Caribe, en apariencia una operación antinarcóticos, tiene profundas implicaciones geoeconómicas, simbólicas y estratégicas. Refleja un enfoque de “diplomacia coercitiva” (gunboat diplomacy) para ejercer influencia sobre recursos clave y estimular fracturas internas en el régimen chavista, con cierto respaldo en sectores regionales. No obstante, la carencia de una estrategia política de transición y los riesgos de fortalecer discursos autoritarios exigen cautela.
El despliegue es una herramienta multifacética: militar, comunicacional y económica. Su efectividad final dependerá de cómo se conjuguen la presión externa con soluciones internas viables.
Para evitar una escalada política o militar, haría falta una estrategia multilateral que combine sanciones inteligentes, canales diplomáticos reforzados, y un enfoque de desarrollo económico sostenible en la región. Solo así podrá evitarse que una jugada geopolítica se convierta en un conflicto regional o un nuevo contratiempo económico.
Ignacio Santillán Luna
29 Julio 2025
El 27 de julio de 2025, Estados Unidos y la Unión Europea cerraron un ambicioso acuerdo comercial que busca poner fin a meses de tensiones por amenazas arancelarias. El pacto estipula un arancel fijo del 15 % sobre la mayoría de las exportaciones europeas a EE.UU., una reducción respecto al 30 % que el inquilino de la Casa Blanca había anunciado, aunque muy por encima del 10 % que la UE pretendía El País+15Business Insider+15Cadena SER+15. A cambio, Bruselas se compromete a comprar USD 750 000 millones en energía estadounidense y a invertir USD 600 000 millones en EE.UU. en los próximos años, además de adquirir armamento por una cifra aún no determinada The Times+8Business Insider+8Cadena SER+8.
Como experto en comercio internacional y mercados globales, presento aquí un análisis crítico y estructurado sobre las implicaciones económicas y geopolíticas de este acuerdo, integrado desde perspectivas comerciales, económicas, estratégicas y políticas.
Un cambio de paradigma comercial: lógica y limitaciones
El acuerdo impone un arancel del 15 % que, si bien evita una escalada, sigue perjudicando sectores clave europeos.
Entre los sectores más afectados se encuentran automóviles (antes gravados al 27,5 %), semiconductores y farmacéuticas, todos ahora sujetos al arancel estándar del 15 % El País+2euronews+2TradingView+2.
Mientras Donald Trump lo calificó como el “mayor acuerdo jamás realizado” euronews+4Europa Press+4El País+4, desde Europa se interpretó como una ceder demasiado pronto ante presiones unilaterales.
Instituciones europeas influyentes como la CEOE en España han expresado su "máxima preocupación", argumentando que este pacto quiebra principios de libre comercio, fragmenta mercados y perjudica la competitividad europea El País+1Al Jazeera+1.
Este marco arancelario supone un incremento nominal del 10 % al 15 % promedio (frente al 4.8 % previo), lo cual representa una presión real sobre los exportadores, aunque evita el escenario más adverso del 30 % euronews.
Contraprestaciones imaginarias: ¿realismo o ficción estratégica?
Los compromisos de inversión y compra energética suenan impresionantes en el papel, pero su ejecución presenta serias barreras prácticas.
La UE se comprometió a adquirir USD 750 000 millones en energía estadounidense (gas natural licuado, petróleo, tecnología nuclear) y a invertir USD 600 000 millones adicionales en EE.UU. El País+11Europa Press+11Cadena SER+11.
Sin embargo, analistas europeos manifiestan que este objetivo sería inviable: implicaría triplicar el volumen actual y requeriría una infraestructura que no puede construirse en los próximos tres años El País.
Desde EE.UU., el Secretario del Tesoro Scott Bessent advirtió que las tarifas del 15 % podrían cambiar si la UE no cumple con sus compromisos, estableciendo una cláusula de cumplimiento indirecto The Wall Street Journal.
Por tanto, aunque el acuerdo se describe como un “triunfo” comercial, gran parte de sus beneficios dependen de decisiones empresariales, no gubernamentales, lo que vuelve el pacto endeble ante posibles incumplimientos.
Geopolítica transatlántica: estabilidad frente a pérdida de autonomía
El acuerdo ofrece estabilidad temporal, pero refuerza dependencias sectoriales y debilita la autonomía estratégica europea.
Según la Comisión Europea, el pacto aporta "certeza en tiempos turbulentos", apuntalando las empresas ante incertidumbres crecientes ElHuffPost+4Europa Press+4fashionunited.mx+4.
No obstante, el acuerdo no contempla reciprocidad arancelaria significativa: EE.UU. mantiene aranceles del 50 % sobre acero y aluminio y no ha comprometido reducciones similares en otros sectores Business InsiderEuropa PressEl País.
Observadores europeos denuncian que la UE ha renunciado a herramientas de defensa como represalias arancelarias o coaliciones regionales para mejorar su posición negociadora consilium.europa.euThe Times.
En consecuencia, el acuerdo refuerza la cardinalidad de EE.UU. como socio dominante y puede instaurar una nueva dependencia en energía, inversión y armamento, lo cual choca con los objetivos europeos de diversificación y autonomía estratégica.
Contrargumentos y refutación
Se trata de un mal menor: el acuerdo evita una guerra comercial del 30 % y estabiliza mercados.
Si bien evita lo peor, el pacto impone un arancel aún elevado, genera obligaciones poco realistas y sacrifica autonomía europea. Alternativas como diversificar socios (Mercosur, Asia) o fortalecer la retórica de represalias podrían haber construido una posición más equilibrada sin ceder tanto.
Conclusión y escenarios futuros
El nuevo acuerdo transatlántico refleja una Europa que, frente a una amenaza unilateral de aranceles punitivos, ha optado por negociar certidumbre a cambio de soberanía. Si bien evita un golpe inmediato a industrias clave, deja un marco asimétrico en el que EE.UU. sale claramente fortalecido.
En el mediano plazo, Europa debe:
Evaluar la viabilidad operativa de sus compromisos energéticos y financieros.
Exigir mecanismos que garanticen cumplimiento efectivo (no solo promesas políticas).
Diversificar alianzas comerciales para contrarrestar su dependiencia de EE.UU.
Reforzar el multilateralismo como eje de su estrategia comercial.
Este pacto podría ser un punto de partida hacia un nuevo equilibrio comercial transatlántico, pero sin condiciones equitativas y mecanismos creíbles, corre el riesgo de convertirse en un lastre estratégico para la UE. La reflexión final invita a Europa a revalidar su autonomía y actuar con una diplomacia comercial más firme y soberana.